Cuando el WhatsApp deja de ser una tortura

Es una mujer guapa, me llamó la atención cuando vi su foto en el perfil del whatsApp.

Me escribió un día, había visto un anuncio mío y había estado curioseando en mi página. Quería darle una sorpresa a su marido, sería su primera vez con una profesional y buscaba una mujer que fuera cómplice de sus juegos pero sin llegar a culminarlos.

Cuando llegué a la terraza del bar, la cerveza ya iba por la mitad. No me costó reconocerlos, ellos no quitaban su mirada de mí. Camiseta marcando figura, escote bien pronunciado, pantalón blanco, un bomboncito.

A veces un rato previo puede aumentar la tensión y hacerse incómodo; con ellos fue un precalentamiento. Quince minutos después estábamos en el apartamento.

De pie, los tres, en mitad del cuarto, comenzamos a besarnos. Entreabría sus labios y poco a poco iba venciéndose y entregándose. Mis manos buscaban su cuerpo y la ropa fue cayendo y con ella las prevenciones. Una sonrisa pícara apareció en su cara, había pasado el miedo inicial y acababa de retomar la iniciativa.

Como dos gatitas en celo nos pusimos de rodillas y caminamos sensuales moviendo nuestros culos hasta colocarnos en la cama. La llamada fue escuchada por nuestro macho y segundos después estábamos los tres abrazados en intensos besos. Ella fue nuestro objetivo. La fuimos recorriendo sobándola, lamiéndola. De pechos perfectos, era imposible sustraerse de aplicar los labios en los pezones tersos, reclamantes.

Casi se me adelanta, pero no, probar sus jugos era mi privilegio deseaba intensamente catar su sabor, hundir mi rostro entre sus piernas. Los labios cerraditos y, al apartarlos, toda su humedad se hizo evidente y no perdí un segundo para meter ahí mi lengua y arrastrar esos hilitos transparentes para degustarla. Y, sin desatender con mi mano, busqué con la lengua otro espacio prohibido. Subía la cadera, me confería el ritmo que ella gustaba y mientras, con la boca, atendía a su marido.

Pero se retuvo, no quiso entregarse por completo y prefirió jugar con mis propias cartas y hacer que fuera yo la que me recostara. Me recorrió entera, se tomó su tiempo para ir probando como reaccionaba cada parte de mi cuerpo. Yo deseaba sentir el calor de mi sexo directamente en el suyo. Me monté sobre ella y dirigí sus piernas para acoplarme. Sujetándola por la cadera, le conferí el ritmo que pedía su respiración y esta vez sí, se dejó llevar por mí y ambas ascendimos sin retorno hasta quedar abrazadas y jadeantes.

Ese espacio fue para él, como dos esposos que se reencuentran, ella se subió sobre su hombre para devolverle, entre besos, lo que siempre fue suyo. Me evaporé, por unos minutos, mientras ellos se retomaban, cedí mis manos, presté mi boca y acompañé su juego hasta que sus gemidos se apagaron.

Recostados, entre caricias, los tres comentamos impresiones y experiencias, como si fuéramos amantes ya conocidos. Un rato de otro tipo de intimidad que pensé daría fin a nuestro encuentro.

Y, de repente, nos encontramos de nuevo en un abrazo a tres. Y nuevas combinaciones amorosas surgían para continuar disfrutándonos.

Entonces me pidió algo que yo no esperaba pero que deseaba intensamente. Quiso que me subiera sobre su hombre, de espaldas, dejándoles la perspectiva de mi culo; susurrándole al oído, le conducía y provocaba y arrancaba de su boca expresiones de infinito placer. Así fue hasta que mi turno acabó y ella, golosa, ocupó mi puesto.

Se aproximaba el momento y otra fantasía bullía en su linda cabecita. Se puso de rodillas a un lado y yo cual imagen especular imité sus movimientos. Ambas prestamos toda la atención a aquel miembro erecto y turgente que teníamos delante. Y nuestras lenguas a la par, húmedas, inquietas, hasta conseguir que se derramara en nosotras, poder degustar ese néctar fecundante, y complacernos en jugar con nuestras bocas inundadas.

Tumbados de espalda, sonrientes, bella estampa y estupendo colofón para aquel intenso encuentro. Cumplieron sus fantasías, pusieron carne y emoción a las imágenes que poblaban su mente. Horas deliciosas en las que me sentí un vehículo de la pasión entre dos esposos.

3 comentarios para “Cuando el WhatsApp deja de ser una tortura”

  • pedro bond:

    Me gusta..

  • lamiente:

    Impresionante relato,cuando lo lees te ves metido en la propia historia como si estuvieras en la misma habitacion que ellos,jamas me habia ocurrido con un relato lleno de sexo,que no fuera acompañado de ilustraciones fotograficas.Gracias MariaG,un beso en tus maravillosos y turgentes labios

  • Gracias. Me encantaría poder relataros todas las cosas que pasan en mis días de puta, que no tiene desperdicio!!

    Besos

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid