Perlas en el recuerdo

Hoy me ha escrito un chico argentino que estuvo por aqui hace, al menos, 4 años. Sólo me dio una pista, había ido a su casa y me había espiado mientras me duchaba. Le recordaba perfectamente, recordaba su casa, el curso sobre aviones que estaba realizando, incluso partes de nuestras conversaciones.

El chico no daba crédito y se lo creería menos si  supiera que no conservaba registro de su teléfono.

Como éste, otros se sorprenden de que reconozca su voz, aunque no les haya visto nunca o de que recuerde los años que hace que son mis clientes.

 

Pues normal que los recuerde, mi trabajo no me resulta indiferente. Podría haber llegado a ser rutina, desnudarme delante de un hombre distinto sin emoción, sin un punto de excitante pudor; pero sigo entregándome a cada hombre como si fuera la única vez en que yo adulterara o como si de nuestra noche de bodas se tratara.

Así que, aunque nunca pregunte sus nombres, conservo como perlas los recuerdos que me regalan.

 

Besos

Redecora tu vida

En una calle de Madrid

No tenía previsto más que una charla informal. Fui a recogerla al trabajo, una mujer alta y con gracia, rubia de ojos despiertos.

Le abrí la puerta del coche, dos besos. Era tímida y yo fui directa a los temas de interés. Que lo hacía por necesidad, que era temporal, su pareja estaba la tanto,… Y lo más interesante: Quince años atrás, en un club de intercambio, estuvieron con una pareja y no había vuelvo a catar fémina.

La cosa no pintaba mal.

El remite de la llamada era bien conocido, hombre joven y muy morboso, el primero que me llevó a una casa de travestis, hace ya algún tiempo.

Respondí, se estaba masturbando mirando mis fotos. Yo iba al volante, así que le invité a charlar con mi acompañante. No tenía ni idea de cómo iba a reaccionar la novata , por el momento sus respuestas eran un tanto apocadas. Volví a tomar el aparato y le invité a tocarse conmigo pero ante la imposibilidad de seguir al volante, agarré la mano de ella, levanté mi falda, la metí dentro de las bragas y le aseguré que disponía del tiempo que yo tardara en correrme.

De colores se visten las flores

El cuerpo de bomberos

Común es charlar un rato después de yacer con un caballero. Y ese día descubrí que su profesión era una de esas que a a las mujeres tanto subidón nos da, de esas en que llevan uniforme y arriesgan sus vidas.

Así que recordé un video que no tiene desperdicio:

Bomberos de MaríaG

 

Besos

O la puta al río

Entonces nos sorprendía mucho su actitud, nos contrataba para dos horas, alquilaba un apartamento y cuando él terminaba su faena no consentía en que permaneciéramos allí, quería que nos vistiéramos de inmediato, aunque lo que estábamos deseando fuera jugar un rato más entre las sábanas.

Pues resulta que es más frecuente de lo que yo imaginaba ese síndrome de «o follamos todos o la puta al río».

Se ve reflejado de mil formas diferentes y siempre con el mismo patrón: todo parece distinto después del éxtasis y ya no queremos el juguete.

Ejemplos, todos los pensables, pues mil veces me he visto en situaciones de ese pelo.

Esta vez éramos tres pues contratada también estaba una trans. Y yo, que me pirrio por estas mujeres perfectas, que me tiro a sus brazos y gusto de todo su cuerpo, pues yo estaba en absoluta vorágine de placer.  Y nuestro cliente estaba encantado con todas las atenciones que le prodigábamos. Por eso mismo nuestros besos le tenían trastornado. Tanto es así que poco, muy poco pudo gozarlo. Así que salió de la habitación desnudo, arrastrando su ropa al pasillo, se la puso farfullando y esperó sin dejar de protestar hasta que dejamos nuestros tórridos juegos, para irse, sin dejar de denostar la falta de profesionalidad de una servidora.

En otra oportunidad viví unos minutos muy tensos. Sólo hacía unos días que había conseguido cumplir una de mis fantasías: Subirme a la cabina de un camión y probar su catre. Me había costado días de intentos porque los caballeros que, detenidos en una estación de servicio, no podían comprender que una joven quisiera subir sin cobrar y me contestaban que no. Así que, con la petición económica por delante, pude ver cumplida mi fantasía y ser invitada a conocer el lecho escondido tras los asientos.

Aquel sexo era en sesión matinal y una vez quisimos probar cómo sería por la noche. Decenas y decenas de camiones se agolpaban uno al lado de otro, parecía el paraíso. Subí a uno en el que cuatro hombres terminaban su cena. Me magreaban entre risas mientras acordábamos mi propina y el orden, cada uno quería en su reducto. Después del primero, el jovencito inexperto, me subo donde un hombretón que temblaba de puros nervios; él me contemplaba mientras me despojaba de mi vestido. Y sólo se aproximó a mí con su falo duro sobresaliendo de su ropa y, nada más contactar con mi piel noté la calidez de su simiente derramada.

