Gasolineras abiertas 24 horas

Hace unas horas que me despertó el teléfono. Nos conocemos desde hace ya unos años y siempre me hace propuestas morbosas. Hoy quería ir a El Pardo, le apetecía perderse entre miembros erectos y verme bañada de leche ajena.

Me puse un vestido ligero y unas botas altas, ni medias busqué. Y me acerqué a recogerlo a su casa. El camino hasta El Pardo fue emocionante, mis manos jugaban en su entrepierna y las suyas se cernían impúdicamente sobre mí.

Cuando llegamos allí encontramos dos coches aparcados. Con las luces dadas exploré lo único de su cuerpo a lo que me daba acceso. Dura, rotunda, dediqué mi boca a darle gusto hasta que decidimos salir del coche.

Me quité toda la ropa, con las botas como único atuendo abrí la puerta. Nadie se había aproximado por el momento. Ya me había avisado de lo que deseaba, me puso de espaldas y pidió que le abriera mi culito. Cuando me quise dar cuenta delante de mí un fornido muchacho me mostraba lo que tenía entre las manos, ofreciéndomelo para que jugara con él; no pude sustraerme y le di unas lamiditas deseando seguir jugando con ella. Pero no me la dejó, se retiró súbitamente derramándose ante mis ojos.

Otros muchachos se aproximaron pero ninguno dejó su papel de observador activo. Así que nos dedicamos a darnos gusto los dos. Me agarraba por la cintura, con su cadera me golpeaba, introduciéndose de nuevo en mí. Golpeaba con ganas hasta que comenzó a acelerarse para terminar dentro de mí.

Mi culito destilaba. Me puse las bragas por no empapar el asiento del coche y así, de paso, podría llevar como trofeo aquella prenda bien empapada. Chaqueta que a duras penas podía taparme. Al teléfono le contaba a mi marido cómo había sido el encuentro y cómo me había quedado con las ganas de alguno más. Así llegué hasta una gasolinera. Fui a colgarle pero entonces una idea excitante apareció en mi cabecita. Le pregunté, coqueta de mí, si no le importaba que bajara así a repostar. Un guardia de seguridad en la puerta y un jovencito en la caja, ambos con los ojos puestos en las braguitas que dejaba ver la chaqueta. Y cómo no, el refresco estaba en el estante superior, al estirar mi brazo, quedé desprotegida hasta la cintura y eso fue lo definitivo. Cuando me acerqué a la caja aquellos dos hombres tenían los ojos muy abiertos a juego con sus bocas.

Cuando me preguntó si necesitaba algo más le contesté que sí. Quería que se perdiera conmigo dos minutos. Tartamudeando casi contestó que eso no era posible, que estaba trabajando. Así que le dejé tranquilo y salí al coche. El guarda se vino detrás y se ofreció a ayudarme y ponerme la gasolina. Ni que decir tiene que tengo el lateral del coche apestando a gasolina, no atinaba a colocar la manguera, se le derramó al sacarla … seguramente nunca le habría salido un intento de conquista tan mal. Y en esas estábamos cuando se aproximó el cajero.

Volví a preguntarle si se escaba un minuto mientras su compañero montaba guardia. Para darle argumentos me desabroché los dos únicos botones que portaba y mostré mi cuerpo casi denudo. Sólo unos segundos, lo suficiente para intentar decantar la balanza a mi favor.

El guardia animó a que entrásemos. Fuimos directamente a los servicios. Un instante antes de llegar el cajero dijo que no podía ir, que se jugaba su trabajo. Pasé directamente con el otro. Cerró la puerta tras de mí y se lanzó por detrás a quitarme la ropa y tocarme con ansia. Descubiertos mis pechos sólo deseaba que me inclinara hacia delante y metérmela, no me dejó darle un beso o probar un poco el sabor de su miembro. Directamente a mi coñito, con mi culo ofrecido, en el baño. Y unos segundos después, cuatro golpes de riñón y comenzó a recorrer mi entrepierna abundante semen.

Al salir volví a intentarlo. Esta vez, le dejé que me tocara y yo intentaba sacársela, quería un poco más de gusto. Se notaba dura a través de su ropa; se la agarraba con fuerza. Su respiración agitada, las manos sin apartarlas de mi cuerpo y su boca negando cualquier opción.

Así me marché a casa, de nuevo con ganas de macho.

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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