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Mi Sol y mi Luna

Y no puede ser de otra manera. Todos los días cuando abro los ojos doy gracias a Dios por habérmelo entregado. A veces me preguntan desde cuándo es así o cuánto tiempo llevamos casados; entonces hago memoria y sólo hallo una respuesta: desde siempre. 

Claro que hubo un inicio, un camino recorrido lleno de primeras inseguridades. Entonces nos dimos la mano y nos entregamos pedacitos de nosotros, navegamos hacia lo más oscuro de nuestro yo y fuimos rescatando esos episodios que nos han conformado. Ahora mis recuerdos se confunden con los suyos. Y siento que siempre ha estado ahí, porque ha ido despacito poniéndome tiritas en las magulladuras de la vida y besando cada uno de mis dolores.

Él no tolera o transige, esta situación también le pertenece. Sin él yo no me entendería a mí misma como MaríaG. Y es el puerto donde regreso todas las noches y la mano que me sostiene cuando flaqueo y mi compinche de juegos.

Me llaman los que leen mi anuncio, se interesan por una mujer que trabaja con su marido. Algunos sólo preguntan por él por simple curiosidad. Otros prefieren obviarlo.
Hay muchos a los que su mera existencia les produce un morbo indescriptible, no tienen intención de conocerle pero saber que van a cuernear a un tipo, les pone.

Y en esa misma línea a algunos lo que les gusta es hacerlo en sus barbas, estrecharme entre sus brazos y contemplar el placer de una mujer arrebatado a su hombre.
Y el marido no contempla indiferente, no es su pluma lo que están usando. El marido tiembla de celos y, de manera incomprensible, se muere de excitación. Es una tortura a la que él no puede renunciar y yo tampoco.
No faltan los que lo tienen por compañero de caza, los dos machos conquistándome al unísono. Me gusta ser disputada por dos hombres y también que ambos me tomen a la vez.
En ese fragor, puede ocurrir (ni él mismo lo espera), que una mano se le escape al chico y acaricie un cuerpo masculino. Esa imagen me excita sobremanera, dos hombres que no cuestionan su virilidad encuentran placer acariciándose. Y yo, entre ambos, sin desperdiciar un solo instante.

También las mujeres y las parejas gustan de nosotros. Entonces la que me muerdo las uñas de celos soy yo. En esos momentos me doy más cuenta de que es mío, cuando le veo en brazos de otra algo dentro de mí pugna por gritar que no es suyo, quiero pegarle para que se retire, morderla y que lo suelte; y, al mismo tiempo disfruto entregándole como regalo a esa desconocida.
Todo ese coctel de emociones me lleva, una vez solos, de nuevo a sus brazos para recuperar lo que nos pertenece.

 

Publicado el 26 de Julio de 2009, Texto recuperado de mi blog censurado

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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