Blog MariaG

30/11/2008

Putas por gusto

Filed under: Las putas — MaríaG @ 3:43 am

Me da morbo decir PUTA.
Es un término claro, conciso, rotundo.
Conozco decenas de putas, yo diría incluso que superan la centena. Las conozco altas, guapas, morenas y feas, las conozco nacionales y de todas las nacionalidades posibles. Todas tenemos un rasgo común, somos putas pero el resto es absolutamente distinto. Cada puta lleva a su espalda una vida y una motivación para ejercer la profesión más antigua del mundo.
Conozco putas que lo son porque no saben hacer otra cosa, porque han llegado engañadas, porque necesitan dinero y conozco también a mis favoritas: las putas viciosas. Son, sin dudarlo, las más apetecibles.
Me gustan las putas que desean el sexo, me gustan las que se excitan sabiendo que alguien paga por usar su cuerpo, me gustan las que esperan nerviosas que llegue el encuentro, me gusta descubrirlas jadeantes de placer. 

Nunca pensé que yo fuera a aplicarme esta denominación cuando contraté a la primera. Era un regalo de cumpleaños para mi marido. Quería algo exótico y contraté a una estudiante japonesa. Jovencita, estaba en unas supuestas vacaciones culturales, por unos meses y después regresaría a su país, eso sí, con algo más de peso en las alforjas.

Me sorprendió lo guapa que era, alta, de piel muy blanca y pelo negro.
Ella nunca había estado con otra mujer, parece ser que era también su primer servicio y se la veía muy nerviosa. Al principio estaba algo tímida pero luego empezó a animarse y me daba la boca con pasión.
La fui desnudando despacito y me sorprendí cuando encontré que no estaba depilada (por aquel entonces creía que todas las putas estaban perfectamente rasuradas).
Más me sorprendí cuando comprobé que reaccionaba a mis caricias, que se iba mojando según mi lengua insistía en recorrer su entrepierna. Y luego quiso probarme a mí y corresponder dándome placer.

Y no perdía ocasión para atenderle a él y entregarse con pasión. Nos acariciaba, abrazaba, besaba, se retorcía, buscaba con la cadera y con todo su cuerpo. Realmente parecía nuestra amante.
La hora pasó volando. Cuando nos despedimos ella sostenía los billetes entre sus manos juntas, sonreía, daba saltitos la mar de contenta y a modo de saludo, inclinaba la cabeza.

(Publicado 30-11-2008, texto recuperado de mi blog censurado por Blogger)

27/11/2008

Un sueño reparador

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 3:34 am

26/11/2008

Pero, ¿qué había antes?

Filed under: ¿De dónde nace una una puta como yo? — MaríaG @ 3:33 am

Para situarme correctamente en el inicio de mis desmanes primero debo mirar un poco más atrás.
He tenido varias parejas antes de encontrar a mi marido. Ahora al pensarlo, no me parece casual que tuvieran el mismo patrón, hombres que vivían su sexualidad como algo privado en lo que yo apenas participaba.

Siempre me han gustado los relatos. Recuerdo de jovencita buscar el Interviu a escondidas para poder leer las historias a solas. Nunca se lo comenté a nadie, más bien me daba vergüenza confesar que me excitaba sobremanera la lectura picante.
A escondidas leía todos los cuentos eróticos que caían en mis manos; de alguno aún recuerdo el argumento y me ha dado pie a sabrosos polvos. Porque no se lo decía a mi pareja pero muchas veces mi mente estaba en otro lugar cuando hacíamos el amor. Yo estaba fantaseando con los argumentos que sacaba de mis lecturas y luego transformaba según mi imaginación me conducía.

No debo ser la única que veía el canal plus codificado el viernes por la noche, día que ponían la porno  o que, tiempo después, se masturbara en la cama viendo un cutre-canal regional con una cutre-película que introducía en mi fantasía un nuevo hilo conductor.

Muchas veces, en años, procuré compartir mis calenturas o introducir en el juego de pareja una lectura o una película. Y me encontré con una hipócrita respuesta, con una supuesta falta de necesidad de argumentos ya que «todo lo que necesito lo tengo delante».
Pues yo no, yo no entendía el sexo así.

Por mucho que intentara refrenar lo que pasaba por mi mente, sintíendome culpable por esa evasión de la realidad, yo no era capaz.
Pero cuando descubrí que esa cortapisa no era más que una barrera, que la ducha es un sitio perfecto para que cierta población masculina se desahogue sin dar explicaciones, empecé a sentirme menos bicho raro.
Además siempre he sido tímida y me ha dado mucho corte hablar de estos temas con mis amistades, así que he ido dando pasitos para descubrir, no sólo mi sexualidad sino para descubrirme a mí misma.

Del día en que lo conocí sólo recuerdo con nitidez sus ojos. Destilaban una picardía que me provocaba. No, no caí rendida en sus brazos, ni me entregué a una pasión loca. Fue un largo camino de apertura, algo así como quitarle las capas a una cebolla hasta desnudarla por completo. Esta vez quería la aceptación plena de mi persona, incluyendo mi imaginación calenturienta.

26-11-2008 (Texto recuperado de mi blog censurado por Blogger)

22/11/2008

Sueños durante la siesta

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 10:14 pm

21/11/2008

De dónde nace una puta como yo

Filed under: ¿De dónde nace una una puta como yo? — MaríaG @ 3:11 am

No recuerdo cuándo comenzó mi fantasía. Fue muy progresivo. Yo era una mujer normal, casada con el hombre de mi vida, con un trabajo vocacional,… Siempre me ha gustado el sexo y, por aquel entonces empezamos a fantasear con meter en nuestra cama a un tercero. Mi marido me susurraba al oído cómo se aproximaría el otro y me arrebataría el placer y yo me moría de gusto ensoñando.

Él lo arregló todo. Un amigo suyo, bien parecido y un poco golfo vendría a cenar a casa. Pero no hubo cena, vamos, ni se habló de probar bocado. Yo me puse todo lo guapa que pude con la mínima ropa posible. Llegaron. Mi marido me sentó en las rodillas del otro. Temblaba como una hoja, se me entrecortaba la respiración, estaba muerta de vergüenza pero no hacía el menor ademán de moverme del sitio.

Eran cuatro las manos que comenzaron a desnudarme, muy despacio, besando cada parte que iban descubriendo. Yo no daba crédito a lo que estaba pasándome. ¡Resulta que mi cuerpo reaccionaba más rápida e intensamente que nunca! Estaba totalmente rendida al placer.
Me entregé a un hombre que no era el mío y, acto seguido, me recibió mi marido. El placer fue absolutamente indescriptible.
Con todo lo que había pasado tuvimos imágenes para recrearnos durante una buena temporada.
Si en aquel momento alguien me hubiera asegurado que unos años después dedicaría mi tiempo libre a la vida alegre, me hubiera reído a carcajadas.

Realmente no me había planteado ir a más, a lo mejor repetir lo del trío, pero quedarme ahí. Lo de aquella noche no entraba en mis planes.

Ella llevaba apenas unos meses separada. Acabábamos de ayudarla con la mudanza y celebrábamos la primera cena oficial en aquella su casa nueva. Algo capté en los ojos de Carol. Cuando mi marido salió a por la botella de vino le pregunté si quería algo con él y confirmó mis sospechas. Me fuí al salón, justo enfrente, para poner música, Carol quería bailar. Y puse algo lento y tardé un poco en regresar. Efectivamente bailaban abrazados.

La culpa la tuvo él. Me agarró de la cintura para envolvernos a las dos pero no calculó bien y me encontré besando apasionadamente a mi amiga. Fue nuestra amante durante unos años.

21 de Noviembre de 2008 (Recuperado de mi blog censurado por Blogger)

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