Relax, masaje, escort independiente, sexo Madrid, call girl: ¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad!

¡Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad! Como decía la zarzuela,… pero hay algo que permanece, la forma más pública de servicio: La prostitución

Hace años, en nuestro país, existía, sí, pero estaba perseguida. Entonces, cómo descubrían los caballeros dónde dirigirse. Seguro que el boca a boca funcionaba extraordinariamente. Pronto el periódico sería un buen medio de comunicación y, como no se podía ser explícito, el lenguaje empleado era sugerente.
Se hablaba de masajes, de relax, se anunciaban en la sección de contactos señoras serias para relación estable; secretaria que habla francés y griego, muy eficiente,… No me puedo ni imaginar cómo podrían organizarse las citas ante la ausencia de teléfonos móviles, no quedaría más remedio que acercarse a la casa y hacer cola en el salón, esperando que la señorita elegida quedara disponible; o bien llamar al fijo del domicilio, para lo cual una no podría ausentarse ni para ir a la compra, por aquello de no perder comunicaciones. Luego estaba también el escabroso asunto de los honorarios. La pregunta que más comúnmente se formulaba era “Y ¿cuál es el regalito?”. Una vez en el domicilio se dejaba de manera discreta la cuantía acordada.
Así que hoy seguimos manteniendo parte de ese lenguaje y hablamos en términos de servicio de relax, masaje con final feliz, acompañante, escort. Mil y un eufemismos para llamarnos las putas y nuestros trabajos.
En muy pocos años la prensa escrita ha dejado paso a internet. Aparecen ante nuestros ojos centenares de fotos de mujeres de diversas procedencias, reclamos imperiosos que alteran nuestras retinas. Han aparecido igualmente los foros de putas, lugares de puesta en común de impresiones y experiencias.
Entonces ocurre un nuevo fenómeno, se globaliza también la prostitución. Gentes de todo el mundo pueden acceder a la información que colgamos en nuestras páginas, pueden disfrutar de la silueta femenina de una que viva a miles de kilómetros de distancia. Y este aspecto de la globalización me tiene absolutamente subyugada.
Me quedo embelesada mirando las estadísticas de entradas en mi página y en mi blog. Y veo el número de visitas desde cada uno y como aumenta con los años.
Hace pocos meses sólo quedaban media docena de países para completar todos los existentes: China, Arabia Saudí, Ucrania, India, Noruega, Ecuador, Rusia, Mauritania, Tailandia, Estados Unidos, Irán, Finlandia, Argelia, Uruguay, Japón, Canadá, Venezuela, Nicaragua, Egipto, Georgia, Vietnam o México. En todos ellos hay alguien que gusta leer lo que escribo. Lo mejor es que no se limitan a leerme, sino que alguno me escribe y se grava con una cámara y me envía lo que hace con su pareja o como se masturba pensando en las cosas que cuento.
Pero no, no son hombres los que me escriben, sino mujeres. Son ellas las que se sienten identificadas y quieren compartir conmigo una parte de su intimidad en la que yo ya he penetrado sin saberlo, formando parte de las fantasías más ocultas.
Me escriben de cualquier parte del planeta, me dedican sus videos o, simplemente, desearían hacerlo.
También me escriben contándome sus fantasías o sus inquietudes sexuales, pidiendo un consejo sobre algo que jamás reconocerían delante de nadie.
Quisiera poner rostros a las mujeres que me leen, es más, me encantaría viajar para conocerlas personalmente y meterme físicamente dentro de sus camas. Una vuelta al mundo hecha de encuentros, morenas, rubias, altas, delgadas, jóvenes o maduritas, a todas quiero contemplar, todas me gustan. Más de una se vería en el compromiso de presentarme a su familia como una amiga, otras gozarían de compartirme con sus maridos o amantes. Es el mejor turismo sexual que pueda imaginar.
Es un sueño, sí, pero recuerdo cómo me miraba aquella mujer en el video de su masturbación, (seguro era su pareja quien sostenía la cámara), a su ritmo, excitante, mostrándose toda abierta, tomándose tiempo en explorar su cuerpo, en recorrer su sexo; cómo me miraba, intensos ojos castaños y cómo dedicó un beso final lanzado al aire.
Era para mí, no me cabe duda y yo quiero que ella también sea para mí.

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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