Blog MariaG

27/10/2011

Alexa, compañera de juegos prohibidos

Filed under: Un día en la vida de una puta — MaríaG @ 6:31 am

Una tarde de Jueves, en un local de intercambio. Estábamos recorriéndolo para ver las parejas que se escondían por los rincones.

 Con una copa en la mano y una toalla a la cintura nos sentamos en el colchón de unos que andaban muy acaramelados. Ella era alta, de piel clara y graciosas formas.

 Nos gustó lo que vimos así que toqué suavemente su pie descalzo. Levantó la cabeza, me pareció que hasta ese momento no se había percatado de nuestra presencia; algo hablaron, volvió a bajar la cabeza pero su pie permaneció. Las uñas pintadas de rojo intenso, el contraste con su nívea piel, me impedían apartar los ojos y las manos fueron detrás. Se estremeció con mi contacto y alargó su mano hacia mí, aún sin girarse.

 Me recosté tras ella, pegué mi cuerpo al suyo buscando el contacto lo más amplio posible. Aparté su melena posando mis labios en su cuello, lo recorrí hasta que me condujo a sus labios.

A partir de ese momento ya estaba perdida, se había girado, se estaba entregando y no le di cuartelillo. Sus pechos eran de infarto, generosos, clamaban por ser atendidos. Los pezones se le habían puesto duros y comencé a juguetear con ellos mientras no cesaba de sobarla, tironeaba  con mis labios, chupaba con fruición.

 Me fui colocando encima, con las rodillas abrí sus piernas y comencé a frotarme buscándola.  Con los ojos cerrados, me pedía la boca, se retorcía bajo mi peso y levantaba la cadera.

Quise recorrerla entera, probar todos sus matices y con besos esparcidos fui bajando de su vientre hasta encontrar la suave colina de su sexo. Se abrió para mí, metí la cabeza entre sus muslos.

Estaba jugoso, aquel rato de pasión no le había dejado indiferente. Y probé sus mieles, con una mano dedicada a ella y otra a mí misma, colocada boca abajo me frotaba acompasando mi ritmo al suyo. No despegué mis labios hasta notar cómo se contraía de placer. Entonces busqué de nuevo sus besos y al cambiar de posición me percaté de lo que había a nuestro alrededor.

Se había formado un corro, todos nos miraban sin atreverse a tocarnos. Yo quería más pero  cuando me quise dar cuenta el tipo con el que venía estaba haciendo uso de su cuerpo, colocada a cuatro patas comenzó un movimiento rítmico que le arrancaba gemidos entrecortados.

Quién puede resistir semejante visión.  

Sólo tuve que pedirle que se recostara, subirme encima y comenzar a cabalgar al ritmo que marcaban las exclamaciones de ella. Entregada a su tiempo se acompasaron nuestros gemidos, nos dimos un único tempo para alcanzar el clímax.

Fue entonces el momento de hablar, de preguntarle su nombre, de pedirle el teléfono. Me había dado cuenta de que él no era su pareja  y tampoco yo iba con la mía. Ambas estábamos en la misma situación, con nuestro cliente. Nos separamos. Yo había quedado en llamarla para que conservara mi teléfono  pero no lo hice, quizás lo perdí o tal vez no me acordé, el caso es que no puede volver a contactar con ella.

Podían haber pasado seis meses.

Me encontraba de nuevo en el mismo local, esta vez estaba repleto de parejas. No recuerdo quién me acompañaba pero me llevaba delante de él recorriendo el local hasta detenernos en uno de los cuartos privados que permanecía con la puerta entreabierta. Dentro un hermoso cuerpo femenino retozaba.

No fui yo quien se dio cuenta, sino ella la que me reconoció. Pero no dijo nada al principio, se limitó a invitarme a compartir su degustación masculina. Y cuando hubimos terminado lo confesó en mi oído. Me hizo recordar aquel otro día y las veces que desde entonces había querido llamarla. No tuve tiempo de mucha charla y esta vez fui yo la que le dejé mi número.

