Una tarde de infarto: Cine X y travestis

Era la tarde de un Sábado cuando sonó el teléfono. Ya nos conocíamos. Ese día quería algo distinto, no sabía muy bien por cuál de las cosas que tenía en mente se decantaría. Pero sí sabía por dónde empezar: Iríamos a una sala X.

Quedamos en la plaza y entramos juntos. La cartelera del día incluía una de “americanas tetonas” y otra de “enfermeras cachondas”, vamos, apasionante. Las instalaciones eran las de un teatro pequeño, con dos plantas para ver la proyección, una zona común con un bar, terraza  y los aseos.

No me esperaba que aquello estuviera tan concurrido. Abrimos la puerta que daba paso a la platea y nos quedamos en mitad del pasillo, acostumbrando nuestros ojos. Tardaron segundos en percatarse de nuestra presencia. Y, cual taimados cazadores, se fueron aproximando y tomando posiciones alrededor de mí. Tuve entonces una docena de manos pugnando por acariciarme, estiradas hacia mí y círculos concéntricos de cuerpos excitados.

Él estaba detrás, me agarraba por la cintura y con la cabeza apoyada en mi cuello me susurró que no hiciera nada con ninguno. Fue una sensación distinta, por primera vez dejé que me acariciaran unos y otros, mientras mis manos descansaban inertes. Serví de juguete durante un rato, manos anónimas me amasaban, dejando sensibilizado cada centímetro de mi piel. No había nombres, ni rostros, sólo dedos inquietos.

Súbitamente me indicó que saliéramos  y muchas de aquellas manos retomaron su cara al llegar a la luz, pues como a una estrella famosa  siguieron mis pasos al abandonar la estancia. Inocente, le acompañé a los servicios, no deseaba quedarme sola. De esta manera una riada de gente inundó los urinarios hasta el punto que no era posible concentrarse en ninguna función fisiológica solitaria, la masa humana buscaba tu sexo. Uno, más audaz, me agarraba del brazo y pretendía robarles a todos el juguete y meterme en el único espacio con puerta.

Un momento de descaso en la terracita para fumadores. Ahora mi cuerpo estaba de nuevo cubierto. Todos serios, sólo alguno que otro se atrevió a despegar los labios, bromear conmigo, como si estuviéramos en cualquier bar de la ciudad, como si otra pasión que no fuera el sexo nos hubiera reunido aquella tarde.

Ahora íbamos a probar los asientos de arriba. Espolvoreados por toda la planta, grupitos de dos o tres se sentaban nada modosos.  Nos ubicamos en la primera fila, dejando sitio a ambos lados par nuestros seguidores.

Esta vez yo sería quien pusiera las normas: Sólo me pondría una mano encima aquel que estuviera dispuesto a jugar con los dos. Aparecieron voluntarios rápidamente, la mayor parte se acercaba a ver si colaba, con el pantalón desabrochado y el deseo recorriéndole el cuerpo. Yo me había tomado muy en serio aquel juego y me daba un morbo tremendo ver cómo se sometían a mis deseos para obtener mi cuerpo y como procuraban derrotarme y salirse con la suya.

Súbitamente el último de los participantes se arrodilló delante de mí y enterró su boca entre mis piernas.  Me devoraba con gusto y me recosté en mi asiento, dispuesta a dejarme llevar. Y no despegó sus labios de mí hasta cumplir con su objetivo, hasta complacerme.

Aquella experiencia podía haber sido suficiente pero él quería aún un poco más pues ninguno de los que había encontrado en el cine era lo que buscaba. Exactamente no se qué quería pero comenzamos continuamos la búsqueda, esta vez por locales de ambiente. Primero fuimos a bares donde sólo paran hombres pero era muy pronto y pocos eran los presentes. Después recorrimos un par de sex shops pero para ellos era demasiado tarde y ya andaban cerrando. Por último barrimos las calles de Madrid en busca de una travesti cualquiera. O no aceptaban parejas o no nos gustaba a nosotros, en una zona, en otra. Pasábamos al lado de las que estaban en la acera, pasábamos con el coche despacio, la ventanilla bajada y mirábamos con insistencia, desnudando su figura.

La misma zona primera otra vez y ahora sí apareció.  Muy alta, con una silueta de las de girarse a mirarla por la calle, rubia, por supuesto, bonitas piernas y pechos sugerentes. Me sorprendió, era la primera española que conocía. Accedió a entrar con nosotros en el coche. Simplemente aparcamos un poco más allá de donde estaba haciendo la calle. Se montó detrás y nosotros la acompañamos. Su cuerpo me daba mucho morbo, quería apretar despacito sus nalgas, esas tetas exuberantes. Caí sobre su cuello, me faltaban manos.  No besaba, al menos eso decía, sólo daba la lengua, la puntita, con ella muy estirada; pero, súbitamente cogió un papel, se quitó la pintura de rojo carmesí y comenzó a besarme apasionadamente.

Un coche repleto de muchachos pasó muy despacio por nuestro lado. A través de los cristales podían observar mi cuerpo desnudo y a mis acompañantes. Volvieron a pasar unas cuantas veces y al final optaron por detenerse enfrente, con sus ventanillas abiertas para que nada, salvo la distancia, enturbiara la insólita visión.

La movilidad era muy limitada, el espacio escaso. Mientras que yo me dedicaba a descubrir lo que escondía su tanga, ella se ocupaba de mi cliente acariciándole y comiéndose su miembro. Yo hice lo propio, recorriendo con mi lengua la única parte de su anatomía que no era confusa y se estremecía en mi boca y vibraba con mis movimientos.

Un poco para cada uno y también para mí. Soy menuda y pude, sin dificultad, sentarme sobre el uno primero y después sobre la otra y regresar al inicio para seguir jugando. El coche se bamboleaba, los chavales aullaban fuera y nosotros lo hacíamos dentro. Y así continuamos, dándonos el relevo el uno al otro en peculiar trío, hasta que me gané mi premio y un fluido lechoso invadió mi cuerpo.

Unos minutos mientras nos vestíamos ya sin mirones, conversación intrascendente y nos dejó. No recuerdo como se llama pero parece que siempre se pone en el mismo sitio, en la misma calle, en la misma curva, con frío o con lluvia, siempre dispuesta.

5 comentarios para “Una tarde de infarto: Cine X y travestis”

  • El que te llamo ayer:

    Eres extraña MariaG. Nunca pierdes la compostura y nunca temes una reaccion adversa. Pero me das miedo, precisamente por esa conducta fuera de lo comun. Sin embargo me atraes poderosamente, como si hubiese encontrado algo extraño pero valioso a la vez. Entregada a una vida tan plena carnalmente. ¿no temes a nada? Yo temo quedar contigo este sabado como te dije. Temo el despues o quizas el momento. El temor destructivo o el temor liberador. ¿No temes a nada?

  • Sí temo reacciones adversas, sí he tenido sobresaltos. Pero entre una multitud de hombres no hay nada que me asuste, antes bien, me siento como la reina del lugar. Ellos mismos se preocupan de que me encuentre bien y de que nadie se propase porque todos quieren que el juego continúe.

    Y sí, no soy una mujer corriente, tampoco pienso que deban ser las féminas como yo. Quizá la mezcla de vivir el sexo desde una óptica muy masculina, como la mía, pero no apartarme un ápice de mi femineidad, sea un coctel peculiar y excitante.

    Besos

  • un admirador:

    Y en qué esquina se puede encontrar a esa travesti española?…

  • La encontramos en uno de los parking que están a los pies del Templo de Debot, si la encuentras, dale recuerdos de mi parte, seguro que me recuerda.

    Besos

  • Darckdeath76:

    Tengo que hacer una aportación, María G es una mezcla exuberante entre sensualidad, pasión, morbo y delicadeza. Cualquier hombre o mujer que se precie de tal disfrutará de su compañía con intensidad, otras veces calma y sosiego. Dando placer y recibiendo.
    Mi experiencia personal ha sido tratarla como se merece, dándonos placer mutuamente hasta que María llegase al orgasmo, empezamos basándonos con pasión, para pasar a los preliminares, empezó comiéndome el rabo mientras delicadamente recorría su coño ardiente con los dedos sin quitarle aún las bragas, luego le quite las braguitas para poder comerle el coño sonriendo y jugoso, a continuación me puse de pie llevándola el rabo a su boca y metiendo sus dedos en su coño para chuparmelos, y todo esto sin dejar de besarnos apasionadamente.
    Luego hicimos un 69 en el que le comí el culo, y le propuse un anal, antes de hacer dicho griego se hundió
    mi polla y en unos minutos llegó al orgasmo (Ahi me relaje yo). La cogí por detrás entonces y la folle por el culo muy despacio para terminar acabando en su boca, aclaración se comió toda la leche.

    Ese fue nuestro primer polvo, el segundo ya más rápido y sin casi preliminares por mi parte terminó llegando al orgasmo al pedido de María de que le llenará el coño de leche.

    Se fue gimiendo que tenía el coño lleno de mi leche y que prefería llevársela así.

    En nuestro próximo juego quizá incluyendo un travesti para divertirnos aún más…..

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.