Las mujeres jugamos sucio.

El otro día encontré una noticia que me hizo suspirar aliviada: «Cien artistas e intelectuales franceses critican el puritanismo de la campaña contra el acoso sexual».

Por fin un poco de cordura. A veces me siento un bicho raro al esgrimir ciertos argumentos que van en contra de las tendencias bienpensantes. Parece que ahora toca que seamos feminacis y que se afeen todos los comportamientos galantes y corteses masculinos.

Micromachismos les llaman, ahora un hombre no puede cederte su asiento sin tener que sentirse mal.

Y se mira con lupa al hombre juzgando sus apetitos. Y se considera que, cuando las mujeres conseguimos nuestro objetivo de levantar, con nuestro aspecto, la admiración masculina, expresar ésto es sexismo. Como si fuera sólo la mirada del varón la que fuera torcida y el coqueteo femenino tuviera que resultar indiferente.

 

En esta partida las  mujeres jugamos sucio, por más que queramos hacer que los sucios sean los otros.

 

 

Besos

Así de bien nos lo montamos en Madrid

Era ya un cliente conocido y le gustaba sobremanera morbear con sexo en grupo y con lugares públicos.

Me propuso poner un anuncio como si fuéramos pareja y quisiéramos darnos un homenaje de machos. El sitio elegido sería El Pardo, un dia de diario ya anochecido.

Han pasado como 5 años y no he olvidado esa noche.

Fuimos en dos coches, Pedro conducía el primero y mi marido nos seguía. Apagamos los faros y dejamos la cabina iluminada. Como una pareja de novios comenzamos a basarnos y sobarnos. De los coches de alrededor iban saliendo chicos y se aproximaban a los cristales.  Bajó la ventanilla, las manos iban buscando con ansia mi piel. La ropa se fue abriendo y retirándose de mí hasta quedar por completo desnuda.

Y salí del coche o al menos lo intenté, pues todas las manos se abalanzaron sobre mí y a penas podía separarme de la puerta. Les facilité el acceso a mi cuerpo y me di media vuelta para que les fuera más sencillo. Me esperaban aquellas manos con las vergas enhiestas, inquietas por colarse en mí, por penetrarme, por turnarse con el resto de machos en un baile sin límites.

Y yo les iba dando paso y disfrutando de cada golpe de riñón, de cada embestida del macho. Entre todos se abrió paso un mulato bien parecido que ofreció su coche para que adoptara diversas posturas en aquel arte amatorio multitudinario. Y los hombres siguieron gozando y turnándose, disfrutando de mi cuerpo y llenándolo todo de placer.

No sé si fue una hora o la noche completa, yo estaba transportada a otro planeta. Todos fueros satisfaciéndose en mí, varias rondas hasta que estuvieron servidos.

Al día siguiente recibí una llamada. Y lo que me contó me sorprendió. Aquel caballero estaba a 700 km  por temas laborales, cuando alguien le dijo «qué bien os lo montáis en Madrid», leyó el anuncio que le mostraron, llamó para confirmar asistencia y condujo pisando a tope para llegar. Y esa misma noche regresó sin saber muy bien cómo cuadrar todo aquello. Lo que vivió le impactó tanto  que pensó que yo debía de ser una profesional y buscó hasta encontrar una meretriz con un mechón blanco. Nació entonces el germen de una hermosa relación.

 

 

Besos

 

L

Feliz Navidad y Feliz Año nuevo!!

Felices fiestas!!

Este es mi regalo para todos.

 

Besos

Haciendo amigas: Carolina y Xabrina

Quizás

Quizá hayan pasado ya diez años, de lo que estoy segura es de que no esperaba ni que conservara mi teléfono. Confesó que aquella unica vez había sido lo más intenso experimentado por él y que, desde entonces, venía de forma recurrente a su mente y era principio de mil fantasías.

Paré el coche, aquellas confesiones bien merecían un espacio entre mis piernas. Y mientras él se ponía cómodo me iba contando algunos de los escenarios posibles de un escarceo.

Era increible el grado de alteración al que estaba llegando. Tuve que decírselo entre gemidos, mis manos estaban dentro de mi ropa y no queria parar. Introduje un dedo, eché la pelvis hacia delante y permití acompañar mi voz con las contorsiones de mi cuerpo. Así hasta no aguantar más y anunciarle que me iba a correr. Fue inmediato, él estalló al escuchar mis gritos ahogados.

Quedamos para el día siguiente.

La excusa  era su caballo, ibamos a verlo, con un poco de suerte nadie mas habría allí. Fuimos directamente a un pajar, yo me aproximé a sus labios y una sensación eléctrica nos dejó pegados, sobándonos como inquietos adolescentes. Un bulto en su pantalón denotaba el grado de excitación, lo abrí y mi boca tuvo que catarla, ya no recordaba cuál era su sabor.

Y súbitamente me dió la vuelta, subió mi falda y la embocó. Me hizo gritar de emoción, tres embestidas y la tenía por completo dentro. Me agarró del pelo y me hizo prometer que me convertiría en su amante, mientras mi culo buscaba con ansia cada golpe de riñón.

Y retorcida, aullando comencé a sentir como se inundaba todo mi ser con su esperma y me derramé.

Eso fue la semana pasada y estoy tocándome mientras lo rememoro.

 

Besos

MaríaG, dos buenas razones

De compras con MaríaG

Un vicioso Síndrome de Stendhal

Estamos totalmente influenciados por las imágenes que nos asaltan. Tenemos a nuestra disposición miles de videos de porno con todo aquello que podamos desear, todo tipo de excitantes escenas, cuerpos de locura, bellezas sin par. Y luego te acercas a un supermercado del vicio y un centenar de ninfas bailan a tu alrededor; puedes comprar a capricho, según el día, hoy la más rubia, mañana la más guapa. Todo está a tu alcance.

Según pasa el tiempo ya no te sirve «cualquier cosa», las mujeres que ves a tu alrededor empiezan a dejar de ser objetos de deseo para transformarse en seres neutros o equiparables a aquella amiga de tu madre que siempre olía a cebolla y había tenido algún hijo más de la cuenta.

Ya no valoras nada más que lo perfecto y dentro de ello, te dedicas a seleccionar por apetencias peregrinas. Te ves a ti mismo encumbrado, preferido y deseado por las mujeres más bellas de la Tierra, eres grande, realmente

Entonces comienzas a padecer un peculiar síndrome de Stendhal en el que la belleza se da por supuesta y ya no es valorada, es el fin de la realidad, del sisfrute en lo cotidiano. Es la muerte del alma.

Pasamos a ser impersonales, perdemos de vista que esas características propias de cada uno, esos defectos, nuestras imperfecciones son las que nos dan nuestra individualidad.

 

Besos

Jugando a las muñecas

MaríaG en el asiento de atrás

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ESASCHICAS.COM

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid