Blog MariaG

22/10/2012

LLueve, detras de las ventanas llueve y llueve

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 6:49 pm

17/10/2012

Te doy mi vida entera

Filed under: La realidad siempre supera la ficción — MaríaG @ 5:42 am

Hace ya tiempo que morbeábamos con ello. Me gustaba susurrarle al oído lo que haría con el muchacho cuando nuestra fantasía se cumpliera;  mi amiga, indefectiblemente, aceleraba la respiración  y buscaba complacerse. Y mientras la historia tomaba cuerpo en su imaginación, ella se deshacía de placer.  Pero nunca aparecía la oportunidad. Necesitaba un rato en el que supiéramos que nadie aparecería por la casa. Sin nervios, sin prisas.

Era una reunión de amigos, una copa, unas cartas, unas risas. Y mientras todos estaban en el salón distraídos, cerré la puerta del pasillo y llamé a su habitación. Me abrió un chico guapete, de bonito cuerpo y algo tímido. De la conversación, ni me acuerdo, algo así como qué tal estás, te aburres mucho, ¿te gustaría probar un masaje?, un día, tranquilamente. Él temblaba, intuía alguna intención escondida tras mis palabras y me emplazó para otro día.

Cuando regresé a la mesa, sólo su madre sabía por qué había estado unos minutos fuera y le hice un gesto de asentimiento con la cabeza mientras le guiñaba un ojo.

A las diez de la mañana estaba llamando al timbre de la casa. Todos estaban fuera salvo él. Le pedí que fuéramos a su cuarto, por aquello de estar más cómodos. Se sentó en el borde de la cama y yo hice lo mismo. Como cualquier adolescente tenía la habitación como si hubiera estallado una bomba.

Primero comencé a jugar con mi mano, como quien no quiere la cosa, mientras hablábamos. Le hice algunas preguntas sobre chicas, si había salido con alguna (no), si le gustaba alguna (sí), si alguna vez se había enrollado con alguna. Y, ante la negativa, aproximé lentamente mi rostro al suyo, y suavemente comencé a besarle. Me sorprendió su reacción, no intentó separarse de mí, sino que siguió buscando mis labios y profundizando en las caricias, investigando. Se notaba su torpeza pero estaba totalmente concentrado, recreándose.

Conduje sus manos. Curiosas y delicadas, iban leyendo cada parte de mi cuerpo. Y tras sus manos llevó su boca, deseaba probarme y luego regresar a besarme.  Jugueteó con mis pezones, recorriendo la areola con su lengua, probando su textura, apretando  levemente para volver a chupar.

Antes de que llegara hasta mi sexo me complací dándole indicaciones, mostrándole lo que tenía delante y alguna de las maneras de jugar con una chica y, en particular, conmigo.

Así que cuando llegó a hundir sus labios entre mis piernas, me tenía totalmente rendida a sus caricias. Poco constante, torpe y con todo eso y precisamente por ello, me estremecí toda yo, retorciéndome de placer.

De inmediato quise probar su boca de nuevo, reconocer mi sabor en él. Le tumbé bocarriba, ahora era mi turno. Y sin dejar de besarle me fui deslizando sobre su cuerpo, acariciando, chupando, besando. Delante de mí se mostraba su miembro en todo su esplendor; un poco más de la media, recta y provocativa. Sólo pude meterla en mi boca y comérmela, degustarla como un manjar y entretenerme buscando su ritmo. No debía regodearme mucho, deseaba intensamente llegar a subirme encima, no podía permitir que llegara al clímax. Y con deseo arrollador volví a buscar sus labios y le cubrí con mi cuerpo, deslicé mis piernas y delicadamente fue entrando en mí, dejándose resbalar.

Yo estaba empapada y él me notaba ardiendo. Poco a poco, degustando cada milímetro avanzado, retrocediendo de inmediato para volver a retomar. Sus ojos lo decían todo, una mezcla entre asombro y total entrega. No paré de moverme, estaba degustando cada vuelta de mi cadera, cada empujón de mis nalgas. Se me escapaban gemidos según me iba acelerando.  Y susurrando fui contándole lo excitada que me tenía, el placer que me daba y cómo estaba a punto de correrme. Mis palabras terminaron de volverle loco y aferrándose a mi culo con ambas manos, comenzó a empujar con su cadera y a sujetarme con firmeza hasta que toda su fuerza se derramó dentro de mí.

Derrotados, sudorosos, tendidos uno al lado del otro y absolutamente complacidos.

Pero mi mañana no había terminado ahí. Había emplazado a su madre en el apartamento, ella pesaba simplemente que desayunaríamos. Cuando llegó yo ya estaba allí y conmigo mi pupila, que nos e lo quería perder y mi marido; y no estábamos aguardando de brazos cruzados, sino desnudos en la cama cuchicheábamos mientras nos masturbábamos. Se quitó la ropa y en cuanto la tuvimos en la cama, me coloqué sobre ella, mi sexo contra el suyo y procuré ir empapándola de néctar. Y mientras fui describiendo lo que acababa de ocurrir en su casa.

Entonces la sujetaron un poco para que no se zafara y coloqué mi sexo sobre su boca. Hizo  ademán de retirarse, el semen de su hijo escurría hacia su ella. Pero, de repente  se lanzó a beberme, jadeando abría más su boca y metía la lengua buscando unas gotas más. Y cuando ya no encontró más pues todo lo había libado, fue Lucía quien me sustituyó y se colocó  a horcajadas sobre ella, frotándose como si fuera un macho y aullando de placer. Y yo volvía a repetir detalles, a contar lo mucho que habíamos disfrutado, lo rica de su verga y lo mucho que había mejorado durante nuestra hora de pasión. Y una vez tras otra se corría y volvía a por más.

Lucía sobre ella, yo sobre mi hombre y así los cuatro compartiendo intensidad y placer, hasta quedar agotados y sorprendidos de hasta dónde podíamos disfrutar.

26/08/2012

Una mañana de Domingo

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 3:53 pm

 

18/08/2012

Despedidas de soltero, haberlas, haylas

Filed under: Un día en la vida de una puta — MaríaG @ 1:17 pm

Nunca pasa. Cada vez que llaman para proponer un plan semejante, unas cuantas veces al mes, pienso lo poco originales que son algunos para dedicarse a vicios solitarios.

Esta vez no me parecía el típico juerguista, así que contesté todas sus dudas. Lo hablaría con el resto. Y pasó la semana y nada más supe de ellos hasta el mismo día de la fiesta, por la mañana. A esas horas aún no tenían cerrado nada y no lo tendrían hasta casi la hora de cenar. Me llamaron entonces, digo yo que les fallarían el resto de planes porque quedaron en venir a verme sobre las doce.

El plan sería una hora de dedicación sensual plena al novio y a cinco de sus amigos. Ninguno tenía idea de pasar del tonteo a algo más serio, al menos así se plantearía.

Llegaron a mi calle y una copa más tarde me llamaron. Seis estupendos chicos se franquearon el paso hasta el salón. Allí todo preparado, luz indirecta, música a media voz y una silla destacada entre los sofás. Esa era la destinada al novio.

Tenía preparada música para un tradicional striptease pero eso hubiera durado sólo unos minutos.  Mi principal víctima estaba sentada en la silla, piernas abiertas, manos juntas y bastante nervioso. Me coloqué en su regazo, procurando pegar mi cuerpo en lo posible al suyo y coloqué sus manos de manera estratégica. Entonces se me ocurrió que podría ser más divertido jugar con ellos, irlos calentando hasta ver a dónde llegaban.

Lo primero sería quitarme el carmín, rojo intenso y  permanente, para lo que necesitaría la ayuda de varios caballeros. El primero lo tenía debajo, así que, sin preguntar, comencé a besarle; al principio no respondía pero insistí hasta notar que sus labios se aflojaban y que empezaba a jugar con su lengua. A horcajadas, acompañaba mis besos de intensos movimientos, hasta que noté entre las piernas que se iba cumpliendo otro de mis objetivos.

Y después de él, me fui sentando sobre cada uno de los chicos. Sus respuestas fueron todas apasionadas, salvo la de uno, el más joven del grupo que rechazó la propuesta (ya se sabe, ese también tenía novia).

Subí un poco el volumen de la música y pedí que alguno me acompañara bailando; la cosa era sencilla, no hacía falta ser gran danzarín, sólo arrimar cebolleta. Mientras alguno se iba animando cogí al novio, me pegué bien a él, una pierna entre las suyas, movimientos de cadera. Entonces se levantó el más lanzado y se puso detrás de mí. Las manos corrían por mi cuerpo, apretaban todas mis curvas y los tres  ondulábamos al compás del calor de nuestra entrepierna. Los danzarines fueron cambiando y el calor ambiental era insoportable.

Ahora tocaba ayudarme a estar un poco más fresquita. Unos con el escote delante de los ojos, otros con mi trasero, cada uno hacía lo que podía por desabrochar un botón o un corchete. El que lo tuvo más difícil fue el novio. Le tumbé en la alfombra, el objetivo era que retirara mis braguitas, pero  era difícil porque me dediqué a restregarme por su boca hasta que cedió y comencé a notar la calidez de su lengua mojada, primero inmóvil, después inquieta, gustando los matices de mi sabor.

Pedí, rogué pero ninguno tuvo a bien satisfacer mis deseos. Propuse un rato a solas en la habitación contigua, o en el sofá junto a los compañeros, pero ninguno desabrochó un solo botón de sus pantalones, lo máximo que me dejó uno fue colar mi mano por dentro y magrear algo.

Así que decidí seguir jugando para darme gusto. Cogí unas bolas chinas, me senté en la silla y puse a dos de ellos entre mis piernas. Uno accedió a mojarme a mi y el otro las bolas, usando para ello sus bocas. Despacio, haciendo presión constante, con los ojos idos de excitación, fue introduciendo en mi cuerpo aquel objeto. Una bola y después la otra. Entre todos se dedicaron a jugar con ellas, dar tironcitos suaves, sacar una, volverla a meter con el entusiasmo que no se permitían poner en desfogarse.

Cuando todos hubieron probado, las saqué empapadas. Pero yo quería seguir jugando, busqué un consolador, mi favorito, me tumbé sobre tres de ellos, abrí bien las piernas y lo puse en marcha. Los otros dos estaban de pie los ojos como platos, los labios entreabiertos.

Les dejé que se fueran turnando, moviéndolo despacio, sacándolo a veces. Y quise que me lo dieran para ser  yo quien diera los últimos toques con la presión justa para correrme.

Aquello había sido más de lo que ninguno esperaba. Me dieron un beso de despedida. Y me dejaron que les hiciera una foto de espaldas, a cambio de una mía.

Me marché a casa con un estupendo sabor de boca. Profundamente dormida estaba cuando sonó mi teléfono y respondí instintivamente. Cuando me dijo el chico que estaban unos amigos en una casa celebrando una despedida de soltero y que si podía ir, casi me dio la risa.

Tres amigos con una idea muy clara, que el novio probara otra hembra antes de la noche de bodas. Cada uno sentado en un sofá, un buen beso para entrar en calor. Pero no, no seguí sus recomendaciones y allí mismo fui quitándome la ropa y dejando mi culito en pompa comencé a comerme al novio, mientras los otros rebullían. Al poco estábamos todos en la habitación, tres magníficas pollas a mi alrededor dispuestas para todo. Y mientras me metía una en la boca, la otra se aproximaba a mí por detrás. En el desmadre, uno dijo, al novio, al novio, así que le tumbé y me monté sobre él. El más jovencito tumbado a nuestro lado me daba la boca mientras se masturbaba. Y entre los dos me llevaron al orgasmo, arrastrando también el novio. Empapada de él me subí en su amigo al que le hicieron falta sólo unos cuantos besos más para correrse. Me fui a levantar de la cama pero una mano me agarró por detrás y me dejé caer para facilitarle la labor;  de pie, repuesto ya, el novio  había sucumbido a la tentación de tomarme de nuevo.

Faltaba uno, fui a buscarlo al salón pero no quería venir, decía que no preocupara que el llevaba su ritmo y que era un poco particular. Volví al cuarto y ahora solos, comencé a jugar con mis labios a comer y chupar su hermoso miembro, turgente, enhiesto. Ahora a cuatro patitas probaríamos mi culo, todo estaba permitido.

Todo había pasado muy rápido y había sido muy intenso. Descansaban fumando un cigarrillo en el mismo sitio donde les viera al principio. Hice entonces la maniobra inversa, me volví a poner mi vestido  y me acerqué a darles un beso de despedida. Comentábamos la jugada, lo que me gustaba mi profesión de puta vocacional cuando el único que no había consentido en penetrarme me agarró entre sus brazos y me hizo caer sobre él. Me vi llevada de la mano de nuevo el cuarto y allí lanzada sobre la cama. Mientras hozaba en mi entrepierna, tras la puerta entornada, su amigo miraba. De rodillas me puso para tomarme y mientras el otro había iniciado el tímido avance por la habitación. Así de nuevo tuve sustituto, según se satisfizo el primero y me liberó, me tomó de nuevo el novio. Uno tras otro, pasando de mano en mano, gozando cada vez un poco más, si cabe. Sentirme manejada por esos hombres, unos perfectos desconocidos que usaban de mí a voluntad, qué más podía pedir. Volvió a derramarse dentro de mí, me chorreaba el semen por la entrepierna y yo me acariciaba, disfrutando de aquel regalo.

Ahora ya me podía marchar con el trabajo bien hecho. Pero antes les pedí una foto, sin ese testimonio, hoy me parecería mentira que lo improbable ocurriera dos veces en el mismo día.

10/08/2012

Con zapatos de charol

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 1:05 pm

28/07/2012

Cuando una es una nena mala

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 7:23 pm

Hay veces que no soy tan buena como debiera y luego, pasa lo que pasa

¿En serio no ves nada?

 

 Ésto es lo que pasa cuando una es una nena mala

26/07/2012

Una cena de Guía Geisha, entre barcelonesas y en Madrid

Filed under: Así da gusto ser puta — MaríaG @ 4:47 am

Cuatro mujeres alrededor de una mesa. Pero no cuatro cualquiera, sino cuatro perfectos ejemplares del gremio más antiguo del mundo.

Cuando llegué al restaurante ya estaban ellas dos esperando, con una copita de vino blanco. Hacía años que PaulaVip  y yo estábamos deseando este momento; rubia, atractiva, elegante, una estupenda conversadora. Gabriela, un tanto tímida al principio, con esa sonrisa que ilumina por completo el rostro y te encandila; ella también acababa de llegar de Barcelona. Y antes de que nos tomaran nota apareció Sofía Caramelo y suerte que yo estaba sentada porque casi me mata del infarto. Era imposible que pasara desapercibida. ¿Guapa? Sí, claro y rubia y alta y un montón de cosas más, pero todo se quedaba en mero adorno al fijar los ojos en su exuberante delantera.

Una cena intensa, cargada de todo aquello que una puta no puede decir en público.

El efecto en los camareros de cuatro leonas fue totalmente asombroso y predecible. Asombroso porque es la primera vez en mi vida que varios camareros consiguen no parar de confundirse al servir una mesa, sólo porque sus ojos descansaban de continuo en la casta Sofía y claro, como a mí lo de jugar siempre me provoca, pues hice los comentarios justos para terminar de ponerles nerviosos. Pero no, no  me dio su número de teléfono, aunque se ruborizó por nuestras bromas

Así que, la mala cabeza de Sofía al vestirse con tanta generosidad nos aportó un plato de croquetas, decenas de miradas perdidas y muchas risas.

Llegó el momento de abandonar el restaurante. Y detrás de la última de nosotras las puertas no se cerraron sino que dieron salida apresurada al morenazo argentino que nos había estado sirviendo la mesa. Paula estuvo rápida como el rayo y consiguió que el chico nos diera su contacto, nunca se sabe qué puede pasar en una noche loca y después un beso.

Partimos pues  a tomar una copa y no habíamos andado más de trescientos metros cuando nos dio alcance y esta vez no le dejé escapar tan fácilmente. Por la Gran Vía Madrileña fui tocando todo su cuerpo mientras no separaba mis labios de los suyos.

Otra mesa, ésta redonda, dio cabida también a dos acompañantes masculinos y a una quinta dama, Amanda, una nena menuda y dulce.  No podíamos pasar desapercibidas, llegaron a estar los cuatro camareros apostados en la barra de nuestra espalda, contemplándonos y corriendo solícitos ante cualquiera de nuestros deseos. Incluso me prestaron una mano inocente que diera fe de la textura absolutamente maravillosa de los pechos de Sofía.

Se trataron muchos temas y quedó tanto por decir! Fue un honor compartir con vosotras tan deliciosa velada. Gracias

24/07/2012

LuciaC y MariaG, del derecho y del revés

Filed under: LuciaC,Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 11:13 pm

18/07/2012

Que toda la vida es sueño

Filed under: Yo misma y nunca toda yo (Galería fotográfica) — MaríaG @ 8:21 pm

01/07/2012

De fiesta con MariaG: El primer Gang Bang de Lucia Cruz

Filed under: Así da gusto ser puta — MaríaG @ 8:57 pm

No tenía intención de que participara. Nunca había estado con dos hombres al mismo tiempo, cómo para llevarla a aquella fiesta. Pero ella se dedicó a leer todo lo que encontró sobre nuestros Gang Bang y la idea de verlo le excitaba sobre manera.

Al mismo tiempo alguno de los participantes me preguntaba por mi pupila. Así que acordamos organizar un sorteo entre los participantes y el premio sería disfrutar a Lucía en solitario, después de lo cual ella permanecería a mi lado como mera observadora.

Quería disfrazarse de colegiala, con faldita de cuadros y coletas, haciendo realidad las fantasías de muchos. Preparamos los lazos, las medias, los pololos y llegó el día señalado. Nosotras llegamos al local antes que los chicos y mi marido esperaría con todos  a que dieran las 6 de la tarde. Rosa, Rebeka,  Jenny y Lorena ya estaban allí, el resto no tardaría en aparecer.  Como la cosa más natural, allí mismo, en el banco donde estaban sentadas, comencé a desnudarme, mientras nos interesábamos por la vida de cada una. Pero el pudor la hizo sonrojar cuando la animé a cambiarse delante de todas. Ese detalle, su temblor cuando pensaba en lo que ocurriría después, los ojos de asombro, todo ello me provocaba una profunda excitación nacida de una perversión, de la corrupción de su inocencia.

No paraba de hacer preguntas sobre cómo transcurriría todo pero le callé la boca con un beso, le hice el nudo de la corbata y le pedí que se estuviera sentadita mientras llegaba el momento.

Empezaron a oírse voces masculinas en la parte de arriba. Ya estábamos listas para comenzar la fiesta, sentadas en línea Ingrid, Rosa Amor, Lorena, Princesa Rebeka,  mi nena pegadita a mí, Anna Smz y Jenny; así recibimos las oleadas de hombres que fueron llegando hasta llenar el espléndido salón. Le había colocado unas esposas a Lucía, en principio eran para que no se despegara de mí pero ahora, recolocadas ambas en sus muñecas me servirían para tirar de ella y arrastrarla como ofrenda al ganador. La corderita fue entregada y el varón quedó con el compromiso de devolvérmela según terminara de hacer uso de ella.

Y comenzó la fiesta. En un instante perdí de vista al resto, una pared  de hombres desnudos se interpuso y me sumergió en un universo de miembros erectos, sabrosos manjares de incomparable néctar. De rodillas o con el culito en pompa comencé a llenarme la boca con todo lo que me ofrecían. Entonces alguien agarró mi cintura, tiró de mis caderas para colocarme y empezó a penetrarme, desde atrás, haciéndome llevar el mismo ritmo con mi boca. Y una vez se hubo satisfecho, otro tomó el relevo y así se fueron sucediendo.

Miré el reloj. Tiempo había pasado sobrado como para que mi nena ya estuviera de regreso. Así que me acerqué a la zona de camas donde la habían arrastrado. Y no, no estaba sentada descansando ni con el ganador entre las piernas. No, otros habían ido ocupando posiciones y la tenían a cuatro patas, un hombre golpeándola desde atrás y otro sujetando su cabeza para que no dejara de chupar. A su alrededor media docena más esperaba su turno y, entre ellos, sin quitarnos ojo, mi marido.

Ante mis interjecciones de admiración ella se defendió, qué  podía hacer sino complacerles. De acuerdo, aquel sería su bautizo de fuego. Un punto de sadismo me hizo sonreír, quería verla agotada de follar, llena de semen por todos lados, jadeante, mojada. Ella deseaba emular  a las putas experimentadas que allí estábamos, quería saber qué se siente cuando un hombre tras otro te posee, cuando durante horas todo es placer. Está bien,  nos divertiríamos.

Su actitud me tenía fuera de mí y mientras la contemplaba, miraba como se movía, como buscaba metérsela un poco más empujando con su culito; mientras eso ocurría a mi lado, otros hacían lo mismo conmigo y nuestros jadeos se acompasaban y me estremecía de placer.

Me lo había preguntado alguna vez, cómo sería eso de una doble penetración. Pero nada hubo entonces de premeditado, un donante anónimo pidió probar mi culito mientras yo estaba cabalgando a otro. Simplemente me incliné hacia delante, apoyando todo mi peso sobre su pecho y dejé el terreno expedito para que fueran dos los que disfrutaran de mí a la par.

A Lucía se le salían los ojos de las órbitas y gemía un poco más; de esa forma ella me jaleaba, me provocaba un grado más de excitación, un orgasmo más. Y yo pedía el siguiente y no quería que disminuyera un ápice la intensidad y buscaba su boca y pedía más.

Apareció entonces Sejo, dispuesto a  dar el relevo a cualquiera. Yo, totalmente tumbada boca a bajo, me ofrecía enchortalada y mientras me montaba le pedí que le hiciera a ella lo mismo. Sí, otra ráfaga perversa animaba mi entrepierna y quería ver a mi pupila totalmente entregada, ofreciendo su culito, un culo cerrado, apretadito, apetecible. Todos la animaron a dejarse.  Y cuando se le saltaron las lágrimas, nadie hizo ademán de socorrerla, todos la consolábamos, relájate bonita, ya verás como se pasa.

Con mis besos le fui devolviendo la sonrisa, tenía el sexo enrojecido, empezada a estar dolorida pero cuando le dije que no se preocupara que yo terminaría el trabajo apareció un brillo desconocido en sus ojos, se levantó de mi lado y fue a subirse, uno par de metros más allá, sobre el único hombre que no le pertenecía, el mío. Quería jugar fuerte, provocarme, así que pedí a un voluntario que se tumbara a su lado y me monté a mi vez de tal manera que pudiera susurrarle en el oído a mi putita. Estaba siendo una nena mala, recibiría por ello su castigo. Y cuanto más le hablaba, más gemía ella y cuanto más ella, más yo y así hasta corrernos.

Se tomaría unos minutos de descanso, quería subir a tomar algo y se acercó al borde de las camas. Pero por allí apareció un jovencito, pelo cepillo, músculos tensos y no pudo resistirse. Cuando volví a mirar le tenía encima y volvía a estremecerse con los empujones del mozo, las piernas bien abiertas y los ojos cerrados.

Hacía mucho calor, me dijeron que estaban arreglando el aire acondicionado. No tenía ni idea de qué me proponía pero me cogió la mano para que la condujera a la parte de arriba. Dos operarios, uno debajo de la escalera, el otro en la parte superior. Sólo llevaba puestos unos tacones y con ellos comencé a subir la escalera pero me detuve al tercer escalón, justo a tiempo para que el más jovencito tuviera a la altura de las manos mi trasero y al levantar la vista ara hablarme no pudiera menos que contemplar mi busto.  Después llegué hasta arriba y también mostré mis encantos a su jefe. La estrategia fue seguida por Lucía y el de abajo no se creía que yo le estuviera metiendo mano descaradamente. Pero todo fue inútil, tocamientos, ruegos, frotamientos y nada, aquellos profesionales no se dejaron seducir. Seguro que tienen algo más que contar a los amigotes.

Después del fracaso de seducción nos volvimos a nuestras camas. Entonces Lucía me preguntó qué era eso de la lluvia dorada que había comentado alguien. ¿Tienes ganas de hacer pis? Le pregunté. Y se colocó sobre mí e hizo un intento, pero no paraba de decir que le daba corte y que no podía.

Le pedí entonces que se tumbara, tendría su demostración. A la derecha mi hombre le acariciaba el pelo y le decía cosas al oído; a la izquierda otro caballero nos acompañaba.  Me puse en cuclillas encima de ella, haciendo que mi sexo coincidiera con el suyo. Dejé escapar unas gotitas y ella se sobresaltó. Unas gotitas más, y un fino chorro y comenzó a separarse los labios con las manos para sentirlo bien. Me fui incorporando y seguía empapándola y ella daba grititos de sorpresa, se reía. Aquello no era simple expulsión de orina, era un marcaje, un reclamo sexual animal, tan en su inconsciente que no podía evitar excitarse y excitarme. Y empapada seguí besándola y gozando. Y los tres nos complacimos el uno con el otro hasta caer jadeantes.

Era el colofón de una tarde inolvidable para todos.

« Newer PostsOlder Posts »

Powered by WordPress