Adivina quién viene a cenar

Veníamos hablando de los tópicos sobre los negros, las diferencias raciales, las tipologías. Entramos en el club, un par de personas en la barra y alguna pareja desperdigada.

Seguíamos con el tema. Le dije a mi marido que no me atraían en absoluto. Su reacción me sorprendió, afirmaba que no podía ser que me expresara de esa manera con respecto a los negros y que lo que necesitaba era probar uno. Yo me sonreí, me parecía tan improbable que le di la razón sonriéndome.

Entonces, ocurrió lo inesperado. Entraron dos jóvenes en el local y uno de ellos era negro como un tizón. Alto, guapete, de rasgos finos y de cuerpo atlético. No daba crédito, parecía que aquello era una broma pesada. Me resolví inquieta, sabía que no había alternativa y estaba nerviosa. Fui al otro lado de la barra y le pregunté a la dueña del local si conocía a esos chicos. A uno sí, pero el cubano era la primera vez que iba. No me atrevía a acercarme directamente así que le comenté a la jefa que me gustaría que pasara el nuevo a la zona de parejas. Ella lo organizaría.

Con la esperanza íntima de que el chico no llegara a animarse dimos una vuelta por el cuarto oscuro a ver si había algo interesante. Dos parejas intercambiaban manos, de pie, en medio del cuarto. Me acerqué por detrás a una de ellas. Rubia, de buena planta, delgada, dio un pequeño respingo cuando le puse la mano en la nuca pero no se apartó. Aproximé mi cuerpo al suyo y mis dedos fueron explorando su cuerpo a través de la ropa. Respiraba fuerte, acelerándose con mis tocamientos. Su pareja se había colocado de medio lado así dejaba el frente a mi marido y podía investigar en mi cuerpo con mayor facilidad.

Bajo la falda aparecieron unos pantis, sin nada más pero se resistía a que los bajara, sólo me consentía que metiéramos mano por dentro para acariciarla. Pero su compañero iba lanzado y en cuanto pudo se dedicó a quitarme la ropa y a aplicar su boca por cualquier hueco descubierto. Me dejé un poco, tenía buena mano él; pero el juego era tan dispar entre ellos dos que decidimos dejarlos.

Cambiamos de planta, queríamos pasar a las camas. Todo estaba demasiado tranquilo, nadie más ocupaba esa zona. Había algún chico detrás de la celosía. Siempre me ha dado morbo eso de que no tengan completo acceso a tu cuerpo y permanezcan mendicantes y excitados mostrando sus miembros por los agujeros. Siempre les daba su recompensa. Me llama poderosamente el ver emerger de aquel muro los falos tensos, desnudos, reclamantes. Me acerqué a compensar su espera, aproximando mi boca y mi cuerpo para darles placer. Intentaban sacar sus manos, tocarme un poco más. Era una dulce agonía de miembros goteantes. Les di lo que pedían, atendí a cada uno de los que me quisieron, chupé, lamí, ofrecí mi sexo, pegando mi cuerpo al muro como un animalito. Y yo me quedé con ganas de más.

Nos tumbamos un poco más allá, estábamos morbeando por todo lo que acababa de suceder, cuando noté el cambio de expresión en su cara. Me hizo un gesto para que mirara quién se acababa de aproximar a nosotros. Sólo con una toalla enrollada en la cintura, aquel muchacho negro estaba justo detrás de mí. Empezó a requebrarme con un precioso acento cubano, cogiéndome la mano, aproximándome a él.

Comenzó a besarme. Indescriptible, jamás había sentido esa sensación de labios carnosos y prietos; me besaba apasionado, jugando con su lengua o sin ella. Primero la boca y después el resto de mi cuerpo. Me recorrió enterita, mientras que con esas manos enormes me manejaba a su antojo.

Su piel es distinta, suave y gomosa. Su olor diferente con un punto de dulzor excitante.

Y sí, como en las pelis porno, recta, larga, dura, en definitiva, una polla preciosa.

