Te doy mi vida entera

Hace ya tiempo que morbeábamos con ello. Me gustaba susurrarle al oído lo que haría con el muchacho cuando nuestra fantasía se cumpliera;  mi amiga, indefectiblemente, aceleraba la respiración  y buscaba complacerse. Y mientras la historia tomaba cuerpo en su imaginación, ella se deshacía de placer.  Pero nunca aparecía la oportunidad. Necesitaba un rato en el que supiéramos que nadie aparecería por la casa. Sin nervios, sin prisas.

Era una reunión de amigos, una copa, unas cartas, unas risas. Y mientras todos estaban en el salón distraídos, cerré la puerta del pasillo y llamé a su habitación. Me abrió un chico guapete, de bonito cuerpo y algo tímido. De la conversación, ni me acuerdo, algo así como qué tal estás, te aburres mucho, ¿te gustaría probar un masaje?, un día, tranquilamente. Él temblaba, intuía alguna intención escondida tras mis palabras y me emplazó para otro día.

Cuando regresé a la mesa, sólo su madre sabía por qué había estado unos minutos fuera y le hice un gesto de asentimiento con la cabeza mientras le guiñaba un ojo.

A las diez de la mañana estaba llamando al timbre de la casa. Todos estaban fuera salvo él. Le pedí que fuéramos a su cuarto, por aquello de estar más cómodos. Se sentó en el borde de la cama y yo hice lo mismo. Como cualquier adolescente tenía la habitación como si hubiera estallado una bomba.

Primero comencé a jugar con mi mano, como quien no quiere la cosa, mientras hablábamos. Le hice algunas preguntas sobre chicas, si había salido con alguna (no), si le gustaba alguna (sí), si alguna vez se había enrollado con alguna. Y, ante la negativa, aproximé lentamente mi rostro al suyo, y suavemente comencé a besarle. Me sorprendió su reacción, no intentó separarse de mí, sino que siguió buscando mis labios y profundizando en las caricias, investigando. Se notaba su torpeza pero estaba totalmente concentrado, recreándose.

Conduje sus manos. Curiosas y delicadas, iban leyendo cada parte de mi cuerpo. Y tras sus manos llevó su boca, deseaba probarme y luego regresar a besarme.  Jugueteó con mis pezones, recorriendo la areola con su lengua, probando su textura, apretando  levemente para volver a chupar.

Antes de que llegara hasta mi sexo me complací dándole indicaciones, mostrándole lo que tenía delante y alguna de las maneras de jugar con una chica y, en particular, conmigo.

Así que cuando llegó a hundir sus labios entre mis piernas, me tenía totalmente rendida a sus caricias. Poco constante, torpe y con todo eso y precisamente por ello, me estremecí toda yo, retorciéndome de placer.

De inmediato quise probar su boca de nuevo, reconocer mi sabor en él. Le tumbé bocarriba, ahora era mi turno. Y sin dejar de besarle me fui deslizando sobre su cuerpo, acariciando, chupando, besando. Delante de mí se mostraba su miembro en todo su esplendor; un poco más de la media, recta y provocativa. Sólo pude meterla en mi boca y comérmela, degustarla como un manjar y entretenerme buscando su ritmo. No debía regodearme mucho, deseaba intensamente llegar a subirme encima, no podía permitir que llegara al clímax. Y con deseo arrollador volví a buscar sus labios y le cubrí con mi cuerpo, deslicé mis piernas y delicadamente fue entrando en mí, dejándose resbalar.

Yo estaba empapada y él me notaba ardiendo. Poco a poco, degustando cada milímetro avanzado, retrocediendo de inmediato para volver a retomar. Sus ojos lo decían todo, una mezcla entre asombro y total entrega. No paré de moverme, estaba degustando cada vuelta de mi cadera, cada empujón de mis nalgas. Se me escapaban gemidos según me iba acelerando.  Y susurrando fui contándole lo excitada que me tenía, el placer que me daba y cómo estaba a punto de correrme. Mis palabras terminaron de volverle loco y aferrándose a mi culo con ambas manos, comenzó a empujar con su cadera y a sujetarme con firmeza hasta que toda su fuerza se derramó dentro de mí.

Derrotados, sudorosos, tendidos uno al lado del otro y absolutamente complacidos.

Pero mi mañana no había terminado ahí. Había emplazado a su madre en el apartamento, ella pesaba simplemente que desayunaríamos. Cuando llegó yo ya estaba allí y conmigo mi pupila, que nos e lo quería perder y mi marido; y no estábamos aguardando de brazos cruzados, sino desnudos en la cama cuchicheábamos mientras nos masturbábamos. Se quitó la ropa y en cuanto la tuvimos en la cama, me coloqué sobre ella, mi sexo contra el suyo y procuré ir empapándola de néctar. Y mientras fui describiendo lo que acababa de ocurrir en su casa.

Entonces la sujetaron un poco para que no se zafara y coloqué mi sexo sobre su boca. Hizo  ademán de retirarse, el semen de su hijo escurría hacia su ella. Pero, de repente  se lanzó a beberme, jadeando abría más su boca y metía la lengua buscando unas gotas más. Y cuando ya no encontró más pues todo lo había libado, fue Lucía quien me sustituyó y se colocó  a horcajadas sobre ella, frotándose como si fuera un macho y aullando de placer. Y yo volvía a repetir detalles, a contar lo mucho que habíamos disfrutado, lo rica de su verga y lo mucho que había mejorado durante nuestra hora de pasión. Y una vez tras otra se corría y volvía a por más.

Lucía sobre ella, yo sobre mi hombre y así los cuatro compartiendo intensidad y placer, hasta quedar agotados y sorprendidos de hasta dónde podíamos disfrutar.

3 comentarios para “Te doy mi vida entera”

  • Me quedo extasiado con las experiencias de MariaG sin duda la realidad supera con creces la ficción, me imagino que si escribieses un libro del tipo de “Cincuenta sombras de Grey” de E.L. James, esta pobre no tendría nada que hacer.
    MariaG ojalá yo pudiera ser protagonista en alguna historia tuya, pero lo dudo por que sabes que soy muy poca cosa,bien mandado eso si, pero mas corto que las mangas de un chaleco, ademas he empezado un nuevo trabajo de asistente con una “bruja perfidia” que me tiene todo el día dando vueltas y no me deja tiempo ni de comer, lo que hay que hacer para ganar algo de dinerito extra para gastarlo en putas y otros menesteres.
    Pues eso que ya estoy impaciente por un nuevo testimonio y si ves que puedo servir de algo aunque sea para sujetar una vela cuenta conmigo. Gracias

  • pedro bond:

    Me la creo porque lo cuentas tu sino, ni de coña

    Besos humedos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  • pedro bond:

    Maravillosa historia

    Besos humedos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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