Blog MariaG

15/06/2011

Relax, masaje, escort independiente, sexo Madrid, call girl: ¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!

Filed under: Foros de putas — MaríaG @ 5:27 pm

¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad! Como decía la zarzuela,… pero hay algo que permanece, la forma más pública de servicio: La prostitución

Hace años, en nuestro país, existía, sí, pero estaba perseguida. Entonces, cómo descubrían los caballeros dónde dirigirse. Seguro que el boca a boca funcionaba extraordinariamente. Pronto el periódico sería un buen medio de comunicación y, como no se podía ser explícito, el lenguaje empleado era sugerente.
Se hablaba de masajes, de relax, se anunciaban en la sección de contactos señoras serias para relación estable; secretaria que habla francés y griego, muy eficiente,… No me puedo ni imaginar cómo podrían organizarse las citas ante la ausencia de teléfonos móviles, no quedaría más remedio que acercarse a la casa y hacer cola en el salón, esperando que la señorita elegida quedara disponible; o bien llamar al fijo del domicilio, para lo cual una no podría ausentarse ni para ir a la compra, por aquello de no perder comunicaciones. Luego estaba también el escabroso asunto de los honorarios. La pregunta que más comúnmente se formulaba era “Y ¿cuál es el regalito?”. Una vez en el domicilio se dejaba de manera discreta la cuantía acordada.
Así que hoy seguimos manteniendo parte de ese lenguaje y hablamos en términos de servicio de relax, masaje con final feliz, acompañante, escort. Mil y un eufemismos para llamarnos las putas y nuestros trabajos.
En muy pocos años la prensa escrita ha dejado paso a internet. Aparecen ante nuestros ojos centenares de fotos de mujeres de diversas procedencias, reclamos imperiosos que alteran nuestras retinas. Han aparecido igualmente los foros de putas, lugares de puesta en común de impresiones y experiencias.
Entonces ocurre un nuevo fenómeno, se globaliza también la prostitución. Gentes de todo el mundo pueden acceder a la información que colgamos en nuestras páginas, pueden disfrutar de la silueta femenina de una que viva a miles de kilómetros de distancia. Y este aspecto de la globalización me tiene absolutamente subyugada.
Me quedo embelesada mirando las estadísticas de entradas en mi página y en mi blog. Y veo el número de visitas desde cada uno y como aumenta con los años.
Hace pocos meses sólo quedaban media docena de países para completar todos los existentes: China, Arabia Saudí, Ucrania, India, Noruega, Ecuador, Rusia, Mauritania, Tailandia, Estados Unidos, Irán, Finlandia, Argelia, Uruguay, Japón, Canadá, Venezuela, Nicaragua, Egipto, Georgia, Vietnam o México. En todos ellos hay alguien que gusta leer lo que escribo. Lo mejor es que no se limitan a leerme, sino que alguno me escribe y se grava con una cámara y me envía lo que hace con su pareja o como se masturba pensando en las cosas que cuento.
Pero no, no son hombres los que me escriben, sino mujeres. Son ellas las que se sienten identificadas y quieren compartir conmigo una parte de su intimidad en la que yo ya he penetrado sin saberlo, formando parte de las fantasías más ocultas.
Me escriben de cualquier parte del planeta, me dedican sus videos o, simplemente, desearían hacerlo.
También me escriben contándome sus fantasías o sus inquietudes sexuales, pidiendo un consejo sobre algo que jamás reconocerían delante de nadie.
Quisiera poner rostros a las mujeres que me leen, es más, me encantaría viajar para conocerlas personalmente y meterme físicamente dentro de sus camas. Una vuelta al mundo hecha de encuentros, morenas, rubias, altas, delgadas, jóvenes o maduritas, a todas quiero contemplar, todas me gustan. Más de una se vería en el compromiso de presentarme a su familia como una amiga, otras gozarían de compartirme con sus maridos o amantes. Es el mejor turismo sexual que pueda imaginar.
Es un sueño, sí, pero recuerdo cómo me miraba aquella mujer en el video de su masturbación, (seguro era su pareja quien sostenía la cámara), a su ritmo, excitante, mostrándose toda abierta, tomándose tiempo en explorar su cuerpo, en recorrer su sexo; cómo me miraba, intensos ojos castaños y cómo dedicó un beso final lanzado al aire.
Era para mí, no me cabe duda y yo quiero que ella también sea para mí.

03/06/2011

Una tarde de infarto: Cine X y travestis

Filed under: Un día en la vida de una puta — MaríaG @ 5:31 am

Era la tarde de un Sábado cuando sonó el teléfono. Ya nos conocíamos. Ese día quería algo distinto, no sabía muy bien por cuál de las cosas que tenía en mente se decantaría. Pero sí sabía por dónde empezar: Iríamos a una sala X.

Quedamos en la plaza y entramos juntos. La cartelera del día incluía una de “americanas tetonas” y otra de “enfermeras cachondas”, vamos, apasionante. Las instalaciones eran las de un teatro pequeño, con dos plantas para ver la proyección, una zona común con un bar, terraza  y los aseos.

No me esperaba que aquello estuviera tan concurrido. Abrimos la puerta que daba paso a la platea y nos quedamos en mitad del pasillo, acostumbrando nuestros ojos. Tardaron segundos en percatarse de nuestra presencia. Y, cual taimados cazadores, se fueron aproximando y tomando posiciones alrededor de mí. Tuve entonces una docena de manos pugnando por acariciarme, estiradas hacia mí y círculos concéntricos de cuerpos excitados.