Hizo de mí lo que quiso, me tenía desmayadita de placer y no me daba opción a decidir. Conducía mis besos, mis manos para que le acariciara, mi boca para que me gozara de su miembro, mis piernas para mantenerlas abiertas. Jugó con sus dedos primero y después fue aproximándose, despacio, apretando de a pocos, como si yo fuera una niña glotona a la que hay que dosificar. Me la fue metiendo agónicamente y mientras yo podía contemplar su torso perfecto, acariciar sus nalgas apretadas y levantar mis caderas para sentir la presión de aquello entrando en mi cuerpo.

Entonces cogió un ritmo suave y delicioso, como si estuviera bailando, recorriéndome por dentro. Y cuando me tenía a punto de caramelo me dio la vuelta. Me sujetaba con las piernas, parecía como si se retrepara sobre mí, bloqueándome y sin parar de moverse. Y continuaba con su ritmo, sin cejar de darme placer, manejándome a su antojo.

Sudorosa, los gemidos se me derraban. Todo mi cuerpo destilaba placer y aquel macho descomunal continuaba haciéndome suya. Yo miraba de reojo a mi marido, tumbado a mi lado con los ojos desmedidos. Lo que estaba ocurriendo era insólito.

Más vueltas me dio y más me usó según su voluntad.

Entonces la sacó de repente y con su mano continuó un ritmo frenético hasta convulsionar entre fuertes alaridos, regando todo mi cuerpo con su lefa. Impresionada por aquella sesión salvaje de sexo, alargué las manos para atraer el cuerpo de hombre sobre mí y contarle entre gemidos de placer lo que acaban de ver sus ojos.

Así que, no digas que no te gusta, sólo que no lo has probado lo suficiente.

Besos

Aquí se come a la carta

Ayer me llamó una pareja de paso por nuestro país. Me he quedado impactada. Hace años que me dedico a mirar de dónde proceden las entradas de mi blog, me gusta imaginar las procedencias de los que, quizá en algún momento, lleguen a compartir el lecho conmigo. Pero saber que ellos en concreto llevaban tanto fantaseando conmigo y que acababan de llegar y ya me estaban llamando… Lo que pasó después merece que lo cuente en otro momento y detenidamente.

Así que, aquellos que contactan conmigo han podido leer sobre mí y tienen ya su cliché de MariaG. Claro que esa idea puede distar mucho de lo que buscan o incluso de la realidad y puede ser que lo que se topen sea algo que les gusta incluso más.

Me imagino que si llamara a una mujer de la que he leído que es una leona en la cama, me tumbara esperando verla evolucionar y devorarme y no me encontrara eso, pues quedaría defraudado. Pero ahora si me meto en su pellejo, igual su comportamiento de leona no viene de serie sino que responde a una excitación previa, al juego que se establezca, al morbo. Y lo mismo puede ser una leona que una dulce gatita.

Pues eso, ni en serie, ni indiscriminadamente, ni patrones fijos. Aquí todos comemos a la carta.

Streeptease privado de una ejecutiva (I)

