Ninfas y Ovejitas

La primera vez que lo vi no pude dejar de darle al play una y otra vez.

Me resultó algo delicioso, una manera elegante, sutil, de mostrar perversiones diversas. Todo, la música, los escenarios, el guión,… pero, sobre todo, esas ninfas rosadas disfrazadas de ovejitas, cimbreándose para enloquecerme.

Juzgad vosotros mismos

Ovejitas

Besos

 

La voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas

Es curioso cómo llegamos a deformar la realidad de las cosa. He vivido buena parte de mi existencia sin plantearme nada acerca de la infidelidad. Pero no me refiero a una canita al aire eventual, me refiero  a la infidelidad sostenida, mantenida y regular.

Me resulta especialmente llamativo cuando he sido incapaz de mantenerme fiel a ninguna de mis parejas. He llegado a compartimentar tanto mi vida que he mantenido dos relaciones estables paralelas, con la peculiaridad de ser una de ellas con una mujer. Siempre una parte de mí vivía en lo escondido.

En mí no surgía ningún roce, ni la necesidad de sincerarme con nadie. Simplemente era mi derecho o mi necesidad hecha derecho. Tenía ese punto de reserva por el cual nada puede ser duradero. Siempre con un plan alternativo pensado para cuando el actual se torciese. Porque eso había ocurrido hasta, pasado el esplendor, se establecía el aburrimiento y la puerta de las posibilidades quedaba entornada.

Así que no tengo otra conclusión posible más que jamás había amado y jamás me había sentido amada con un amor pleno, reconfortante y reparador. Ha pasado mucho tiempo hasta que he podido descansar con el alma entregada.

Ahora las cosas desvelan su rostro y puedo ponerle nombre a todo, incluso a mí misma.

Besos

 

 

Las mil y una noches con Amarna Miller

Me encanta el porno, tengo que reconocerlo.

Y no puedo decir que me guste sólo una modalidad, porque depende mucho del día, me pierdo por muy diversas categorías.

Hay veces que mi imaginación está poblada de imágenes inconfesables y entonces me recreo en aspectos más oscuros del placer y del recuerdo.

Otras me deleito con la sensualidad de los cuerpos femeninos, las curvas, texturas, colores, casi me parece llegar a oler sus cuerpos. Me quedo subyugada con los labios de una mujer y me derrito al ver como busca los de otra. Tórridos y húmedos volcanes que despiertan mi lujuria. Contemplo milimétricamente su piel, hasta las perlas de sudor que la recorren. Es una actitud que linda con la adoración de las hembras y sus cualidades organolépticas. Me perdería en todos los recovecos para degustarlas.

Unos días mozas, otros maduritas (especialmente las que llaman MILF, madres que me follaría), depiladas por completo o con felpudos recortaditos, rubias, morenas,… Y la categoría imprescindible, las pelirrojas y con muchas pecas y en todas las tonalidades posibles de su naturaleza.

Una vez, recuerdo perfectamente el vídeo, una pelirroja con un negro, me pareció oír una interjección en español. Pero no volví a pensar en ello. Esa misma chica la vi después dándole una nota a una recepcionista para verla en los servicios ahí quedó todo hasta que el otro día me hablaron de una entrevista en la tele a una actriz porno. Pocas veces encuentro jugosas estas cosas. Hay demasiada artificialidad que rompe el encanto. Así que acostumbro a ver festivales y espectáculos varios de forma más profesional que por puro morbo.

Esta vez fue diferente, la reconocí según la vi. Entonces quise llamarla, escribirla, que supiera de mi existencia y de las horas que he pasado en su contemplación.

Este fue el primer video que vi de ella  y en el eque me rindió a sus pies:

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Amarna y Risto

 

Besos

Xabrina, dulce tentación

Dulce teen

Cómo me prefieres, con o sin?

Soy para todos los gustos,

con o sin,

como prefieras.

Besos

El aceite de la vida

Era una mañana de un día cualquiera, Miércoles si no me equivoco. Cuando llamó contándome que estaba con su mujer y que querían conocerme, no terminé de creerlo. A veces me pasa, no me creo a mi interlocutor, quizá porque llama gente con milongas casi todos los días. El caso es que tardaron un rato en mandar la dirección y dí por hecho que no habría cita. Gracias a Dios entró un mensaje, aquella cita debía producirse. Él un poco más joven y con su punto de morbo malote. Ella…Uf! Tuve que respirar y relajarme para que no se me notara la caída de mandíbula. Alta, delgada, pecosa, de pechos pequeños, una de esas mujeres que tanto he visto en v ideos Internet. Mi primera intención fue caer sobre ella cual plaga de langosta. Pero lo tenían pensado de otra manera. Dejó deslizar sobre los hombros la bata de seda y con movimientos gráciles se tumbó en una camilla. Vendó sus ojos. A partir de ese momento su cuerpo sería milimétricamente mío. Él comenzó por los pies, yo por la espalda. No soy masajista pero puedo jugar con el aceite. Aquello era un regalo, poder darme el tiempo que quisiera para palpar delicadamente cada lunar, cada hueco, cada hendidura, escotadura, recoveco. Dejaba escurrir entre mis manos el aceite para que fuera chorreando. Deslizando mis manos lo extendía. Aquello dejó de ser un masaje para mí y se convirtió en un acto de culto a la belleza femenina, un deleite absolutamente egoísta. Cuando tuve acceso a los pies nos dejó solas. Subida yo también en la camilla recorría mi cuerpo con sus pies. La tentación fue demasiado fuerte y los fui aproximando a mi boca. Me puse como loca besando sus pies, lamiendo sus deditos, restregándome como las gatas en celo. Estaba boca abajo ahora. Desde atrás fui deslizando mi cuerpo sobre el suyo para notar en toda mi piel su contacto. Y en el cuello mi boca no evitó algunos besos. Al retirarme, tan despacito como llegué, me detuve el esa preciosa manzana ofrecida ante mí. Bocado delicioso, jugosos agujeritos, delicado sabor. Y comenzó un juego de lengua, dedos, labios, manos, mientras que ella jadeaba y se retorcía, sin abrir los ojos, sin decir palabra. Y luego boca arriba, buscando con avidez sus pezones, entrelazando mis piernas con las suyas en posturas cuasi circenses de acoplamiento mutuo. Aquellas horas fueron de adoración delirante. Pasan por mi retina despacio, con movimientos sutiles, con todos sus matices. Nunca tuve una mujer entregada de esta forma, dedicada sólo a recibir cuanto yo quisiera darle. Una muñequita regalada a mis sentidos.

Besos

MariaG dentro del espejo

Un pequeño regalo, una instantánea de hoy  mismo

El regalo

Nada indicaba que fuera algo distinto de una cita más.

No nos conocíamos y se retrasaba, ya andaba yo un tanto mosca. Le llamé de nuevo y aún no había salido pero me dijo que me llevaría una sorpresa para que le disculpara.

Al abrir la puerta ya me pareció que sería algo insólito, mas poco podía ver con tan poca luz.

Lucía nos esperaba en la habitación y quedó enmudecida por lo que teníamos delante.

Con esos taconazos superaba con mucho el metro noventa, melena larga y rubia, tipito estrecho de teen. Minifalda de escándalo, transparencias y cuero por arriba, anillos, collares y pendientes, hermoso marco para esta joya. Una muñeca preciosa, seria y apetitosa. Cuando se relaja y va tomando confianza, su amplia sonrisa comienza a aparecer, muestra unos dientes blancos y los ojos vivos.

Los primeros minutos de conocimiento mutuo, besos a dos, carmín en los pezones, caricias, ropa que cae, besos a tres, culos rotundos, un despliegue de cuerpos deseosos de disfrutarse.

Cuando me dijo que el regalo era mío, ya no hubo bajo el sol nada más para mí. La coloqué en el centro de la cama y yo, en un ladito, perdí el sentido. Entontecida recorría su cuerpo con mi vista y luego con los dedos. Se mostraba muy tímida, abría sus preciosos ojos y me seguía. La contemplé hasta bebérmela. Tras mis manos, mi boca. La fui cubriendo de besos.

La miraba a los ojos y me sumergía en sus labios. Y así pasaban los minutos y yo no me podía despegar de aquel vicio. Sólo hubiera renunciado a aquello durante unos segundos para cabalgar sobre ella pero para sentirla totalmente. Y me rechazó, dijo que sólo quería sentirse plenamente dentro de la madre de sus hijos!

Y como no me iba a conformar con menos de eso, preferí no subirme y buscar con mi boca lo que me negaba de otras maneras.

Su miembro era perfecto, con un diámetro apropiado para comer cómodamente, para jugar. Recto, hermoso, incitante, un juguete para lamer y saborear a fondo. Tumbada entre sus piernas, con mi cabeza bien cerca, quise recrearme en una felación sin prisas, hecha casi más para mi disfrute que para el de ella.

Y después de perderme en la contemplación, frotando mi cuerpo contra las sábanas en cada movimiento. Después de ese rato casi de adoración, volví a ocuparme de sus labios y a susurrarle al oído mientras nos masturbábamos al unísono.

Fue así como se corrió, como saltaron los chorros blanquecinos, como llenó su abdomen y su mano de ese precioso jugo nutricio que corrí a chupar, a degustar sus matices.

Aún nada sabía yo de su vida, ni tan siquiera su nombre, sólo que su rostro me resultaba familiar. Alguna preguntilla curiosa le dio pie para comenzar a contarnos sobre sí. Entonces su rostro dejó de ser algo familiar para reconocerla definitivamente.

Confieso que veo porno, mucho porno, que me encanta el porno. Bueno, pues en algún momento la temática de trans me resultó llamativa y la encontré a ella. Un detalle era el que me faltaba recordar para saber la causa de que videos porno me hubieran llamado tanto la atención como para recordarla.

Entonces me lo dijo: Pocas veces se encuentras bellezones así, jovencitas y, como remate, hermanas gemelas!! Eso impacta y no se olvida. Y yo no lo había olvidado. Brasileñas, como no y perfectas.

Y ahora aquí, a mi disposición, un sueño hecho realidad.

LuciaC, un caramelito

Gasolineras abiertas 24 horas

Hace unas horas que me despertó el teléfono. Nos conocemos desde hace ya unos años y siempre me hace propuestas morbosas. Hoy quería ir a El Pardo, le apetecía perderse entre miembros erectos y verme bañada de leche ajena.

Me puse un vestido ligero y unas botas altas, ni medias busqué. Y me acerqué a recogerlo a su casa. El camino hasta El Pardo fue emocionante, mis manos jugaban en su entrepierna y las suyas se cernían impúdicamente sobre mí.

Cuando llegamos allí encontramos dos coches aparcados. Con las luces dadas exploré lo único de su cuerpo a lo que me daba acceso. Dura, rotunda, dediqué mi boca a darle gusto hasta que decidimos salir del coche.

Me quité toda la ropa, con las botas como único atuendo abrí la puerta. Nadie se había aproximado por el momento. Ya me había avisado de lo que deseaba, me puso de espaldas y pidió que le abriera mi culito. Cuando me quise dar cuenta delante de mí un fornido muchacho me mostraba lo que tenía entre las manos, ofreciéndomelo para que jugara con él; no pude sustraerme y le di unas lamiditas deseando seguir jugando con ella. Pero no me la dejó, se retiró súbitamente derramándose ante mis ojos.

Otros muchachos se aproximaron pero ninguno dejó su papel de observador activo. Así que nos dedicamos a darnos gusto los dos. Me agarraba por la cintura, con su cadera me golpeaba, introduciéndose de nuevo en mí. Golpeaba con ganas hasta que comenzó a acelerarse para terminar dentro de mí.

Mi culito destilaba. Me puse las bragas por no empapar el asiento del coche y así, de paso, podría llevar como trofeo aquella prenda bien empapada. Chaqueta que a duras penas podía taparme. Al teléfono le contaba a mi marido cómo había sido el encuentro y cómo me había quedado con las ganas de alguno más. Así llegué hasta una gasolinera. Fui a colgarle pero entonces una idea excitante apareció en mi cabecita. Le pregunté, coqueta de mí, si no le importaba que bajara así a repostar. Un guardia de seguridad en la puerta y un jovencito en la caja, ambos con los ojos puestos en las braguitas que dejaba ver la chaqueta. Y cómo no, el refresco estaba en el estante superior, al estirar mi brazo, quedé desprotegida hasta la cintura y eso fue lo definitivo. Cuando me acerqué a la caja aquellos dos hombres tenían los ojos muy abiertos a juego con sus bocas.

Cuando me preguntó si necesitaba algo más le contesté que sí. Quería que se perdiera conmigo dos minutos. Tartamudeando casi contestó que eso no era posible, que estaba trabajando. Así que le dejé tranquilo y salí al coche. El guarda se vino detrás y se ofreció a ayudarme y ponerme la gasolina. Ni que decir tiene que tengo el lateral del coche apestando a gasolina, no atinaba a colocar la manguera, se le derramó al sacarla … seguramente nunca le habría salido un intento de conquista tan mal. Y en esas estábamos cuando se aproximó el cajero.

Volví a preguntarle si se escaba un minuto mientras su compañero montaba guardia. Para darle argumentos me desabroché los dos únicos botones que portaba y mostré mi cuerpo casi denudo. Sólo unos segundos, lo suficiente para intentar decantar la balanza a mi favor.

El guardia animó a que entrásemos. Fuimos directamente a los servicios. Un instante antes de llegar el cajero dijo que no podía ir, que se jugaba su trabajo. Pasé directamente con el otro. Cerró la puerta tras de mí y se lanzó por detrás a quitarme la ropa y tocarme con ansia. Descubiertos mis pechos sólo deseaba que me inclinara hacia delante y metérmela, no me dejó darle un beso o probar un poco el sabor de su miembro. Directamente a mi coñito, con mi culo ofrecido, en el baño. Y unos segundos después, cuatro golpes de riñón y comenzó a recorrer mi entrepierna abundante semen.

Al salir volví a intentarlo. Esta vez, le dejé que me tocara y yo intentaba sacársela, quería un poco más de gusto. Se notaba dura a través de su ropa; se la agarraba con fuerza. Su respiración agitada, las manos sin apartarlas de mi cuerpo y su boca negando cualquier opción.

Así me marché a casa, de nuevo con ganas de macho.

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid