La chispa de la vida

Morriña, lo que tenía lo llaman en mi casa morriña. Esos días en que la normalidad de la vida pesa en exceso y las horas se alargan.

 

Dejé el coche con las luces encendidas, el almacén estaba oscuro y con aquel frío nada invitaba a permanecer un segundo más de lo imprescindible para cargar el coche.

Y ese día él miraba más profusamente mi escote. Buen mozo, de fuertes espaldas y manos rudas, siempre se había mantenido cauto. Y hoy procuraba alargar la conversación, en tinieblas.

Unas risas y por fin vuelvo a mi coche. Sujetando mi puerta, su comentario no me dejó otra opción: «Con ese escote no me extraña que tengas frío».

Me incorporé y fui hacia él, cogí su mano y le hice introducirla debajo de mi vestido y sopesar ese pecho que tanto estaba entreviendo. Sus ojos tan abiertos como su boca y palabras de incredulidad en sus labios.

Le besé y respondió apasionado, me abrazó, pegó su cuerpo al mío. Comenzó entonces un baile de gemidos sutiles, de respiraciones agitadas, buscábamos frotar, sentir, de pie, uno contra el otro, las bocas juntas, las manos inquietas.

Estaban ambos pechos expuestos, mis pezones endurecidos por sus atenciones,  las manos los recorrían y apretaba, sus labios succionaban y yo buscaba con la pelvis, apretaba para sentir le, cada vez más mojada.

Se lo pedí, le pedí que, por favor, me follara, que nos volviéramos locos, que transformara mi día,  un lunes de mierda.

Pero no le di tiempo a responder, metí mi mano abriendo la cremallera y me alegré de lo encontrado y de su dureza.

Sin permitir que su mano se separa de mí,  me dí la vuelta, levanté mi vestido e hice que mis bragas se deslizaran hasta el suelo.  Apoyando las manos en el coche, empujé hacia atrás. Y le sentí. Grande, poderosa, le bastó un pequeño empujón para comenzar a penetrarme. Y mi mano empezó a acompañarse.

Desde atrás,  despacio, agarrándome de las caderas, sus golpes de riñón marcaban el ritmo de nuestro placer. Y así comencé a notar esos chorros calientes, a presión, notar como me rellenaba. Y los dos gemimos y ambos fuimos derrotados.

Risas mientras recuperaba mis bragas. Le di las gracias por cambiar mi día mientras mi entrepierna recibía las gotas que de mí se desprendían.

Efectivamente era eso lo que me había faltado en el día y ello lo que me daba la chispa para colocar todo de nuevo sobre mis hombros.

Tú a Boston y yo a California

Desde el principio han sido, los nuestros, encuentros muy particulares.

Él buscaba una clase de té, mariage y, trasteando por Internet acabó en mi página. Nunca había acudido a un servicio con señoritas, su vida social era muy activa, siempre con mozas al retortero. Alto, rubiejo, atractivo, un bombón para cualquier nena.  Venía temblando como una hoja.

Desde aquel primero fuero muchos los escarceos, a lo largo de diez años. En ese tiempo nos hemos cogido mucho cariño y, es inevitable conocer algo de la vida del otro. Cuando me dijo que venía su hermano y que si les recogía en el aeropuerto, mi fantasía empezó a bullir. Pero cuando supe que eran gemelos, me faltó tiempo para pedir y suplicar que los planes no se truncaran.  Una y otra vez se quedaba todo en agua de borrajas, que si estamos de compras, vente, que si estamos con unos amigos tomando unas copas, vente.

Pero el momento no llegó hasta ayer.

Me escribió un mensaje: «El día tiene que ser hoy».  En el día de Navidad por fin se había decidido a proponérselo a su hermano, con ciertos matices para que la cosa pareciera creíble, una aventurilla, compañera de trabajo, de vez en cuando y, como remate que mi fantasía eran dos hermanos. Su respuesta fue sorprendente para mi tímido amigo: juntos sólo si estuviera borracho, si no, mejor de uno en uno.