Ainara nos cuenta su primera vez

Esta historia que voy a relatar es totalmente verídica. Una de mis fantasías desde que tengo uso de razón, es estar con una mujer. A mi corta edad he de decir que he tenido muchas ocasiones para cumplirlas, pero la verdad es que siempre tuve mucho miedo a hacerlo… Por que??? Miedo a que no me gustara, tal vez, a no estar a la altura, no sé, hay un sinfín de razones… Pero últimamente … me ha entrado de nuevo el gusanillo de probar… cosas nuevas, esas fantasías… Pues nunca pase de un morreo con una chica… hasta el otro día. Y de la mano de nuestra querida MaríaG…
Quedamos para comer. Simplemente para comer, pero yo sabía que habría postre… jijijijij. Quedamos en un vips al lado de su apartamento. Cuando la vi salir, pues estaba en el baño, me dije que hice requetebién quedando con ella. Es tal cual como me imaginaba, natural, muy natural, guapa, ni grande ni pequeña, con curvas… y con una cara muy simpática y morbosa…
Llevaba una camisa marrón que marcaba su pechos… mmm, y yo imaginando como serian sus pezones… No tengo remedio, incluso con los nervios que llevaba encima!!!! De hecho iba temblando… hablaba con ella y temblaba, pero ella, tan maja como es, hizo todo lo que estaba en su mano para relajarme… notó mis nervios, para no hacerlo, se notaba a una legua de distancia que estaba tiesa como un ladrillo y mas colorada que un tomate!!! De hecho yo ya la avise de que iría hecha un flan jijiii Me dijo que no me preocupara, que ella haría todo el trabajo jijijijiiji por lo que ya podía ir poniéndome cómoda…
Hablamos de todo un poco, de mis comienzos, de mis servicios, de mis gustos.. etc. Y yo con la risa tonta… jajaja mira que me considero una chica con desparpajo y bastante habladora, pero con ella solo sabia reírme y ponerme colorada… Sería mi primera vez, es comprensible no? xD Bueno, a lo que iba. Cuando terminamos de comer me pregunto que si quería el postre en casa y yo no lo dude un instante… la dije que si inmediatamente. A lo mejor ella pensaba que sería más difícil de roer, no lo sé, pero la verdad es que estaba muy caliente, no hacía más que mirarla esa boquita tan bonita que tiene e imaginar todo lo que me haría, todo lo que sentiría con ella… Estaba ardiendo con cosquilleos desde las piernas hasta el estomago…
Ya subiendo en el ascensor… me provocaba… ya sabéis chicos, es que esta chica es todo morbo.. . Cuando llegamos a su casa me agarró de la mano y me dirigió a su habitación… y empezó a besarme suave… muy suave… provocando como ella sabe… Pero que bien sabe… Pensaba… Dejándome besar. Me fue desnudando poco a poco y me dejo en tanguita, me tumbo y siguió besándome, y yo mas caliente que una estufa chic@s… Me besaba los mofletes.. el cuello y los hombros…el pecho, la tripita y los muslos…. Hasta llegar a mi gran tesoro. Me acuerdo que me dijo: estas demasiado vestida jjajajaja yo estaba tan en mi globo disfrutándolo al 150 %, que tuve que mirar a que se refería, y era por mi tanga jijijiji, estaba claro que yo solo estaba centrada en mi placer mas oscuro… Me las quito, despacito… Y acto seguido se las paso por la nariz mirándome directamente a los ojos… Dios mío, que imagen, una chica preciosa con una mirada lasciva oliéndome las bragas…eso termino de calentarme y ya notaba que estaba listísima para el ataque, el pecho se me acelero y mi respiración estaba muy, muy agitada, cuando la veo que saca la lengua y empieza a lamer… mi tanga… saboreando… En ese instante con un simple roce hubiera llegado al orgasmo, jajaja todo esto paso en muy poco tiempo y creo que se le podría denominar eyaculación precoz jajajaja, como me pone esta mujer… me la volvía a comer mientras escribo esto… Y de nuevo me voy por las ramas xD No lo puedo evitar, pienso en mi experiencia y me pongo mas caliente que el palo de un churrero jijiijiji.
A lo que iba, yo estaba que no podía mas, y ella bajó.. abajo… y lo acaricio… despacio, suave, delicadamente… y de repente suelta un gritito. Abro los ojos sobresaltada y la veo con una sonrisa de oreja a oreja, con una cara… (mmm Maria… Ahora mismo te deseo como no sabes… guapa…) La pregunte que ocurría, que había pasado… Y me dijo que nada, que ahora vería Click here to enlarge Saco el móvil y me fotografió el coñito de primer plano y me la enseño… Jijijijiji, no me lo podía creer, mi coño estaba tan mojado que tenía un superhilo de flujo recorriéndolo entero hasta llegar a mi culo… Si… Solté una pequeña carcajada… jijijiii me encantaba ver lo que había sido capaz de hacerme maria, pero me gusto muchísimo más ver lo que paso a continuación…
Mi querida María lo recogió todo con el dedo y se lo paso por la boca… mmm que bien sabes ainara… Lo quieres probar? Yo encantada dejé que me metiera el dedo en la boca y luego me dejé besar… Y yo ya no podía más… De verdad!!!! Me pidió permiso para que entrara Lucia a la habitación… Y que decir, jijijiji, que ni me importo… solo quería explotar en un inmenso orgasmo… Cuando en menos de un minuto estaba Lucia en la habitación!!!! Voló para venir a saborearme… Y ya os podéis imaginar lo que paso a continuación… no se cuanto tiempo paso… no tenia noción del tiempo, estaba desorientada… Recuerdo que el día lo empecé con el pie izquierdo y me fui a la cama mas relajada y feliz que una perdiz Click here to enlarge
María, gracias por esta experiencia inolvidable, los orgasmos que me regalaste han sido los más intensos que he tenido en mi vida, muy ricos…. Y… espero repetir… jijijijijii

Cuando el WhatsApp deja de ser una tortura

Es una mujer guapa, me llamó la atención cuando vi su foto en el perfil del whatsApp.

Me escribió un día, había visto un anuncio mío y había estado curioseando en mi página. Quería darle una sorpresa a su marido, sería su primera vez con una profesional y buscaba una mujer que fuera cómplice de sus juegos pero sin llegar a culminarlos.

Cuando llegué a la terraza del bar, la cerveza ya iba por la mitad. No me costó reconocerlos, ellos no quitaban su mirada de mí. Camiseta marcando figura, escote bien pronunciado, pantalón blanco, un bomboncito.

A veces un rato previo puede aumentar la tensión y hacerse incómodo; con ellos fue un precalentamiento. Quince minutos después estábamos en el apartamento.

De pie, los tres, en mitad del cuarto, comenzamos a besarnos. Entreabría sus labios y poco a poco iba venciéndose y entregándose. Mis manos buscaban su cuerpo y la ropa fue cayendo y con ella las prevenciones. Una sonrisa pícara apareció en su cara, había pasado el miedo inicial y acababa de retomar la iniciativa.

Como dos gatitas en celo nos pusimos de rodillas y caminamos sensuales moviendo nuestros culos hasta colocarnos en la cama. La llamada fue escuchada por nuestro macho y segundos después estábamos los tres abrazados en intensos besos. Ella fue nuestro objetivo. La fuimos recorriendo sobándola, lamiéndola. De pechos perfectos, era imposible sustraerse de aplicar los labios en los pezones tersos, reclamantes.

Casi se me adelanta, pero no, probar sus jugos era mi privilegio deseaba intensamente catar su sabor, hundir mi rostro entre sus piernas. Los labios cerraditos y, al apartarlos, toda su humedad se hizo evidente y no perdí un segundo para meter ahí mi lengua y arrastrar esos hilitos transparentes para degustarla. Y, sin desatender con mi mano, busqué con la lengua otro espacio prohibido. Subía la cadera, me confería el ritmo que ella gustaba y mientras, con la boca, atendía a su marido.

Pero se retuvo, no quiso entregarse por completo y prefirió jugar con mis propias cartas y hacer que fuera yo la que me recostara. Me recorrió entera, se tomó su tiempo para ir probando como reaccionaba cada parte de mi cuerpo. Yo deseaba sentir el calor de mi sexo directamente en el suyo. Me monté sobre ella y dirigí sus piernas para acoplarme. Sujetándola por la cadera, le conferí el ritmo que pedía su respiración y esta vez sí, se dejó llevar por mí y ambas ascendimos sin retorno hasta quedar abrazadas y jadeantes.

Ese espacio fue para él, como dos esposos que se reencuentran, ella se subió sobre su hombre para devolverle, entre besos, lo que siempre fue suyo. Me evaporé, por unos minutos, mientras ellos se retomaban, cedí mis manos, presté mi boca y acompañé su juego hasta que sus gemidos se apagaron.

Recostados, entre caricias, los tres comentamos impresiones y experiencias, como si fuéramos amantes ya conocidos. Un rato de otro tipo de intimidad que pensé daría fin a nuestro encuentro.

Y, de repente, nos encontramos de nuevo en un abrazo a tres. Y nuevas combinaciones amorosas surgían para continuar disfrutándonos.

Entonces me pidió algo que yo no esperaba pero que deseaba intensamente. Quiso que me subiera sobre su hombre, de espaldas, dejándoles la perspectiva de mi culo; susurrándole al oído, le conducía y provocaba y arrancaba de su boca expresiones de infinito placer. Así fue hasta que mi turno acabó y ella, golosa, ocupó mi puesto.

Se aproximaba el momento y otra fantasía bullía en su linda cabecita. Se puso de rodillas a un lado y yo cual imagen especular imité sus movimientos. Ambas prestamos toda la atención a aquel miembro erecto y turgente que teníamos delante. Y nuestras lenguas a la par, húmedas, inquietas, hasta conseguir que se derramara en nosotras, poder degustar ese néctar fecundante, y complacernos en jugar con nuestras bocas inundadas.

Tumbados de espalda, sonrientes, bella estampa y estupendo colofón para aquel intenso encuentro. Cumplieron sus fantasías, pusieron carne y emoción a las imágenes que poblaban su mente. Horas deliciosas en las que me sentí un vehículo de la pasión entre dos esposos.

A veces me hago un lío

Extraños en un tren: Regreso de Barcelona

Ya era tiempo de regresar a casa después de un intenso fin de semana en la Ciudad Condal. Me acompañó hasta el andén y nos despedimos cariñosamente.

Duré poco sentada en mi asiento. No ponían ninguna película interesante y yo, en cualquier caso, andaba inquieta. Llamé a casa. Mi marido estaba bromista y comenzó a tomarme el pelo con la posibilidad de que ocurriera lo mismo que en el camino de ida; si entonces me había costado todo el viaje pescar algo, ahora, con el tren lleno, sería imposible, por lo cual, lo suyo es que reposara y llegara de vuelta relajadita.

Hubiera podido estar bien ese plan. Pero se me ocurrió dar una vuelta por el tren. Caminé por los pasillos despacio, mirando a los pasajeros, preguntándome por sus vidas, sus razones para viajar,… Entonces mi vista recayó en un chaval, muy guapo él, sentado solo al lado de la ventanilla. No lo dudé, me senté a su lado. Se quedó un tanto asombrado y más cuando comencé a darle palique. No me movía un interés real por su vida, sólo quería comprobar si sería factible convencerle. Le pregunté, a media voz, si tenía novia o la había tenido, pero no, el chico decía ser tímido. No lo pensé más. La propuesta le hizo dudar y le alteró profundamente, tenía la respiración entrecortada, los ojos muy abiertos. Sonrojado se incorporó y sin mediar palabra se dirigió a la parte posterior y me esperó.

Pasamos la cristalera que daba acceso al siguiente vagón, no nos cruzamos con nadie y entramos en el WC, estrecho, minúsculo. El chico temblaba como una hoja, me atrajo hacia él y comencé a besarle mientras le desabrochaba la ropa. Los pantalones caídos, la camisa abierta y sin separar los labios de los suyos, sin contemplar su belleza, sin valorar la firmeza de su verga, me subí sobre él. Despacio, regodeándome en ese momento, me fui dejando deslizar por su miembro hasta que le tuve por completo dentro de mí. Entonces el mozo se contrajo, con movimientos espasmódicos me apretó un poco más fuerte y, se relajó. Entonces las prisas por vestirse, por salir. Como primera experiencia de un chaval; la cosa había sido más bien fugaz pero indescriptiblemente intensa.

Nada más salir llamé por teléfono. Estaba radiante, había conseguido toda una proeza. No esperaba la reacción de mi hombre. Se enfadó mucho, él no contaba con que yo fuera a coquetear por ahí y le había pillado de improviso. Así que me impuso un castigo: No me pondría un dedo encima al llegar a casa si no era capaz de repetir la hazaña 5 veces más, le llamaría puntualmente con cada uno y obtendría en todos los casos leche. Me dio una rabia tal, que no sabía si tirar el teléfono por la ventanilla o echarme a llorar. Me parecía de todo punto imposible cumplirlo. Tras unos minutos de pánico, me serené, no me daría por vencida a la primera.

Comencé una búsqueda sistemática. Primero en la cafetería, casi todos eran hombres solos y a todos me aproximé. Uno leía el periódico y me lo agradecía pero estaba esperándole su novia en la estación; otro no dejaba de repetir que si era una cámara oculta y que tenía novia; un tercero hablaba como si estuviera de vuelta de todo, su mujer dormía y él tomaba un café; un morenito prefería las relaciones más pausadas;… Yo entraba y salía, les abordaba en el pasillo o de pie en la barra. Cuando ya iba a dedicarme a otra táctica, el del café me adelantó en el pasillo y me hizo una seña. Abrió el servicio de minusválidos y entramos. Directamente me inclinó hacia el lavabo y apartó mis bragas para probarme y luego de regodearse unos instantes se bajó la cremallera del pantalón y me tomó sin más miramientos. Por encima de la ropa me agarraba los pechos y me atraía rítmicamente, con fuerza; y sin soltarme comenzó a acelerarse y a emitir quejidos hasta que noté como un calorcito me recorría por dentro y resbalaba por los muslos. Tardó menos que yo en arreglarse la ropa y salir. La chica que estaba fuera esperando miró hacia otro lado cuando se abrió la puerta.

Volví a primera, a mi asiento y el tipo que estaba detrás de mí comenzó a darme palique, en plan conquistador y le seguí el rollo. Quería fumar y nos dirigimos a la zona de las maletas. Cuando se empezó a poner empalagoso le eché un órdago y le propuse entrar ahí mismo a los servicios. El tipo comenzó a meterme mano en los dos escaloncitos de bajada del vagón y seguía requebrando pero nada hacía por ponerlo en práctica. Le di un poco más de tiempo, repetí mi propuesta y me disculpé para ir a dar otra vuelta. Qué coraje me daba el tiempo que me había hecho perder aquel chulito.

Estaba cachas, rubio, claramente extranjero y de pie paseando entre compartimentos. Se le iluminó la cara cuando le dije que me aburría y me cogió la mano rápidamente para llevarme dentro del baño. Me sentó y comenzó a besarme con delicadeza, a desnudarme despacio, a recorrerme primero con la vista como si me estuviera devorando y luego con sus labios. Se tomó su tiempo para complacerme adaptando sus movimientos a mi ritmo y cuando me vio estremecerme entonces se deslizó dentro de mí; me levantó en vilo, ensartada y con sus fuertes manos agarraba mi culo para moverlo arriba y abajo. Yo seguí buscando sus labios y aprovechando cada milímetro de placer que me daba. Me bajó repentinamente y me pidió la boca; la abrí todo lo que pude, jugué con mi lengua y ese capullo tenso y rosado hasta que estalló dejando escapar su simiente. No dejé que se desaprovechara ni una gota.

El panorama en los vagones era desolador, buena parte de la gente dormía. Me quedé en la puerta observando y alguien me siguió con la mirada. Le guiñé un ojo y sonrió; me acerqué a su lado y le hice un gesto con el dedo. Se deslizó sigiloso para no despertar a su acompañante. Una vez fuera comenzamos a reírnos, lo coñazo que eran los viajes largos. Me mordí el labio, le miré picarona y le propuse hacer una locura. Se sobresaltó pero me siguió sin rechistar. Se sentó abriéndose el pantalón, agarró con las dos manos mi cabeza y la retuvo mientras me follaba la boca con violencia, sin miramientos, hasta correrse. Salió pitando.

Volví a mi asiento y el de atrás volvió a darme palique. Pero ya me había cansado de cretinos, así que levanté de nuevo.

Di varias vueltas, ya quedaba poco para llegar y parecía imposible conseguirlo. Me quedaban dos y veinte minutos. No tiraría la toalla hasta el final.

En el furgón de cola, con chándal vestido, escuchaba música. Me apoyé en la pared, levanté mi falda y sin separar los ojos de él, comencé a masturbarme. Se quedó parado; su pantalón comenzó a abultarse y se llevó la mano por fuera para agarrársela. Le hice un gesto con la cabeza y, sin apartar su mano, fue avanzando hacia donde yo estaba. Me giré, aparté mis bragas, dejé que cayeran al suelo y eché el culito para atrás. En segundos tenía su polla pugnando por meterse en mí, empujando como un toro para poseerme. Allí, en el pasillo, de pie, en el vagón. Fueron segundos, minutos quizá pegando mi cara contra la pared y sintiendo el placer de un miembro turgente llenándome con su fuerza.

Cuando llegué a casa, contenta de mis logros, fui recibida con total indiferencia: No había conseguido cumplir el castigo. Así que, con las mismas me fui a la calle. Me dirigí al único sitio que se me ocurrió, un VIPS y en la puerta un taxi parado, su conductor venía de allí precisamente. Antes de que subiera, desde el lado del acompañante, me apoyé en el techo con los brazos cruzados y le dije que me aburría, que mi marido veía el futbol y que seguro que en alguna calle por aquí detrás nadie nos molestaría. Me subí a su lado y me levantó la falda. Paró unos metros más allá, en una calle cualquiera y pasamos a la parte de atrás. Llamé a mi hombre, “aquí está mi quinto semental” y me subí sobre el taxista que estaba ya totalmente preparado. A mi ritmo, complaciéndome en cada movimiento, círculos amplios, después más pequeños. El coche se movía, las ventanillas bajadas, el aire faltaba. Él no dejaba de alabar mi cuerpo, de sobarme en firme, de jalearme.

Y cuando comencé a gemir se unió a mí y nos corrimos estrepitosamente.

Ahora sí, cuando llegara a casa sería recompensada como me merecía, por un servicio social desinteresado e inapreciable, por ser una gran puta.

¿Quién es quién?

MariaG al solecito

Extraños en un tren: El Bagdad

Me recogió en la estación. Iríamos a su casa un rato, a coger fuerzas para dar una vuelta por la Ciudad Condal. Un paseo y una buena cena. 

Estaba impaciente por que llegara la noche. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de conocer aquel local. Llegamos los primeros, tanto que tuvimos que esperara en la calle a que nos dejaran entrar. Bajamos las escaleras. Unas vitrinas con cositas de sexshop y un arco de  acceso a la sala. Me sorprendí de lo pequeño que era aquello y el tufillo demodé, que no deja de tener su encanto. De frente una barra con una cobriza de desmayo, insinuante y ligera de ropa. A la derecha se abría la sala rectangular con filas de butacas dibujando una U, el escenario en el centro rodeado de cortinajes cerrados. Y una puerta al fondo.

Nos sentamos en primera fila, justo delante del escenario, con una barandilla de separación. Tardaríamos un rato en compartir la sala. Poco a poco, primero una pareja en la izquierda, luego en la derecha unos cuantos chicos. Alguna pareja más detrás de nosotros, un grupo de japoneses, unos chicos un tanto borrachos de despedida de soltero. Hombres solos, nacionales y extranjeros y de todos los colores.

Y en algún punto de nuestra espera, comenzó a sonar música. A partir de ese momento fui transportada a otro mundo.

Morena, alta,  con un cuerpo de infarto. Esa mujer se puso a bailar para mí, me miraba, se tocaba, recorría con su mano todo su cuerpo, cerraba los ojos. Tumbada  bocabajo, con su hermoso culito levantado, nos ofrecía una visión intolerable de su sexo desnudo. El escenario daba vueltas acercándonos su desnudez un poco más.

 Entonces sacó un consolador y comenzó a jugar con él. En su boca primero, rítmicamente introducido, entre sus piernas después. Deseaba ardientemente ser yo quien lo manejara. Tan cerca y tan inaccesible.  Y se veló para mí y la música cesó.

Azafata y piloto uniformados, rubios, guapos y de cuerpo estupendo. Nada les costó desembarazarse de sus ropas y comenzar a evolucionar. Él nos mostraba la belleza de la dama, su sexo abierto, expuesto y ella, de rodillas, cual si suplicara la atención de su macho. De pie, por detrás, se fue acercando para ensartarla, mostrándonos todo su cuerpo, inclinándola hacia nosotros. Tan cerca de mis ojos podía ver su miembro presionando para entrar en ella, dilatándola, tensionando de tal manera que casi parecían uno. En el suelo, arqueada la espalda, los movimientos acompasados y mis manos inquietas se me escapaban para tocarme.

