Blog MariaG

06/03/2013

MariaG: Sexo en estado puro

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 3:36 pm

28/02/2013

Ahora más fácil

Filed under: Novedades — MaríaG @ 8:53 pm

Una primicia, que supone un pequeño regalo, casi simbólico, después de años. 

En los últimos dos meses, he negociado mejores condiciones en el apartamento donde os recibo, que ya no es el que muchos conocíais, aunque está muy muy próximo.

Esto supone, que cuando quedemos en mi apartamento, la tarifa de éste pasa de 30 euros a 20 la hora, lo cual deja inalterado el precio de 130 más apartamento, pero pone el total en 150 cuando nos veamos allí

En desplazamientos, el alojamiento en hotel o apartamento será por vuestra cuenta, y mi tarifa, incluyendo domicilios, continuará siendo de 160 euros la hora.

Horas sucesivas, 100 euros sin añadidos tanto en el apartamento de referencia como en desplazamientos. (por lo tanto 260 en total por dos horas)

Maríag no sube su tarifa, que en años ha quedado inalterada (al contrario que el coste de la vida)

Pero un pequeño guiño a costa de los gastos ajenos a mis servicios espero que os agrade.

Besos

21/02/2013

Cortilandia: La emoción de ir de compras

Filed under: La realidad siempre supera la ficción — MaríaG @ 12:07 pm

El morbo radica en ello: puedes ser visto.
En los días previos al establecido, fui quedando con los caballeros a diferentes horas y en distintos puntos del Corte Inglés. No pretendíamos llamar la atención sino tener sexo en cadena en un lugar público. La misión organizativa no fue muy compleja, sólo reubicaciones de última hora por imprevistos.
Me vestí pensando en ello: Una camisa un poco larga, unas medias por mitad del muslo, un abrigo que no me descubriera y discreta, muy discreta.
Ya estaba en el sitio concertado cuando leí un mensaje del primero de los participantes. Lo malo fue que no tenía el teléfono del segundo para cambiar el sitio. Así que, directamente me planté en los servicios donde habíamos quedado y me dispuse a hacer tiempo. Desde corta distancia iba viendo entrar y salir hombres y en una de esas no pude resistirme. A uno de ellos le pregunté si tenía unos minutos que las compras me ponían muy nerviosa. Fui rechazada y así cinco veces pero el sexto aceptó y pasó conmigo.
Fui a besarle pero me dio la vuelta, levantó el abrigo y, cuando vio que no llevaba nada más sobre mis nalgas, dejó caer su pantalón y me empujó hacia delante con firmeza. Le dio el tiempo justo de embocármela y se corrió dejando mis muslos empapados de leche. E igual que vino, se fue.
El segundo participante ya estaba esperando cuando salí. No quise ponérselo tan fácil, hice como que no le había reconocido y pasé por su lado chupándome los dedos empapados. Poca genta había como para pasar desapercibidos así que le hice un gesto y nos metimos en unos probadores desguarnecidos.
Le pedí que se sentara y me puse de rodillas para tener acceso a su entrepierna y despacito fui chupándole para sentir como crecía su miembro en mi boca. Me deleité todo lo que pude hasta que me pidió que me subiera encima. Sin hacer ruido cumplí su deseo y me la fui clavando parsimoniosamente, acompasando mis caderas. En ello estaba cuando me dijo al oído que se iba a correr y que quería hacerlo en mi boca. Así que me levanté para recibir aquel néctar en mi boca.
Me dirigí a la siguiente cita, en un servicio. Él me estaba esperando dentro con la puerta entornada y así la dejé al pasar yo. Me desabrochó la blusa mientras me besaba; agarraba con firmeza mis pechos y los lamía. Subió mi pierna para tener más espacio y comenzó a lamer, primero despacio, recreándose; luego uno de sus dedos lo embocó en la entrada y lo movía al ritmo de mis caderas y no paró hasta notar como me estremecía, en silencio, intenso, despacio.
Se levantó, ahora era su turno y allí tal cual estaba, apartó el abrigo y comenzó a penetrarme con toda la violencia e intensidad acumuladas. Entonces se abrió la puerta y apareció otro hombre. Le hicimos sitio, el primero de mis acompañantes le dejó el sitio y directamente me la metió en la boca y el segundo cuando me quise dar cuenta ya había ocupado su puesto y comenzó con su rápido ritmo, firme, enérgico. No se demoraron, poco más podíamos estar ahí sin que nos molestaran y eso incrementaba la intensidad de las sensaciones. Como en una cascada nos corrimos uno tras otro. Todo realmente delicioso.
Nos alisamos la ropa e intentando disimular nuestra turbación, salimos por separado, como si no nos conociéramos. Definitivamente me encanta ir de compras por los Centros Comerciales, nunca sabes lo que te vas a encontrar.

23/01/2013

Sobre la inmensidad del negro ponto

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 8:20 pm

22/01/2013

LuciaC: Mientras dormía

Filed under: LuciaC — MaríaG @ 4:32 pm

No lo he podido evitar, estaba tan linda dormidita…

08/01/2013

Tras las cortinas

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 7:52 pm

600073770 sexo y relax en Madrid

02/01/2013

¿Quién escribe por MariaG?

Filed under: Reflexiones antes del desayuno — MaríaG @ 12:51 pm

¿Quien escribe por MariaG?

Tengo prácticamente la misma imaginación que un pez. Debo disculparme por ello.

Sí, me disculpo porque, lamentablemente no sé hacer relatos de ciencia-ficción, ni tan siquiera de corte erótico-festivo.

Descubrí mi afición por la escritura en gerundio. Simplemente un día me puse a escribir, a contarme a mí misma aquello que había pasado, a plasmar las imágenes que corrían por mi mente y que poblaban mis recuerdos.

Me limité a dibujar con la pluma lo que ya se había dibujado en mi retina. Aquellos hechos que fuertemente me habían impactado y que pertenecían al ámbito más privado de mi persona: Al sexo.

Al día siguiente releí lo escrito de un tirón la noche anterior. Reconocí los hechos tal cual habían ocurrido, describiendo las sensaciones vividas por mí, pensamientos inconfesables, deseos carnales; describiendo lo que pasaba por mis dedos, lo que estremecía mi ser.

Y me gustó, me excitó y reconocí en aquello una vida propia ajena a mí.

Desde ese día, cuando todos duermen, en un momento de calma, cierro los ojos y revivo encuentros, horas de vicio, ratos lujuriosos, instantes prohibidos.

Lo sé, para muchos es impensable que una “cualquiera” como yo empuñe la estilográfica, igual que es impensable que haya podido leer más que una revista o que tenga un currículo profesional y académico interesante.

Nada importa, MariaG es lo que tú quieras que sea.

Puedo ser común, alguien con quien toparse a la vuelta de la esquina de cualquier ciudad. O puedo ser producto de la imaginación de un negro literario, cual princesa de las Mil y una Noches. ¿La autoría de mis relatos? Basta con conocerme, para intuir la verdad.

Pero la vanidad no importa y todo es importante.

 

El motivo inspirador de estas reflexiones ha sido comprobar que en la primera página de búsquedas de MariaG aparece un blog con el mismo título de esta entrada. En él se diserta sobre hipótesis acerca de la autoría  y veracidad de mis relatos. 

Desde que apareció el mismo, muchos han sido los clientes que vienen a mí por el morbo de los chascarrillos. Lo mismo ocurrió cuando se empleó un foro llamado anti spalumi para malmeter contra los que participábamos en el nacimiento de mi querido foro esaschicas.com

Más de un cliente me ha pedido que le susurre alguna más de mis fechorías, pero nadie que se lo escriba sobre la espalda.

                                                                     

Sólo me resta añadir una frase ilustrativa:  “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”.

Besos

07/12/2012

Noemi, una pinup en tus sueños

Filed under: Mis andanzas de putera — MaríaG @ 1:44 pm

Habíamos coincidido en una fiesta y no me podía quitar de la cabeza la imagen de sus piernas enfundadas en unas delicadas medias de encaje, apareciendo por la escalera. Pelo corto, deliciosamente ondulado, uñas cortitas de rojo carmesí, ojos grandes, pestañas largas. Fuimos tres los que la admiramos en la fiesta, mi marido, mi novia y yo, incluso él llegó a comentar que le gustaría que la contratásemos. Pero quería ser yo la primera en probarla.

La llamé para concertar una cita y me complací haciendo las preguntas de rigor, esas que todos los días me hacen a mí. Eso es lo que estaba deseando. Una cita en la que ella debía estará a mi merced. Deseaba sentir que por un rato era mía, que había comprado su atención y su cuerpo.

Quedé con ella pocos días después en mi apartamento. Fue por la tarde para que mi novia estuviera en clase y no se pusiera celosa pues a ella también le había gustado la moza. Pero no, ese día no tenía clase hasta más tarde y mi ardid fue descubierto y sus morros llegaban a China.

La recogí en el metro. Llegó a la cita envuelta para regalarme la vista. Acababa de apagar un cigarrillo. Sólo una cosa le pedí, que se quitara el pendiente que llevaba en el labio, quería poder besarla a gusto, sin nada que lo entorpeciera.

Zapatos de tacón y trenca tres cuartos. Medias de liga cubrían las largas piernas, un somero vestido se ceñía a sus curvas. Tímida, algo callada, fui quitándole la ropa despacio, deleitándome en sus encajes y descubriendo sus encantos.
La senté en el borde de la cama y comencé a besarla. Su boca acompañaba a la mía y se iba entregando. Los ojos entrecerrados, el ritmo parsimonioso, su lengua afloraba coqueta y buscaba la mía. Abandoné mis dedos para que se perdieran, para captar todas las sutilezas de su piel, su blancura, su delicadeza, su calor.

Por una vez, dejé que fuera ella la que tomara la iniciativa. Me fue conduciendo con sus besos hasta recostarme. Y siguió con sus besos recorriendo mi cuerpo, dándole su tiempo a cada parte sensible. Abrió mis muslos, acarició primero con sus manos y bajó su cabeza hasta tener mi sexo dispuesto para ser catado. Comenzó a jugar con su lengua y sus caricias me estremecían; aplicaba su boca, jugaba con sus dedos. Me tenía rendida de placer. Y siguió, y le retuve la cabeza para que continuara y continuó y mi cadera se iba detrás de su ritmo y yo no podía cerrar mi boca y aquel placer crecía hasta hacerse intolerable. Agarré su cabeza ahora con las dos manos, no deseaba que la moviera un milímetro, quería que siguiera un instante más, un espasmo más, un instante más hasta derretirme. Hasta que estalló, incontrolable, un torrente de placer que anegó mi cuerpo.

Aún jadeante quise probar de nuevo sus labios empapados de mí. Esa fue la excusa para ser yo la que tomara posesión de su cuerpo. Me deleité acariciándola entera, pasando mi lengua por todos los recovecos que encontré. Y me apliqué a comer su coño, mojado, de suave olor y su culito que se abría despacio. Y toda empapada de ella, busqué posturas de contacto entre nosotras para restregarnos como gatas en celo y darnos placer mutuamente.

Su respiración se agitaba por momentos, gemía, pero su inspiración desaparecía. Así que le pedí permiso para arreglar el desaguisado con mi novia e invitarla a entrar.
Saltó del sofá como un resorte y le faltó tiempo para quitarse la ropa. LucíaC estaba rabiosa por no haberse colado en el cuarto y tampoco se había atrevido a abrir la puerta y tomárselo sin permiso. Un beso en los labios y en unos instantes tenía su boca aplicada a la labor que yo había interrumpido. Mientras, volví a sus besos y a sus pechos deliciosos, acompañando su cuerpo con cada nuevo espasmo placentero. No me pude contener, fui deslizando la liga de su media hasta tener la pierna totalmente desnuda. Entonces me dediqué a la contemplación de sus pies y sus dedos se colaron en mi boca y mi lengua se entretuvo lo que quiso. Y después sus plantas, los tobillos, las rodillas, tenía necesidad de todo, de sentirlo todo, de lamerlo todo. Se agitaba inquieta y al levantar el torso, retorciéndose incontrolada, coloqué mi cuerpo detrás del suyo y tomándola por detrás, tenía libre su cuello para besarlo y con las manos la recorría entera.

No paramos hasta tenerla rendida, hasta que se derramó en la boca de Lucía.
Y nada la detuvo entonces, quería devolver lo que mi novia le había hecho. Las dos caímos sobre ella y la cubrimos de besos. Estaba empapada, jugosa y a punto de caramelo. Y mientras que las dos se complacían, saqué un juguetito y me dediqué a besar a Lucía, tumbada a su lado sin retirar el adminículo de mi cuerpo para corrernos las dos abrazadas, unidas por nuestas bocas.

Habíamos buscamos en la otra su postura y su gusto, procurándonos placer, acompasando nuestros gemidos hasta terminar las tres derrengadas y estremecidas.

Resumiendo: todo un lujo de cita, por ella, por su encantadora persona, su físico tremendo y su implicación. Fabuloso.

15/11/2012

La tentación de Adán

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 10:32 pm

LuciaC, la pupila castigada

Filed under: LuciaC,Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 10:00 pm

            Así de buena es mi pupila LuciaC cuando se le pone un castigo.

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