Cortilandia: La emoción de ir de compras

El morbo radica en ello: puedes ser visto.
En los días previos al establecido, fui quedando con los caballeros a diferentes horas y en distintos puntos del Corte Inglés. No pretendíamos llamar la atención sino tener sexo en cadena en un lugar público. La misión organizativa no fue muy compleja, sólo reubicaciones de última hora por imprevistos.
Me vestí pensando en ello: Una camisa un poco larga, unas medias por mitad del muslo, un abrigo que no me descubriera y discreta, muy discreta.
Ya estaba en el sitio concertado cuando leí un mensaje del primero de los participantes. Lo malo fue que no tenía el teléfono del segundo para cambiar el sitio. Así que, directamente me planté en los servicios donde habíamos quedado y me dispuse a hacer tiempo. Desde corta distancia iba viendo entrar y salir hombres y en una de esas no pude resistirme. A uno de ellos le pregunté si tenía unos minutos que las compras me ponían muy nerviosa. Fui rechazada y así cinco veces pero el sexto aceptó y pasó conmigo.
Fui a besarle pero me dio la vuelta, levantó el abrigo y, cuando vio que no llevaba nada más sobre mis nalgas, dejó caer su pantalón y me empujó hacia delante con firmeza. Le dio el tiempo justo de embocármela y se corrió dejando mis muslos empapados de leche. E igual que vino, se fue.
El segundo participante ya estaba esperando cuando salí. No quise ponérselo tan fácil, hice como que no le había reconocido y pasé por su lado chupándome los dedos empapados. Poca genta había como para pasar desapercibidos así que le hice un gesto y nos metimos en unos probadores desguarnecidos.
Le pedí que se sentara y me puse de rodillas para tener acceso a su entrepierna y despacito fui chupándole para sentir como crecía su miembro en mi boca. Me deleité todo lo que pude hasta que me pidió que me subiera encima. Sin hacer ruido cumplí su deseo y me la fui clavando parsimoniosamente, acompasando mis caderas. En ello estaba cuando me dijo al oído que se iba a correr y que quería hacerlo en mi boca. Así que me levanté para recibir aquel néctar en mi boca.
Me dirigí a la siguiente cita, en un servicio. Él me estaba esperando dentro con la puerta entornada y así la dejé al pasar yo. Me desabrochó la blusa mientras me besaba; agarraba con firmeza mis pechos y los lamía. Subió mi pierna para tener más espacio y comenzó a lamer, primero despacio, recreándose; luego uno de sus dedos lo embocó en la entrada y lo movía al ritmo de mis caderas y no paró hasta notar como me estremecía, en silencio, intenso, despacio.
Se levantó, ahora era su turno y allí tal cual estaba, apartó el abrigo y comenzó a penetrarme con toda la violencia e intensidad acumuladas. Entonces se abrió la puerta y apareció otro hombre. Le hicimos sitio, el primero de mis acompañantes le dejó el sitio y directamente me la metió en la boca y el segundo cuando me quise dar cuenta ya había ocupado su puesto y comenzó con su rápido ritmo, firme, enérgico. No se demoraron, poco más podíamos estar ahí sin que nos molestaran y eso incrementaba la intensidad de las sensaciones. Como en una cascada nos corrimos uno tras otro. Todo realmente delicioso.
Nos alisamos la ropa e intentando disimular nuestra turbación, salimos por separado, como si no nos conociéramos. Definitivamente me encanta ir de compras por los Centros Comerciales, nunca sabes lo que te vas a encontrar.

2 comentarios para “Cortilandia: La emoción de ir de compras”

  • pedro bond:

    Esto hila muy bien con tu anterior post, cualquiera que te conozca sabra que es verdad.

    Dejales que ladren. Besos humedos desde muy lejos¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

  • Espero que sueñes conmigo de vez en cuando, ahí donde te encuentres. Besos

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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