Dos espectaculares morenas y altísimas, con cuerpos perfectos, aceitados y deseables. No tardaron en bajar del escenario y comenzar a jugar con los chicos que estaban sentados a mi derecha. Les provocaban haciendo que las acariciaran que les dieran un beso, que les desabrocharan la poca ropa que llevaban, mientras bailaban insinuantes.  

El desenlace era previsible y para mí mucho más deseable que para aquellos incautos. Eran dos travestis de desmayarse.

Un pequeño descanso. Ya estaba la sala mucho más llena, habría pasado qué se yo, ¿una hora? Quizá más. Dejé a mi acompañante sentado, él era más bien tímido y prefería no moverse por allí. Me acerqué al bar, no tanto con la intención de tomar algo sino por ver a las chicas. Como en un burdel de los de siempre, las bailarinas, en traje corto, luciendo encantos, permanecían sentadas en altos taburetes, con una bebida entre las manos. Me acerqué. No me resistí a poner una mano en la pierna de una y preguntarle cómo funcionaba aquello. Me dijo los precios y me señaló la puerta que nos conduciría a otro mundo. Me quedé con las ganas, no habíamos venido a éso y mi acompañante me quería en exclusiva.  Toqué los culos que pude, metí mano a algún escote y volví a mi sitio.

Me sorprendió que fuera ella, la preciosa joven que estaba hace un momento en la barra ahora estaba allí, delante de mis ojos, con tan poquita ropa… Sensual como ninguna, provocándome con su mirada. No pude resistirme, abrí un poco más mis piernas, apoyé delante los pies y, recostándome me subí la falda para poder meter  mi mano entre las piernas.

 

Su objetivo lo estaban consiguiendo, me tenían alteradísima. Y ella seguía moviéndose para mí, sin dejar de mirarme, prometiéndome unas mieles que no podría alcanzar.

 A ese sí que le conocía, no guardo recuerdo de cuál era la mujer que estaba con él pero sí que desee ser yo la afortunada. Dinio estaba sobre el escenario, actuaba como macho dominante y la agarraba con furia y se le notaba brusco y a ella un tanto molesta. Pero eso le provocaba y él seguía con un punto más  de fuerza. Tiraba de su rubia cabellera, la colocaba a cuatro patas y daba golpes de riñón sonoros. Y yo estaba siendo transportada a la edad de piedra y estaba viendo a un semental marcando a su hembra y no podía dejar de desear haber sido yo la que allí estuviera. Y para rematar aquella exhibición de poder masculino, de pie, con su miembro turgente en su mano, continuó dándose placer, demostrándonos la fuerza de su masculinidad y ofreciéndonos el espectáculo de ver salir el preciado líquido, con fuerza, a chorro, empapando las cortinas.

Cuando apareció ella yo estaba derretida en mi asiento. El pulso acelerado, rubor en mis mejillas, las piernas abiertas y mi sexo húmedo. Buscó entre el público y a mí me faltó tiempo para saltar al escenario. Me ofreció su boca y yo la tomé entera, besándola con pasión y tocándola con premura adolescente. Yo a penas era consciente de lo que estaba pasando pero poco a poco mi ropa fue cayendo al suelo y sus caricias se iban intensificando. No tenía ojos más que para ella y temía el momento en que mi tiempo concluyese. Estaba desnuda, con su mano entre mis piernas, colocada de rodillas, mirándola. Entonces aparté su apretado tanga para descubrir su secreto y me dejó que la metiera en la boca, deseosa de notarla caliente y dura. La plataforma siguió girando pero las cortinas me ocultaron del público. Nunca sabrán que en esos momentos hubieran podido hacer conmigo lo que hubieran querido, estaba totalmente entregada al placer y deseosa de experimentarlo allí mismo, bajo aquellos cegadores focos.

 Pero me dejaron marchar abrochándome la blusa, sin bragas y jadeante.

Imposible recordar nada más. Sí, salieron al escenario alguna belleza que otra y bailaron pero mis ojos ya no se centraban. Estaba borracha de imágenes impactantes, de escenas que no olvidaré mientras viva. Ahora era tiempo de retirarse y dejar que todo aquello bullera en mi cabecita mientras me entregaba al placer carnal.

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid