Esta historia que voy a relatar es totalmente verídica. Una de mis fantasías desde que tengo uso de razón, es estar con una mujer. A mi corta edad he de decir que he tenido muchas ocasiones para cumplirlas, pero la verdad es que siempre tuve mucho miedo a hacerlo… Por que??? Miedo a que no me gustara, tal vez, a no estar a la altura, no sé, hay un sinfín de razones… Pero últimamente … me ha entrado de nuevo el gusanillo de probar… cosas nuevas, esas fantasías… Pues nunca pase de un morreo con una chica… hasta el otro día. Y de la mano de nuestra querida MaríaG…
Quedamos para comer. Simplemente para comer, pero yo sabía que habría postre… jijijijij. Quedamos en un vips al lado de su apartamento. Cuando la vi salir, pues estaba en el baño, me dije que hice requetebién quedando con ella. Es tal cual como me imaginaba, natural, muy natural, guapa, ni grande ni pequeña, con curvas… y con una cara muy simpática y morbosa…
Llevaba una camisa marrón que marcaba su pechos… mmm, y yo imaginando como serian sus pezones… No tengo remedio, incluso con los nervios que llevaba encima!!!! De hecho iba temblando… hablaba con ella y temblaba, pero ella, tan maja como es, hizo todo lo que estaba en su mano para relajarme… notó mis nervios, para no hacerlo, se notaba a una legua de distancia que estaba tiesa como un ladrillo y mas colorada que un tomate!!! De hecho yo ya la avise de que iría hecha un flan jijiii Me dijo que no me preocupara, que ella haría todo el trabajo jijijijiiji por lo que ya podía ir poniéndome cómoda…
Hablamos de todo un poco, de mis comienzos, de mis servicios, de mis gustos.. etc. Y yo con la risa tonta… jajaja mira que me considero una chica con desparpajo y bastante habladora, pero con ella solo sabia reírme y ponerme colorada… Sería mi primera vez, es comprensible no? xD Bueno, a lo que iba. Cuando terminamos de comer me pregunto que si quería el postre en casa y yo no lo dude un instante… la dije que si inmediatamente. A lo mejor ella pensaba que sería más difícil de roer, no lo sé, pero la verdad es que estaba muy caliente, no hacía más que mirarla esa boquita tan bonita que tiene e imaginar todo lo que me haría, todo lo que sentiría con ella… Estaba ardiendo con cosquilleos desde las piernas hasta el estomago…
Ya subiendo en el ascensor… me provocaba… ya sabéis chicos, es que esta chica es todo morbo.. . Cuando llegamos a su casa me agarró de la mano y me dirigió a su habitación… y empezó a besarme suave… muy suave… provocando como ella sabe… Pero que bien sabe… Pensaba… Dejándome besar. Me fue desnudando poco a poco y me dejo en tanguita, me tumbo y siguió besándome, y yo mas caliente que una estufa chic@s… Me besaba los mofletes.. el cuello y los hombros…el pecho, la tripita y los muslos…. Hasta llegar a mi gran tesoro. Me acuerdo que me dijo: estas demasiado vestida jjajajaja yo estaba tan en mi globo disfrutándolo al 150 %, que tuve que mirar a que se refería, y era por mi tanga jijijiji, estaba claro que yo solo estaba centrada en mi placer mas oscuro… Me las quito, despacito… Y acto seguido se las paso por la nariz mirándome directamente a los ojos… Dios mío, que imagen, una chica preciosa con una mirada lasciva oliéndome las bragas…eso termino de calentarme y ya notaba que estaba listísima para el ataque, el pecho se me acelero y mi respiración estaba muy, muy agitada, cuando la veo que saca la lengua y empieza a lamer… mi tanga… saboreando… En ese instante con un simple roce hubiera llegado al orgasmo, jajaja todo esto paso en muy poco tiempo y creo que se le podría denominar eyaculación precoz jajajaja, como me pone esta mujer… me la volvía a comer mientras escribo esto… Y de nuevo me voy por las ramas xD No lo puedo evitar, pienso en mi experiencia y me pongo mas caliente que el palo de un churrero jijiijiji.