El plan sería sencillo, con la excusa de irse al gym, ambos dejarían a toda la familia en casa, solo que uno iría en post del otro. Con la llave del trastero en el bolsillo Giovanni salió a por mí y  me condujo por los sótanos, en silencio, como dos espías, de puntillas.

Primero besos atropellados, mientras íbamos desnudando lo mínimo. Levanté el jersey y dejé que mis tetas se mostraran generosas y más besos me recorrieron. De rodillas, mirándole a los ojos, le pedí permiso. Quería degustar su miembro, quería agradecer el placer que me otorgaba, en un acto casi religioso, le deseaba sin matices.

Y así lo recibí en mi boca, así lo degusté sintiendo su tensión, saboreando su intimidad. Mientras mi mano se había deslizado dentro de mis bragas y mis dedos jugaban inquietos.

Me hizo una indicación, me puse en pie echando el cuerpo hacia delante y le dejé paso franco. Sus manos me atraparon por las caderas y el ritmo llegó solo. Sus golpes de riñón lo invadían todo, daban un ritmo a nuestras respiraciones, un ritmo creciente a nuestro placer, para dejarnos arrastrar hasta sus límites.

Giovanni se fue, me dejó a oscuras recomponiendo mi apariencia. Hasta que se abrió la puerta y apareció él mismo pero totalmente desconocido.

También sus besos fueron soberbios y sus halagos sobre mi cuerpo, excitantes, pues suenan mejor cuando se musitan con la boca llena hambre. Pero fue él quien se desabrochó, él quien me incitó para que la probara y también él quien sujetaba mi cabeza mientras se daba gusto penetrando mi boca. Y claro, los jadeos no cesaban y mi manita estaba empapada.

Ni sé en qué momento me puso en pie, pero fue él quien repitió los mismos gestos que yo había realizado minutos antes con su hermano. Y de nuevo sentí su dureza, su turgencia y como el placer se desbordaba dentro de mí.

Aquello podría repetirse siempre que lo desearan, yo encantada de servirles.

 

Besos

El Paraíso en la Tierra

Debe ser que veo muchas pelis o que mi imaginación corre paralela a mis masturbaciones. El caso es que hace muchísimos años que fantaseaba con la posibilidad de ser lo que todos conocemos por madame.

Claro, la primera imagen que se nos aparece a los que gustamos de ir de putas no es, precisamente, la sofisticación personificada, sino todo lo contrario, mujer madura que ha perdido su afán depredador hasta ganar  un aspecto maternal y poco lujurioso.

Lo que ocurre es que mi romanticismo hacía que yo estuviera visualizando otra cosa bien distinta, algo así como en la película «El club Social de Cheyenne». Mujeres joviales, mujeres que convivieran de manera sensual y pudieran ofrecer a los caballeros todos los caprichos soñados. Poca disciplina y mucho sexo.

Ha sido una experiencia fantástica, jamás he estado más rodeada de mujeres y mi cama se ha visto poblada tantas veces y a tantas horas diferentes por mujeres de todas las formas y colores. Todos los pasos fueron fascinantes,  el proceso de selección de mujeres normales, sin experiencia, era una excitante aventura. Mi coche,  la exposición de los puntos más importantes y, si era posible, una primera experiencia de inmediato. Muchas veces iba yo más nerviosa que ellas pero al tener una fémina delante y poder extender mis brazos para acariciar su pelo y rozarle el cuello, besar en la boca, humedecer sus labios. Me gusta besar a una mujer sorprendida de que lo haga. Me gusta alterarme y ver cómo su respiración es aún  más fuerte que la mía. Me gusta ver cómo las defensas van cayendo al lado de la ropa.

Pero ha sido una experiencia dura, difícil. Yo deseaba que ese mismo morbo que me hacía desearlas a todas , contribuyera a que entre ellas no quisieran arrancarse los ojos, que la competencia que se respira en todos los putis, fuera aquí transformada en emoción por la espera, deseo por la chica de al lado, que se despertara una complicidad única.

Me ofrecían, a cada instante, mujeres de bandera, profesionales de todas las nacionalidades para rellenar tropecientas habitaciones. Hubiera sido una opción, seguro que habría tenido bastante éxito. Eso prefiero dejarlo para los que gusten menos que yo de descubrir la falta de castidad de las mujeres casadas.

No, esa no era mi guerra, no, yo quise montar equipos de mujeres que quisieran comerse la vida. Y, por algún tiempo lo conseguí.  Y, por ese tiempo se estableció el Paraíso  en la Tierra.

Si, por supuesto que lo sé, era romántico y muy complicado, pero han sido los años más intensos de mi vida.

 

Contacto

Estoy en Madrid, tengo un horario de trabajo flexible lo que me permite disponer de tiempo para mi vicio secreto.

Algunos fines de semana también me las arreglo para liberar un rato para vosotros.

Sólo acepto las citas que puedo hacer con gusto, vamos que no trabajo a destajo. Prefiero atenderos con gusto antes que mecánicamente por lo que no siempre puedo aceptar otro servicio.

De vez en cuando me tomo mis periodos de descanso para retomarlos con más ganas.

  • Teléfono: 600 073 770
  • Email: paratidos@yahoo.es

El club social de MaríaG

Llevo unos meses muy intensos haciendo nuevas amistades y de ahí ha nacido un proyecto:

ElClubSocialdeMariaG

Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

Besos

Y tú, te masturbas?

Dedicada al sexo como actividad central de mi vida, podrías pensar que tod es morbo, todo es intensidad y todo un mar de placer. Pero ésto no es así siempre ni tiene por qué permanecer en el tiempo. Todo en la vida tiende a decaer y somos nosotros, con nuestro esfuerzo, los que colocamos las cosas en su sitio.

No he querido caer en las rutinas ni empezar a adquirir pautas sexuales esterotipadas. Siempere he querido crecer, explirar, enriquecer mi sexualidad.

Tengo recuerdos muy tempranos de mi misma tocándome. En la cama, de noche y antes de dormir, con cualquier imagen del dia en la cabeza. Al apagar la luz ya sabía lo que iba a ocurrir; a veces me tocaba un poco antes, incluso retiraba parte del pijama; después me daba la vuelta, me colocaba boca abajo y entonces comenzaba mi baile íntimo. Podía valerme de una almohada colocada a lo largo de mi cuerpo, de un muñeco de peluche o simplemente abrir mucho las piernas y bajar rítmicamente mi cadera para rozar, sólo levemente, mi tierna entrepierna y así ir aumentando la excitación.

Sin dejar de moverme despacio, notaba como los calores aumentaban y también la necesidad de despojarme de la ropa. Y cuando las sensaciones eran ya casi intolerables, me iba aproximando al borde de la cama, dejando prácticamente en vilo una de mis piernas y colocando el cordón del remate del colchón lo más encajado posible. Y así, ahogando en lo posible los gemidos,  culminaba mi cotidiana tarea.

Muchas mujeres  precoces como yo, jamás confesarán las imágenes que poblaban sus tiernas cabecitas en los momentos privados.

Y ésto siempre ha ocurrido en mi vida, hubiera tenido sexo o no, con pareja o sin ella.

Ni siquiera me hacía muy consciente de ello cuando tenía un hombre a mi lado. La excusa, para mí, era recibirle muy cachonda cuando llegara él a la cama.

Había adquirido un hábito por el cual, en cierta posición y con determinadas premisas, me podía tocar de manera placentera. Pero resulta que te pones a ver porno casero y observas a otras mujeres tocándose y sus estilos son absolutamente diversos.

 

Así me propuse reeducar mi cuerpo y aprender a masturbarme.

 

 

Besos

(Parte I)

 

Fiesta Bukake-Gangbang

Seguro que es la fantasía de más de uno. Mi amiga Rosa Amor nos convoca a esta excitante experiencia, el ya mítico Bukake con ella y unas pocas elegidas entre las que me encuentro.

 

https://esaschicas.com/showthread.php?11077-LIV-Bukkake-Gangbang-con-Rosa…-y-sus-amigas-XXXIV-Fiesta-EsasChicas

 

 

Besos

Emergencia sanitaria

Las mujeres jugamos sucio.

El otro día encontré una noticia que me hizo suspirar aliviada: «Cien artistas e intelectuales franceses critican el puritanismo de la campaña contra el acoso sexual».

Por fin un poco de cordura. A veces me siento un bicho raro al esgrimir ciertos argumentos que van en contra de las tendencias bienpensantes. Parece que ahora toca que seamos feminacis y que se afeen todos los comportamientos galantes y corteses masculinos.

Micromachismos les llaman, ahora un hombre no puede cederte su asiento sin tener que sentirse mal.

Y se mira con lupa al hombre juzgando sus apetitos. Y se considera que, cuando las mujeres conseguimos nuestro objetivo de levantar, con nuestro aspecto, la admiración masculina, expresar ésto es sexismo. Como si fuera sólo la mirada del varón la que fuera torcida y el coqueteo femenino tuviera que resultar indiferente.

 

En esta partida las  mujeres jugamos sucio, por más que queramos hacer que los sucios sean los otros.

 

 

Besos

Así de bien nos lo montamos en Madrid

Era ya un cliente conocido y le gustaba sobremanera morbear con sexo en grupo y con lugares públicos.

Me propuso poner un anuncio como si fuéramos pareja y quisiéramos darnos un homenaje de machos. El sitio elegido sería El Pardo, un dia de diario ya anochecido.

Han pasado como 5 años y no he olvidado esa noche.

Fuimos en dos coches, Pedro conducía el primero y mi marido nos seguía. Apagamos los faros y dejamos la cabina iluminada. Como una pareja de novios comenzamos a basarnos y sobarnos. De los coches de alrededor iban saliendo chicos y se aproximaban a los cristales.  Bajó la ventanilla, las manos iban buscando con ansia mi piel. La ropa se fue abriendo y retirándose de mí hasta quedar por completo desnuda.

Y salí del coche o al menos lo intenté, pues todas las manos se abalanzaron sobre mí y a penas podía separarme de la puerta. Les facilité el acceso a mi cuerpo y me di media vuelta para que les fuera más sencillo. Me esperaban aquellas manos con las vergas enhiestas, inquietas por colarse en mí, por penetrarme, por turnarse con el resto de machos en un baile sin límites.

Y yo les iba dando paso y disfrutando de cada golpe de riñón, de cada embestida del macho. Entre todos se abrió paso un mulato bien parecido que ofreció su coche para que adoptara diversas posturas en aquel arte amatorio multitudinario. Y los hombres siguieron gozando y turnándose, disfrutando de mi cuerpo y llenándolo todo de placer.

No sé si fue una hora o la noche completa, yo estaba transportada a otro planeta. Todos fueros satisfaciéndose en mí, varias rondas hasta que estuvieron servidos.

Al día siguiente recibí una llamada. Y lo que me contó me sorprendió. Aquel caballero estaba a 700 km  por temas laborales, cuando alguien le dijo «qué bien os lo montáis en Madrid», leyó el anuncio que le mostraron, llamó para confirmar asistencia y condujo pisando a tope para llegar. Y esa misma noche regresó sin saber muy bien cómo cuadrar todo aquello. Lo que vivió le impactó tanto  que pensó que yo debía de ser una profesional y buscó hasta encontrar una meretriz con un mechón blanco. Nació entonces el germen de una hermosa relación.

 

 

Besos

 

L

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.