Blog MariaG

28/07/2012

Cuando una es una nena mala

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 7:23 pm

Hay veces que no soy tan buena como debiera y luego, pasa lo que pasa

¿En serio no ves nada?

 

 Ésto es lo que pasa cuando una es una nena mala

26/07/2012

Una cena de Guía Geisha, entre barcelonesas y en Madrid

Filed under: Así da gusto ser puta — MaríaG @ 4:47 am

Cuatro mujeres alrededor de una mesa. Pero no cuatro cualquiera, sino cuatro perfectos ejemplares del gremio más antiguo del mundo.

Cuando llegué al restaurante ya estaban ellas dos esperando, con una copita de vino blanco. Hacía años que PaulaVip  y yo estábamos deseando este momento; rubia, atractiva, elegante, una estupenda conversadora. Gabriela, un tanto tímida al principio, con esa sonrisa que ilumina por completo el rostro y te encandila; ella también acababa de llegar de Barcelona. Y antes de que nos tomaran nota apareció Sofía Caramelo y suerte que yo estaba sentada porque casi me mata del infarto. Era imposible que pasara desapercibida. ¿Guapa? Sí, claro y rubia y alta y un montón de cosas más, pero todo se quedaba en mero adorno al fijar los ojos en su exuberante delantera.

Una cena intensa, cargada de todo aquello que una puta no puede decir en público.

El efecto en los camareros de cuatro leonas fue totalmente asombroso y predecible. Asombroso porque es la primera vez en mi vida que varios camareros consiguen no parar de confundirse al servir una mesa, sólo porque sus ojos descansaban de continuo en la casta Sofía y claro, como a mí lo de jugar siempre me provoca, pues hice los comentarios justos para terminar de ponerles nerviosos. Pero no, no  me dio su número de teléfono, aunque se ruborizó por nuestras bromas

Así que, la mala cabeza de Sofía al vestirse con tanta generosidad nos aportó un plato de croquetas, decenas de miradas perdidas y muchas risas.

Llegó el momento de abandonar el restaurante. Y detrás de la última de nosotras las puertas no se cerraron sino que dieron salida apresurada al morenazo argentino que nos había estado sirviendo la mesa. Paula estuvo rápida como el rayo y consiguió que el chico nos diera su contacto, nunca se sabe qué puede pasar en una noche loca y después un beso.

Partimos pues  a tomar una copa y no habíamos andado más de trescientos metros cuando nos dio alcance y esta vez no le dejé escapar tan fácilmente. Por la Gran Vía Madrileña fui tocando todo su cuerpo mientras no separaba mis labios de los suyos.

Otra mesa, ésta redonda, dio cabida también a dos acompañantes masculinos y a una quinta dama, Amanda, una nena menuda y dulce.  No podíamos pasar desapercibidas, llegaron a estar los cuatro camareros apostados en la barra de nuestra espalda, contemplándonos y corriendo solícitos ante cualquiera de nuestros deseos. Incluso me prestaron una mano inocente que diera fe de la textura absolutamente maravillosa de los pechos de Sofía.

Se trataron muchos temas y quedó tanto por decir! Fue un honor compartir con vosotras tan deliciosa velada. Gracias

24/07/2012

LuciaC y MariaG, del derecho y del revés

Filed under: LuciaC,Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 11:13 pm

18/07/2012

Que toda la vida es sueño

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 8:21 pm

01/07/2012

De fiesta con MariaG: El primer Gang Bang de Lucia Cruz

Filed under: Así da gusto ser puta — MaríaG @ 8:57 pm

No tenía intención de que participara. Nunca había estado con dos hombres al mismo tiempo, cómo para llevarla a aquella fiesta. Pero ella se dedicó a leer todo lo que encontró sobre nuestros Gang Bang y la idea de verlo le excitaba sobre manera.

Al mismo tiempo alguno de los participantes me preguntaba por mi pupila. Así que acordamos organizar un sorteo entre los participantes y el premio sería disfrutar a Lucía en solitario, después de lo cual ella permanecería a mi lado como mera observadora.

Quería disfrazarse de colegiala, con faldita de cuadros y coletas, haciendo realidad las fantasías de muchos. Preparamos los lazos, las medias, los pololos y llegó el día señalado. Nosotras llegamos al local antes que los chicos y mi marido esperaría con todos  a que dieran las 6 de la tarde. Rosa, Rebeka,  Jenny y Lorena ya estaban allí, el resto no tardaría en aparecer.  Como la cosa más natural, allí mismo, en el banco donde estaban sentadas, comencé a desnudarme, mientras nos interesábamos por la vida de cada una. Pero el pudor la hizo sonrojar cuando la animé a cambiarse delante de todas. Ese detalle, su temblor cuando pensaba en lo que ocurriría después, los ojos de asombro, todo ello me provocaba una profunda excitación nacida de una perversión, de la corrupción de su inocencia.

No paraba de hacer preguntas sobre cómo transcurriría todo pero le callé la boca con un beso, le hice el nudo de la corbata y le pedí que se estuviera sentadita mientras llegaba el momento.

Empezaron a oírse voces masculinas en la parte de arriba. Ya estábamos listas para comenzar la fiesta, sentadas en línea Ingrid, Rosa Amor, Lorena, Princesa Rebeka,  mi nena pegadita a mí, Anna Smz y Jenny; así recibimos las oleadas de hombres que fueron llegando hasta llenar el espléndido salón. Le había colocado unas esposas a Lucía, en principio eran para que no se despegara de mí pero ahora, recolocadas ambas en sus muñecas me servirían para tirar de ella y arrastrarla como ofrenda al ganador. La corderita fue entregada y el varón quedó con el compromiso de devolvérmela según terminara de hacer uso de ella.

Y comenzó la fiesta. En un instante perdí de vista al resto, una pared  de hombres desnudos se interpuso y me sumergió en un universo de miembros erectos, sabrosos manjares de incomparable néctar. De rodillas o con el culito en pompa comencé a llenarme la boca con todo lo que me ofrecían. Entonces alguien agarró mi cintura, tiró de mis caderas para colocarme y empezó a penetrarme, desde atrás, haciéndome llevar el mismo ritmo con mi boca. Y una vez se hubo satisfecho, otro tomó el relevo y así se fueron sucediendo.

Miré el reloj. Tiempo había pasado sobrado como para que mi nena ya estuviera de regreso. Así que me acerqué a la zona de camas donde la habían arrastrado. Y no, no estaba sentada descansando ni con el ganador entre las piernas. No, otros habían ido ocupando posiciones y la tenían a cuatro patas, un hombre golpeándola desde atrás y otro sujetando su cabeza para que no dejara de chupar. A su alrededor media docena más esperaba su turno y, entre ellos, sin quitarnos ojo, mi marido.

Ante mis interjecciones de admiración ella se defendió, qué  podía hacer sino complacerles. De acuerdo, aquel sería su bautizo de fuego. Un punto de sadismo me hizo sonreír, quería verla agotada de follar, llena de semen por todos lados, jadeante, mojada. Ella deseaba emular  a las putas experimentadas que allí estábamos, quería saber qué se siente cuando un hombre tras otro te posee, cuando durante horas todo es placer. Está bien,  nos divertiríamos.

Su actitud me tenía fuera de mí y mientras la contemplaba, miraba como se movía, como buscaba metérsela un poco más empujando con su culito; mientras eso ocurría a mi lado, otros hacían lo mismo conmigo y nuestros jadeos se acompasaban y me estremecía de placer.

Me lo había preguntado alguna vez, cómo sería eso de una doble penetración. Pero nada hubo entonces de premeditado, un donante anónimo pidió probar mi culito mientras yo estaba cabalgando a otro. Simplemente me incliné hacia delante, apoyando todo mi peso sobre su pecho y dejé el terreno expedito para que fueran dos los que disfrutaran de mí a la par.

A Lucía se le salían los ojos de las órbitas y gemía un poco más; de esa forma ella me jaleaba, me provocaba un grado más de excitación, un orgasmo más. Y yo pedía el siguiente y no quería que disminuyera un ápice la intensidad y buscaba su boca y pedía más.

Apareció entonces Sejo, dispuesto a  dar el relevo a cualquiera. Yo, totalmente tumbada boca a bajo, me ofrecía enchortalada y mientras me montaba le pedí que le hiciera a ella lo mismo. Sí, otra ráfaga perversa animaba mi entrepierna y quería ver a mi pupila totalmente entregada, ofreciendo su culito, un culo cerrado, apretadito, apetecible. Todos la animaron a dejarse.  Y cuando se le saltaron las lágrimas, nadie hizo ademán de socorrerla, todos la consolábamos, relájate bonita, ya verás como se pasa.

Con mis besos le fui devolviendo la sonrisa, tenía el sexo enrojecido, empezada a estar dolorida pero cuando le dije que no se preocupara que yo terminaría el trabajo apareció un brillo desconocido en sus ojos, se levantó de mi lado y fue a subirse, uno par de metros más allá, sobre el único hombre que no le pertenecía, el mío. Quería jugar fuerte, provocarme, así que pedí a un voluntario que se tumbara a su lado y me monté a mi vez de tal manera que pudiera susurrarle en el oído a mi putita. Estaba siendo una nena mala, recibiría por ello su castigo. Y cuanto más le hablaba, más gemía ella y cuanto más ella, más yo y así hasta corrernos.

Se tomaría unos minutos de descanso, quería subir a tomar algo y se acercó al borde de las camas. Pero por allí apareció un jovencito, pelo cepillo, músculos tensos y no pudo resistirse. Cuando volví a mirar le tenía encima y volvía a estremecerse con los empujones del mozo, las piernas bien abiertas y los ojos cerrados.

Hacía mucho calor, me dijeron que estaban arreglando el aire acondicionado. No tenía ni idea de qué me proponía pero me cogió la mano para que la condujera a la parte de arriba. Dos operarios, uno debajo de la escalera, el otro en la parte superior. Sólo llevaba puestos unos tacones y con ellos comencé a subir la escalera pero me detuve al tercer escalón, justo a tiempo para que el más jovencito tuviera a la altura de las manos mi trasero y al levantar la vista ara hablarme no pudiera menos que contemplar mi busto.  Después llegué hasta arriba y también mostré mis encantos a su jefe. La estrategia fue seguida por Lucía y el de abajo no se creía que yo le estuviera metiendo mano descaradamente. Pero todo fue inútil, tocamientos, ruegos, frotamientos y nada, aquellos profesionales no se dejaron seducir. Seguro que tienen algo más que contar a los amigotes.

Después del fracaso de seducción nos volvimos a nuestras camas. Entonces Lucía me preguntó qué era eso de la lluvia dorada que había comentado alguien. ¿Tienes ganas de hacer pis? Le pregunté. Y se colocó sobre mí e hizo un intento, pero no paraba de decir que le daba corte y que no podía.

Le pedí entonces que se tumbara, tendría su demostración. A la derecha mi hombre le acariciaba el pelo y le decía cosas al oído; a la izquierda otro caballero nos acompañaba.  Me puse en cuclillas encima de ella, haciendo que mi sexo coincidiera con el suyo. Dejé escapar unas gotitas y ella se sobresaltó. Unas gotitas más, y un fino chorro y comenzó a separarse los labios con las manos para sentirlo bien. Me fui incorporando y seguía empapándola y ella daba grititos de sorpresa, se reía. Aquello no era simple expulsión de orina, era un marcaje, un reclamo sexual animal, tan en su inconsciente que no podía evitar excitarse y excitarme. Y empapada seguí besándola y gozando. Y los tres nos complacimos el uno con el otro hasta caer jadeantes.

Era el colofón de una tarde inolvidable para todos.

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