Él estaba detrás, me agarraba por la cintura y con la cabeza apoyada en mi cuello me susurró que no hiciera nada con ninguno. Fue una sensación distinta, por primera vez dejé que me acariciaran unos y otros, mientras mis manos descansaban inertes. Serví de juguete durante un rato, manos anónimas me amasaban, dejando sensibilizado cada centímetro de mi piel. No había nombres, ni rostros, sólo dedos inquietos.

Súbitamente me indicó que saliéramos  y muchas de aquellas manos retomaron su cara al llegar a la luz, pues como a una estrella famosa  siguieron mis pasos al abandonar la estancia. Inocente, le acompañé a los servicios, no deseaba quedarme sola. De esta manera una riada de gente inundó los urinarios hasta el punto que no era posible concentrarse en ninguna función fisiológica solitaria, la masa humana buscaba tu sexo. Uno, más audaz, me agarraba del brazo y pretendía robarles a todos el juguete y meterme en el único espacio con puerta.

Un momento de descaso en la terracita para fumadores. Ahora mi cuerpo estaba de nuevo cubierto. Todos serios, sólo alguno que otro se atrevió a despegar los labios, bromear conmigo, como si estuviéramos en cualquier bar de la ciudad, como si otra pasión que no fuera el sexo nos hubiera reunido aquella tarde.

Ahora íbamos a probar los asientos de arriba. Espolvoreados por toda la planta, grupitos de dos o tres se sentaban nada modosos.  Nos ubicamos en la primera fila, dejando sitio a ambos lados par nuestros seguidores.

Esta vez yo sería quien pusiera las normas: Sólo me pondría una mano encima aquel que estuviera dispuesto a jugar con los dos. Aparecieron voluntarios rápidamente, la mayor parte se acercaba a ver si colaba, con el pantalón desabrochado y el deseo recorriéndole el cuerpo. Yo me había tomado muy en serio aquel juego y me daba un morbo tremendo ver cómo se sometían a mis deseos para obtener mi cuerpo y como procuraban derrotarme y salirse con la suya.

Súbitamente el último de los participantes se arrodilló delante de mí y enterró su boca entre mis piernas.  Me devoraba con gusto y me recosté en mi asiento, dispuesta a dejarme llevar. Y no despegó sus labios de mí hasta cumplir con su objetivo, hasta complacerme.

Aquella experiencia podía haber sido suficiente pero él quería aún un poco más pues ninguno de los que había encontrado en el cine era lo que buscaba. Exactamente no se qué quería pero comenzamos continuamos la búsqueda, esta vez por locales de ambiente. Primero fuimos a bares donde sólo paran hombres pero era muy pronto y pocos eran los presentes. Después recorrimos un par de sex shops pero para ellos era demasiado tarde y ya andaban cerrando. Por último barrimos las calles de Madrid en busca de una travesti cualquiera. O no aceptaban parejas o no nos gustaba a nosotros, en una zona, en otra. Pasábamos al lado de las que estaban en la acera, pasábamos con el coche despacio, la ventanilla bajada y mirábamos con insistencia, desnudando su figura.

La misma zona primera otra vez y ahora sí apareció.  Muy alta, con una silueta de las de girarse a mirarla por la calle, rubia, por supuesto, bonitas piernas y pechos sugerentes. Me sorprendió, era la primera española que conocía. Accedió a entrar con nosotros en el coche. Simplemente aparcamos un poco más allá de donde estaba haciendo la calle. Se montó detrás y nosotros la acompañamos. Su cuerpo me daba mucho morbo, quería apretar despacito sus nalgas, esas tetas exuberantes. Caí sobre su cuello, me faltaban manos.  No besaba, al menos eso decía, sólo daba la lengua, la puntita, con ella muy estirada; pero, súbitamente cogió un papel, se quitó la pintura de rojo carmesí y comenzó a besarme apasionadamente.

Un coche repleto de muchachos pasó muy despacio por nuestro lado. A través de los cristales podían observar mi cuerpo desnudo y a mis acompañantes. Volvieron a pasar unas cuantas veces y al final optaron por detenerse enfrente, con sus ventanillas abiertas para que nada, salvo la distancia, enturbiara la insólita visión.

La movilidad era muy limitada, el espacio escaso. Mientras que yo me dedicaba a descubrir lo que escondía su tanga, ella se ocupaba de mi cliente acariciándole y comiéndose su miembro. Yo hice lo propio, recorriendo con mi lengua la única parte de su anatomía que no era confusa y se estremecía en mi boca y vibraba con mis movimientos.

Un poco para cada uno y también para mí. Soy menuda y pude, sin dificultad, sentarme sobre el uno primero y después sobre la otra y regresar al inicio para seguir jugando. El coche se bamboleaba, los chavales aullaban fuera y nosotros lo hacíamos dentro. Y así continuamos, dándonos el relevo el uno al otro en peculiar trío, hasta que me gané mi premio y un fluido lechoso invadió mi cuerpo.

Unos minutos mientras nos vestíamos ya sin mirones, conversación intrascendente y nos dejó. No recuerdo como se llama pero parece que siempre se pone en el mismo sitio, en la misma calle, en la misma curva, con frío o con lluvia, siempre dispuesta.

01/06/2011

La ventana indiscreta de MariaG

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 5:35 am

La ventan indiscreta

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