 Pocos días después  conocí su casa y desde entonces nos hemos hecho compañeras de juegos prohibidos.

20/10/2011

Que toda la vida es sueño…

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 2:11 pm

MariaG escort, sexo y relax, tu puta Madrid

01/10/2011

Caprichos de la Naturaleza

Filed under: La verdad no hay quien la crea — MaríaG @ 3:10 am

Estuvimos largo tiempo delante de la pantalla del ordenador mirando fotos y haciendo alguna que otra llamada. Él es un cliente asiduo y nos gusta tener juguetes nuevos cada vez. Buscábamos una chica para un rato de pasión a tres. Varias llamadas infructuosas hasta que dimos con ella.

Llegó tarde. Alta, morena, española, dejó el bolso en la mesa, se quitó los zapatos y se encaminó a la ducha. Por petición de la recién llegada bajamos la luz un poco, pero no tanto como ella pedía, nosotros queríamos verlo todo.

Me llamaron la atención sus manos grandes aunque cuidadas y sus pies, probablemente calzaría un 42. De cuerpo estrechito, culo pequeño y prieto, pechos perfectos, de los que mi mano cubre sin problemas. Su edad me resulta un misterio, decía tener 25 y soy incapaz de decir lo contrario.

En cuanto estuvo a mi alcance le avisé de que a mí no me gusta el show, todo sería real. Se quitó la toalla y se colocó en mitad del lecho. Comencé a besarla; ella sacaba la lengua de esa forma tan impersonal que consigue ser distante aparentando mucho vicio. No, así no, pedí su boca, sus labios y me perdí en besarla, despacio, degustando sus matices, espiando sus reacciones.
Las manos fueron solas, se fueron cerniendo sobre aquellas delicias. Apretaba levemente, empleaba los dedos como mullen los gatos y me regodeaba en los pezones, los tironeaba despacio, presionaba con suavidad.

Me había olvidado por completo de que éramos tres cuando el ruego de que nos aproximáramos al borde de la cama me hizo volver a la realidad. Quería meter su cabeza entre aquellas esbeltas piernas y le facilité la tarea. Eso me permitía continuar con mi labor que me tenía embelesada. Y continué besándola. Cuando consideró que aquella delicia podía dar paso a otras mejores, le pidió que se pusiera a cuatro patas en la cama. Su culito en pompa nos ofreció un nuevo panorama casi tan deseable como el anterior. Preparé bien el acceso me relamía de gusto humedeciendo bien su coñito y se me escapa algún lengüetazo para el miembro que esperaba su entrada.

Y después de dejarle bien encaminado me coloqué a la altura de su cabeza para recibir a mi vez caricias muy húmedas. Pero éstas apenas llegaron. De nuevo una mujer pasiva. Bueno, me daría gusto yo misma con su cuerpo y seguro que él remataría la faena.
Durante un rato estuvimos dándonos el relevo, según salía chorreante de una, buscaba meterse en la otra; cambiando de postura, buscando nuestro placer. Yo no me despegaba de mi nuevo juguete y procuraba en todo momento tener entretenidas sus manos, al menos. Hasta que las fuerzas masculinas llegaron a su término natural y cabalgando sobre él me vi inundada del nutricio líquido.

Nos dejó solas un momento y entonces le pregunté si ellos se daban cuenta. Me miró como si yo fuera marciana y preguntó a qué me refería. Sonreí, guiñé un ojo y miré hacia abajo. Confesó entonces que no, nadie nunca se había dado cuenta salvo yo. La verdad es que la cirugía era perfecta, no se notaba nada llamativo, sólo una conformación particular de los labios menores. Y allí estaba yo con miles de preguntas que hacer y sólo unos pocos minutos antes de que nuestro cliente volviera del baño.

Todo fue intenso, delicioso.  Me gusta disfrutar del sexo en todos sus matices y llevaba tiempo deseando un encuentro con una mujer de nuevo cuño.   aquel día yo no buscaba más que la complicidad femenina y no pudem durante la hora que viví con ella, quitarme la sensación de que me habían dado gato por liebre.

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