De inmediato comenzó a decir «sexo no bueno» y a retenerme desnuda. Mis gritos debían de oírse en Roma porque, de repente, se abrió la puerta del copiloto y a penas entendí mas que una palabra mágica: policía. Y de inmediato me vi libre para vestirme y salir pitando de allí.

Y así podría relatar hasta desfallecer. Ya lo decían los romanos, «Eros llega alegre pero marcha triste»

 

Besos

De allende los mares: Rebebeca

Y Dios creó a la mujer

Siempre los he esperado con nervios. 20, 30 hombres, quizá más y yo delante de ellos, desnuda, ofrecida.

Cuando se da la señal se aproximan por todos los flancos media docena de hombres de inquietos falos se ciernen sobre tí. Entonces disfruto de postrarme, cual adoradora pagana, y catar con esmero cada uno de los que me son ofrecidos. No es un trámite, no es un acto de espera para lo siguiente,es pleno y tremendo y gozoso.

Sus manos buscan, recorren y yo me abro para no negarles nada, para que esa frase tan común en sus oídos de “quita!” o bien “ahora no”, que esa frase de desprecio femenino salga de sus mentes por unas horas. Y alguno, valiente, se tira al ruedo y toma como macho por derecho, y me hace sentir de nuevo, plenamente mujer.

Y a partir de ese instante uno tras otro, mano a mano, en una verbena de gemidos y éxtasis, de gozo y placer.

Pero el otro día por el rabillo del ojo podía ver a otra mujer de hermosas carnes, Kelly, que repartía placer a cuantos se aproximaban a ella. Y entonces ocurrió lo inesperado, una tercera mujer entró en escena, una mujer que conozco y deseo desde que la supe como puta y ya no tuve descanso hasta unirme con ambas.

Entonces ya sólo existían ellas, sólo sus labios carnosos, sólo sus sexos como heridas abiertas, me llamaban. No sé si fue primero su boca o antes su pecho, no sé cuántas manos aparté para hacerlas mías. Me tomaban libremente mientras yo gozaba de esos cuerpos deliciosos.

Y le perdí a Anna si tenía ella ganas, pues las mías venian desde hace años. Y al decirme que sí, pedí a los dos hombres de mis costados que me elevaran, que me pusieran a la altura de sus hombros; ella esperaba con el rostro en alto y la boca abierta. Y así, sin dejar de tocarme, justo en el punto de disparo de un orgasmo, empezó a fluir una lluvia dorada y cálida, mojando, fecundando, inundando. Conservó parte en su boca y nos fundimos en un beso, en el beso de dos hembras entregadas a su naturaleza.

 

 

Besos

Lavando el coche

Simplemente le llevaba otro coche. Me gusta mantenerlo limpio, que él se cobre libremente según su capricho le dicte.

 

Ya le debía faltar poco para terminar y me fui acercando al sótano. Iba hablando distraída por teléfono, entonces me fije en un operario jovencillo que ya se iba de la zona de lavado.

Tienes un rato libre , esa fue mi primera pregunta. Me entendió fácilmente, alguna insinuación más sobre mi aburrimiento y ya empezó a negar que pudiera. Que estaba felizmente casado, que no podía,…

Sólo se me ocurrió darle un par de regalos visuales, sin pretensión de cambiar su opinión, sólo por ponerle un poco más nervioso.

Él seguía negando que pudiera hacer nada y, sin embargo, caminaba a mi lado y respondía a mis preguntas sobre dónde podríamos tener un momento de intimidad.

Y sin más se encontraba abriendo una portezuela y dándome paso a un momento de intimidad.

Le temblaba todo y no le di opción de echarse atrás, me despojé de mi ropa con un solo gesto y le dejé que me comiera  con los ojos y me recorriera con sus manos. Y fue con ellas con las que buscó mis recovecos, colocándome enfrente, sin dejar de mirarme pero sin soltar un solo beso.

Y ellas fueron las que comenzaron a moverse, nada sutiles, casi impertinentes, bruscas, acelerando mi pulso, provocando mis gemidos. Y con las piernas aún temblando me coloqué de rodillas, busqué su verga enhiesta y la expuse, casi como objeto de veneración, para lanzarme a besarla y chuparla. Llevó sus dos manos a mi cabeza, sujetándome, se dejó resbalar hasta sentarse y entonces comenzó a moverse y empujar como si fuera mi boca lo que quisiese penetrar.

Unos cuantos movimientos más y sus gemidos ahogados acompañaron a su dulce nectar. Delicia inesperada, pensaba mientras recolocaba mi indumentaria.

Y, con paso algo más ligero, me dispuse  retirar mi vehículo a la par que mis bragas.

 

Besos

 

Lavando el coche

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid