Quizás

Quizá hayan pasado ya diez años, de lo que estoy segura es de que no esperaba ni que conservara mi teléfono. Confesó que aquella unica vez había sido lo más intenso experimentado por él y que, desde entonces, venía de forma recurrente a su mente y era principio de mil fantasías.

Paré el coche, aquellas confesiones bien merecían un espacio entre mis piernas. Y mientras él se ponía cómodo me iba contando algunos de los escenarios posibles de un escarceo.

Era increible el grado de alteración al que estaba llegando. Tuve que decírselo entre gemidos, mis manos estaban dentro de mi ropa y no queria parar. Introduje un dedo, eché la pelvis hacia delante y permití acompañar mi voz con las contorsiones de mi cuerpo. Así hasta no aguantar más y anunciarle que me iba a correr. Fue inmediato, él estalló al escuchar mis gritos ahogados.

Quedamos para el día siguiente.

La excusa  era su caballo, ibamos a verlo, con un poco de suerte nadie mas habría allí. Fuimos directamente a un pajar, yo me aproximé a sus labios y una sensación eléctrica nos dejó pegados, sobándonos como inquietos adolescentes. Un bulto en su pantalón denotaba el grado de excitación, lo abrí y mi boca tuvo que catarla, ya no recordaba cuál era su sabor.

Y súbitamente me dió la vuelta, subió mi falda y la embocó. Me hizo gritar de emoción, tres embestidas y la tenía por completo dentro. Me agarró del pelo y me hizo prometer que me convertiría en su amante, mientras mi culo buscaba con ansia cada golpe de riñón.

Y retorcida, aullando comencé a sentir como se inundaba todo mi ser con su esperma y me derramé.

Eso fue la semana pasada y estoy tocándome mientras lo rememoro.

 

Besos

MaríaG, dos buenas razones

De compras con MaríaG

Un vicioso Síndrome de Stendhal

Estamos totalmente influenciados por las imágenes que nos asaltan. Tenemos a nuestra disposición miles de videos de porno con todo aquello que podamos desear, todo tipo de excitantes escenas, cuerpos de locura, bellezas sin par. Y luego te acercas a un supermercado del vicio y un centenar de ninfas bailan a tu alrededor; puedes comprar a capricho, según el día, hoy la más rubia, mañana la más guapa. Todo está a tu alcance.

Según pasa el tiempo ya no te sirve «cualquier cosa», las mujeres que ves a tu alrededor empiezan a dejar de ser objetos de deseo para transformarse en seres neutros o equiparables a aquella amiga de tu madre que siempre olía a cebolla y había tenido algún hijo más de la cuenta.

Ya no valoras nada más que lo perfecto y dentro de ello, te dedicas a seleccionar por apetencias peregrinas. Te ves a ti mismo encumbrado, preferido y deseado por las mujeres más bellas de la Tierra, eres grande, realmente

Entonces comienzas a padecer un peculiar síndrome de Stendhal en el que la belleza se da por supuesta y ya no es valorada, es el fin de la realidad, del sisfrute en lo cotidiano. Es la muerte del alma.

Pasamos a ser impersonales, perdemos de vista que esas características propias de cada uno, esos defectos, nuestras imperfecciones son las que nos dan nuestra individualidad.

 

Besos

Jugando a las muñecas

MaríaG en el asiento de atrás

Perlas en el recuerdo

Hoy me ha escrito un chico argentino que estuvo por aqui hace, al menos, 4 años. Sólo me dio una pista, había ido a su casa y me había espiado mientras me duchaba. Le recordaba perfectamente, recordaba su casa, el curso sobre aviones que estaba realizando, incluso partes de nuestras conversaciones.

El chico no daba crédito y se lo creería menos si  supiera que no conservaba registro de su teléfono.

Como éste, otros se sorprenden de que reconozca su voz, aunque no les haya visto nunca o de que recuerde los años que hace que son mis clientes.

 

Pues normal que los recuerde, mi trabajo no me resulta indiferente. Podría haber llegado a ser rutina, desnudarme delante de un hombre distinto sin emoción, sin un punto de excitante pudor; pero sigo entregándome a cada hombre como si fuera la única vez en que yo adulterara o como si de nuestra noche de bodas se tratara.

Así que, aunque nunca pregunte sus nombres, conservo como perlas los recuerdos que me regalan.

 

Besos

Redecora tu vida

En una calle de Madrid

No tenía previsto más que una charla informal. Fui a recogerla al trabajo, una mujer alta y con gracia, rubia de ojos despiertos.

Le abrí la puerta del coche, dos besos. Era tímida y yo fui directa a los temas de interés. Que lo hacía por necesidad, que era temporal, su pareja estaba la tanto,… Y lo más interesante: Quince años atrás, en un club de intercambio, estuvieron con una pareja y no había vuelvo a catar fémina.

La cosa no pintaba mal.

El remite de la llamada era bien conocido, hombre joven y muy morboso, el primero que me llevó a una casa de travestis, hace ya algún tiempo.

Respondí, se estaba masturbando mirando mis fotos. Yo iba al volante, así que le invité a charlar con mi acompañante. No tenía ni idea de cómo iba a reaccionar la novata , por el momento sus respuestas eran un tanto apocadas. Volví a tomar el aparato y le invité a tocarse conmigo pero ante la imposibilidad de seguir al volante, agarré la mano de ella, levanté mi falda, la metí dentro de las bragas y le aseguré que disponía del tiempo que yo tardara en correrme.

De colores se visten las flores

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ESASCHICAS.COM

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid