El aceite de la vida

Era una mañana de un día cualquiera, Miércoles si no me equivoco. Cuando llamó contándome que estaba con su mujer y que querían conocerme, no terminé de creerlo. A veces me pasa, no me creo a mi interlocutor, quizá porque llama gente con milongas casi todos los días. El caso es que tardaron un rato en mandar la dirección y dí por hecho que no habría cita. Gracias a Dios entró un mensaje, aquella cita debía producirse. Él un poco más joven y con su punto de morbo malote. Ella…Uf! Tuve que respirar y relajarme para que no se me notara la caída de mandíbula. Alta, delgada, pecosa, de pechos pequeños, una de esas mujeres que tanto he visto en v ideos Internet. Mi primera intención fue caer sobre ella cual plaga de langosta. Pero lo tenían pensado de otra manera. Dejó deslizar sobre los hombros la bata de seda y con movimientos gráciles se tumbó en una camilla. Vendó sus ojos. A partir de ese momento su cuerpo sería milimétricamente mío. Él comenzó por los pies, yo por la espalda. No soy masajista pero puedo jugar con el aceite. Aquello era un regalo, poder darme el tiempo que quisiera para palpar delicadamente cada lunar, cada hueco, cada hendidura, escotadura, recoveco. Dejaba escurrir entre mis manos el aceite para que fuera chorreando. Deslizando mis manos lo extendía. Aquello dejó de ser un masaje para mí y se convirtió en un acto de culto a la belleza femenina, un deleite absolutamente egoísta. Cuando tuve acceso a los pies nos dejó solas. Subida yo también en la camilla recorría mi cuerpo con sus pies. La tentación fue demasiado fuerte y los fui aproximando a mi boca. Me puse como loca besando sus pies, lamiendo sus deditos, restregándome como las gatas en celo. Estaba boca abajo ahora. Desde atrás fui deslizando mi cuerpo sobre el suyo para notar en toda mi piel su contacto. Y en el cuello mi boca no evitó algunos besos. Al retirarme, tan despacito como llegué, me detuve el esa preciosa manzana ofrecida ante mí. Bocado delicioso, jugosos agujeritos, delicado sabor. Y comenzó un juego de lengua, dedos, labios, manos, mientras que ella jadeaba y se retorcía, sin abrir los ojos, sin decir palabra. Y luego boca arriba, buscando con avidez sus pezones, entrelazando mis piernas con las suyas en posturas cuasi circenses de acoplamiento mutuo. Aquellas horas fueron de adoración delirante. Pasan por mi retina despacio, con movimientos sutiles, con todos sus matices. Nunca tuve una mujer entregada de esta forma, dedicada sólo a recibir cuanto yo quisiera darle. Una muñequita regalada a mis sentidos.

Besos

Un comentario para “El aceite de la vida”

  • Conde de Almaviva.:

    Con tanto aceite, en esos cuerpos lujuriosos, me he puesto tan caliente, que puedo freír churros.

    Gracias por tus relatos, guapa.

    Me encantaría realizar una fantasía igual con mi mujer y contigo, pero no se como plantearlo y no quedar como un depravado, pronto es nuestro 20 aniversario y me encantaría. Alguna idea.

    Gracias.

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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