A lo que iba, yo estaba que no podía mas, y ella bajó.. abajo… y lo acaricio… despacio, suave, delicadamente… y de repente suelta un gritito. Abro los ojos sobresaltada y la veo con una sonrisa de oreja a oreja, con una cara… (mmm Maria… Ahora mismo te deseo como no sabes… guapa…) La pregunte que ocurría, que había pasado… Y me dijo que nada, que ahora vería
Saco el móvil y me fotografió el coñito de primer plano y me la enseño… Jijijijiji, no me lo podía creer, mi coño estaba tan mojado que tenía un superhilo de flujo recorriéndolo entero hasta llegar a mi culo… Si… Solté una pequeña carcajada… jijijiii me encantaba ver lo que había sido capaz de hacerme maria, pero me gusto muchísimo más ver lo que paso a continuación…
Mi querida María lo recogió todo con el dedo y se lo paso por la boca… mmm que bien sabes ainara… Lo quieres probar? Yo encantada dejé que me metiera el dedo en la boca y luego me dejé besar… Y yo ya no podía más… De verdad!!!! Me pidió permiso para que entrara Lucia a la habitación… Y que decir, jijijiji, que ni me importo… solo quería explotar en un inmenso orgasmo… Cuando en menos de un minuto estaba Lucia en la habitación!!!! Voló para venir a saborearme… Y ya os podéis imaginar lo que paso a continuación… no se cuanto tiempo paso… no tenia noción del tiempo, estaba desorientada… Recuerdo que el día lo empecé con el pie izquierdo y me fui a la cama mas relajada y feliz que una perdiz 
María, gracias por esta experiencia inolvidable, los orgasmos que me regalaste han sido los más intensos que he tenido en mi vida, muy ricos…. Y… espero repetir… jijijijijii
Me recogió en la estación. Iríamos a su casa un rato, a coger fuerzas para dar una vuelta por la Ciudad Condal. Un paseo y una buena cena.
Estaba impaciente por que llegara la noche. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de conocer aquel local. Llegamos los primeros, tanto que tuvimos que esperara en la calle a que nos dejaran entrar. Bajamos las escaleras. Unas vitrinas con cositas de sexshop y un arco de acceso a la sala. Me sorprendí de lo pequeño que era aquello y el tufillo demodé, que no deja de tener su encanto. De frente una barra con una cobriza de desmayo, insinuante y ligera de ropa. A la derecha se abría la sala rectangular con filas de butacas dibujando una U, el escenario en el centro rodeado de cortinajes cerrados. Y una puerta al fondo.
Nos sentamos en primera fila, justo delante del escenario, con una barandilla de separación. Tardaríamos un rato en compartir la sala. Poco a poco, primero una pareja en la izquierda, luego en la derecha unos cuantos chicos. Alguna pareja más detrás de nosotros, un grupo de japoneses, unos chicos un tanto borrachos de despedida de soltero. Hombres solos, nacionales y extranjeros y de todos los colores.
Y en algún punto de nuestra espera, comenzó a sonar música. A partir de ese momento fui transportada a otro mundo.
Morena, alta, con un cuerpo de infarto. Esa mujer se puso a bailar para mí, me miraba, se tocaba, recorría con su mano todo su cuerpo, cerraba los ojos. Tumbada bocabajo, con su hermoso culito levantado, nos ofrecía una visión intolerable de su sexo desnudo. El escenario daba vueltas acercándonos su desnudez un poco más.
Entonces sacó un consolador y comenzó a jugar con él. En su boca primero, rítmicamente introducido, entre sus piernas después. Deseaba ardientemente ser yo quien lo manejara. Tan cerca y tan inaccesible. Y se veló para mí y la música cesó.
Azafata y piloto uniformados, rubios, guapos y de cuerpo estupendo. Nada les costó desembarazarse de sus ropas y comenzar a evolucionar. Él nos mostraba la belleza de la dama, su sexo abierto, expuesto y ella, de rodillas, cual si suplicara la atención de su macho. De pie, por detrás, se fue acercando para ensartarla, mostrándonos todo su cuerpo, inclinándola hacia nosotros. Tan cerca de mis ojos podía ver su miembro presionando para entrar en ella, dilatándola, tensionando de tal manera que casi parecían uno. En el suelo, arqueada la espalda, los movimientos acompasados y mis manos inquietas se me escapaban para tocarme.
Dos espectaculares morenas y altísimas, con cuerpos perfectos, aceitados y deseables. No tardaron en bajar del escenario y comenzar a jugar con los chicos que estaban sentados a mi derecha. Les provocaban haciendo que las acariciaran que les dieran un beso, que les desabrocharan la poca ropa que llevaban, mientras bailaban insinuantes.
El desenlace era previsible y para mí mucho más deseable que para aquellos incautos. Eran dos travestis de desmayarse.
Un pequeño descanso. Ya estaba la sala mucho más llena, habría pasado qué se yo, ¿una hora? Quizá más. Dejé a mi acompañante sentado, él era más bien tímido y prefería no moverse por allí. Me acerqué al bar, no tanto con la intención de tomar algo sino por ver a las chicas. Como en un burdel de los de siempre, las bailarinas, en traje corto, luciendo encantos, permanecían sentadas en altos taburetes, con una bebida entre las manos. Me acerqué. No me resistí a poner una mano en la pierna de una y preguntarle cómo funcionaba aquello. Me dijo los precios y me señaló la puerta que nos conduciría a otro mundo. Me quedé con las ganas, no habíamos venido a éso y mi acompañante me quería en exclusiva. Toqué los culos que pude, metí mano a algún escote y volví a mi sitio.
Me sorprendió que fuera ella, la preciosa joven que estaba hace un momento en la barra ahora estaba allí, delante de mis ojos, con tan poquita ropa… Sensual como ninguna, provocándome con su mirada. No pude resistirme, abrí un poco más mis piernas, apoyé delante los pies y, recostándome me subí la falda para poder meter mi mano entre las piernas.
Su objetivo lo estaban consiguiendo, me tenían alteradísima. Y ella seguía moviéndose para mí, sin dejar de mirarme, prometiéndome unas mieles que no podría alcanzar.
A ese sí que le conocía, no guardo recuerdo de cuál era la mujer que estaba con él pero sí que desee ser yo la afortunada. Dinio estaba sobre el escenario, actuaba como macho dominante y la agarraba con furia y se le notaba brusco y a ella un tanto molesta. Pero eso le provocaba y él seguía con un punto más de fuerza. Tiraba de su rubia cabellera, la colocaba a cuatro patas y daba golpes de riñón sonoros. Y yo estaba siendo transportada a la edad de piedra y estaba viendo a un semental marcando a su hembra y no podía dejar de desear haber sido yo la que allí estuviera. Y para rematar aquella exhibición de poder masculino, de pie, con su miembro turgente en su mano, continuó dándose placer, demostrándonos la fuerza de su masculinidad y ofreciéndonos el espectáculo de ver salir el preciado líquido, con fuerza, a chorro, empapando las cortinas.
Cuando apareció ella yo estaba derretida en mi asiento. El pulso acelerado, rubor en mis mejillas, las piernas abiertas y mi sexo húmedo. Buscó entre el público y a mí me faltó tiempo para saltar al escenario. Me ofreció su boca y yo la tomé entera, besándola con pasión y tocándola con premura adolescente. Yo a penas era consciente de lo que estaba pasando pero poco a poco mi ropa fue cayendo al suelo y sus caricias se iban intensificando. No tenía ojos más que para ella y temía el momento en que mi tiempo concluyese. Estaba desnuda, con su mano entre mis piernas, colocada de rodillas, mirándola. Entonces aparté su apretado tanga para descubrir su secreto y me dejó que la metiera en la boca, deseosa de notarla caliente y dura. La plataforma siguió girando pero las cortinas me ocultaron del público. Nunca sabrán que en esos momentos hubieran podido hacer conmigo lo que hubieran querido, estaba totalmente entregada al placer y deseosa de experimentarlo allí mismo, bajo aquellos cegadores focos.
Pero me dejaron marchar abrochándome la blusa, sin bragas y jadeante.
Imposible recordar nada más. Sí, salieron al escenario alguna belleza que otra y bailaron pero mis ojos ya no se centraban. Estaba borracha de imágenes impactantes, de escenas que no olvidaré mientras viva. Ahora era tiempo de retirarse y dejar que todo aquello bullera en mi cabecita mientras me entregaba al placer carnal.
Nada más ocurrir lo conté, tenía miedo de que aquello pareciera sólo un sueño. Pero el relato se perdió y aquellos hechos continúan rondando mi cabeza.
Un cliente me contrató para pasar con él un fin de semana en Barcelona. Con escueto equipaje me subí en el AVE, dispuesta a descansar, leer un poco, en fin, nada particular.
Ya estaba sentada en mi asiento, junto a la ventana, cuando llamó mi marido. Al principio bien, le dije que tenía ganas de continuar con mis lecturas y que me dejaría llevar por el sueño. Pero su tono comenzó a ser un tanto burlón cuando dijo que él también podría estar tranquilo porque en esas condiciones no me quedaba más remedio que ser buena y modosita.
Consiguió sacarme de mis casillas, y toda indignada le aseguré que se comería sus palabras.
Colgué el teléfono y me dirigí al chico que estaba sentado a mi derecha. Al principio hizo como si nada pero le insistí: “Fíjate lo que me ha dicho mi marido”. Procuraba distraer su mirada hacia el libro que tenía delante pero yo tomé su mano, me desabroché un botón de la blusa y me acomodé en mi asiento.
Hizo algún intento de zafarse pero su mano volvía de nuevo a acariciar mi piel. Jugamos un buen rato, metía los dedos debajo de mi falda, me permitía que yo le recorriera también, comprobando lo excitado que estaba.
En un momento dado le propuse que nos acercáramos a uno de los servicios. Primero que si la gente nos podía ver y luego que si estábamos muy cerca de Zaragoza y a él le gustaba hacer las cosas con calma. Total, no quiso, pero entonces el dije que no le quedaba más remedio que seguir masturbándome hasta que se bajara, seguro que no querría dejarme en aquel estado de excitación.
Busqué que me diera placer, abría lo suficiente las piernas para que su mano pudiera moverse, que sus dedos juguetearan con mi clítoris, que se mojaran de mí.
Y en este estado, las piernas sobre el asiento, la falda inexistente y el escote abierto, llamé a mi hombre. Su tono era abiertamente burlón “¡¡sólo has conseguido que un tipo te haga un dedo!!”.
De acuerdo, no me sentaría hasta lograr a un hombre dispuesto a complacerme.
Recorrería todos los vagones, uno por uno, buscando cualquier hombre que se viera solo y a todos ellos les haría una propuesta muy concreta, entretenernos un ratito en los servicios.
Comencé en la cafetería, entablando conversación con uno que leía el periódico y luego lo intenté con el camarero. Con un chico que había salido a hablar por teléfono donde el equipaje. Me senté al lado de un joven simpático, me paseé arriba y debajo de forma incesante. Y las contestaciones eran todas del mismo estilo, nadie se mostraba ofendido, antes pensaban que fuera una broma.
Después de la segunda parada quedaba poca gente. En el primer vagón un hombre solo, de pie, miraba por la ventana. Me fui a sentar lo más cerca posible, sin saber que era justo el asiento que él ocupaba y así entablamos conversación.
Ante la pregunta de qué haces dando vueltas, pues le dije que mortalmente aburrida pero que estaba seguro de que el sabría cómo entretenerme. Una pequeña objeción, dijo estar casado, pero claro, yo también. Y tras unos instantes de duda se decidió a acompañarme.
Cerré la puerta tras de mí y comenzamos a besarnos con premura, con nervios. Nos desabrochamos la ropa, con premura adolescente, frotándonos, jadeando. Me puse de rodillas, quería probarle con mi boca. Estaba duro, tenso, le recorrí con la lengua despacio, recogiendo dos gotitas que habían surgido de él. Cerré mis labios sobre él y succioné con gusto, mientras movía mi cabeza arriba y abajo parsimoniosamente.
Me volvía a poner de pie, no quería que se terminara tan pronto el juego, ahora era mi turno. Con la mano en el pecho le empujé un poco para que se sentara. Entonces, despacio me fui sentando sobre él, sin dejar de besarle, hasta tenerla toda dentro. Estaba empapada, su miembro se deslizaba acompasado y yo buscaba mi placer moviendo las caderas en círculo primero, después metiéndola toda, así hasta sentir que me había llenado el coño de leche. Entonces me corrí, le retuve un instante más entre mis piernas, dejé que todo mi cuerpo se estremeciera.
Me moví despacio, con los muslos empapados. No quería limpiarme, quería seguir con la evidencia de mi desliz, mojar las bragas y seguir recordando que había estado unas cuantas horas zorreando a mi aire por aquel tren.
Estaba deseando encontrarme con mi cliente y que él también me recompensara.
Ya estábamos entrando en Barcelona y llamé para contar el resultado de mi viaje. Una foto daría fe de lo que acababa de ocurrir. Se sobresaltó, realmente no se lo esperaba y tampoco esperaba yo excitarle tanto con aquel desaire. Le dije que no se preocupara, que me quedaba la vuelta al día siguiente.
Viajar en tren puede ser toda una experiencia.