Playa, sol, ensaimada y palmesanos: Turismo en Palma de Mallorca

Esta vez no fue idea mía. Pocos días antes estábamos los tres comiendo. Conversación distendida entre un matrimonio y el amante de ella. Nos estaba hablando de su trabajo y de cómo tendría que viajar próximamente él sólo  y lo poco que le atraía la idea.

Entonces lanzó la pregunta “¿te vienes conmigo, María? La primera respuesta, acompañada de risas, fue no. Pero insistió y le dijo a mi marido lo bien que me vendrían dos días de vacaciones bajo el sol del Mediterráneo. Para mi sorpresa ahora eran los dos los que preguntaban por qué no.  De acuerdo, accedería con una condición: Poner anuncios en la ciudad de destino para trabajar de puta lo que fuera menester.

Tres días después cogíamos  un avión para Palma de Mallorca.

La perspectiva era estupenda, 48 horas dedicada a retozar con mi amante, teniendo a mi marido controlado en casa y rabioso de celos. Alguna posibilidad de ver algún cliente también tendría pero no confiaba mucho en ello.

Aeropuerto, coche de alquiler y hotel. Media hora después ya estábamos llagando a la playa cuando recibí la primera llamada. El mar tendría que esperar y con él mi acompañante.

Lo que prometía ser una tranquila mañana de relax fue transformándose en una intensa jornada  en la que, uno tras otro fueron llamándome y apareciendo en la habitación diferentes hombres. Alemán el primero y ruso el segundo. Ambos con cuerpos envidiables, rubios, altos, jóvenes, de planta estupenda y perfecto español.  Ahora se me entremezclan sus imágenes, apasionados besos, abrazos, caricias. El sudor recorriendo su espalda, los músculos relajados tumbado en la cama. Apuraron su tiempo.

Ya había pasado la hora de comer y el color rojizo amenazaba con aparecer en sus brazos cuando le recogí. En una terraza repusimos fuerzas mientras no paraban de pedirme información al otro lado del teléfono. Y con la cuenta llegó la llamada estrella.

Varios mensajes me había mandado desde que se enteró de mi viaje pero nunca acabé de tomarlo  en serio. Para mi sorpresa ella saldría del trabajo en unos minutos y en media hora se acercaría al hotel con el encargo de llevarme no sé que papeles. Dentro del bolso llevaba un sobre para mí. Era su fantasía, estar a solas con otra mujer y sería su marido quien se lo regalara.

Estaba todo preparado cuando llamó a la puerta. De mi estatura, delgada, temblaba como una hoja. Deseaba primero una ducha relajante, se desvistió solita y ya estaba  dentro cuando llegué yo. No retiró su boca. Despacio fue entregándose a mis besos, abriendo sus labios, dándome su lengua.  Llené mis manos de jabón, le di la vuelta y empecé por sus hombros, el cuello, acariciaba con mis manos resbaladizas, deslizándolas hasta sus dedos, tocando cada centímetro de su piel.

Apretaba mi torso contra el suyo, lamía su cuello, le susurraba en la oreja. Sus pechos me entretuvieron, pequeños, firmes, sensibles. Un movimiento circular, una presión intensificada, mis labios aplicados en sus pezones, duros, oscuros, irresistibles.

Las piernas bien torneadas, un deleite para masajear y recorrer hasta sus pies. Y volver a subir haciendo espuma entre mis dedos hasta ponerme de nuevo a su altura.

Ahora deseaba algo más de ella. Cerré la llave, le abracé con una toalla y la conduje hasta el lecho.

Tumbada con los ojos entrecerrados esperaba mi contacto. La cubrí con mi cuerpo y comencé a besarla. Primero en su boca, despacio, regodeándome. Y después fui bajando entreteniéndome para no dejar nada sin catar.

Así llegué a su entrepierna. Le separé un poco más los muslos. Un coño de los que ya no se encuentran, con todo su pelo rubiejo, unos labios menores sonrosados y recogidos, una preciosidad. Asomaban unos hilitos transparentes;  no pude resistirme y apliqué mi boca. Realmente delicioso.

Me apliqué en seguir el ritmo de sus caderas, en buscar su placer con mis dedos y mi lengua.  Fue agitándose cada vez más y, cuando ya estaba apunto de caramelo se incorporó. No quería correrse tan rápido, prefería la tortura de esperar un poco más y deseaba hacerme aquello mismo a mí. Me puse cómoda. Era la primera vez que ella probaba a otra y lo hizo con toda la dedicación posible hasta volverme loca. Y me dio su boca con sabor a mí y rodamos por la cama hasta colocarme encima, con mis piernas ahorquilladas entre las suyas. Y de esta manera comenzamos a movernos, a buscar la una contra la otra nuestro propio placer. Hasta terminar rendidas, tumbadas, jadeantes.

Luego, más relajadas nos hicimos unas fotos para mandarle a su pareja que debió de quedar al borde del infarto.

Luego no hubo ni playa ni turismo, sólo amorosos clientes que desfilaron por la habitación. Fueron tantas las horas que mi amante estuvo en el bar del hotel  (el periódico, un partido y luego otro, la cena) que la recepcionista le preguntó si estábamos enfadados. Entonces le pedí que subiera, a partir de ese momento sólo aceptaría salidas para dejarle descansar.

Me vino a recoger con la idea de pasar unas horas juntos y de llevarme a cenar. Pero cuando me subí en el coche  y nos dirigíamos al restaurante me dijo que él no tenía hambre. Así que me paseó un poco por la ciudad y tomamos algo. Claro que no le dije que mi cuerpo pedía algo consistente para compensar las horas gimnásticas pasadas. De regreso, me conformé con una manzana del.

Tampoco hubo comida al día siguiente, ni playa, ni turismo, mi teléfono echaba humo. Pero resultaba imposible poder complacer los deseos de todos. Mi tiempo en la isla fue limitado.

En algún momento de la tarde tuve que dejar libre la habitación. Así que el último de mis encuentros sería en los servicios del aeropuerto, pocos minutos antes de mi embarque de regreso.

Ha sido un viaje intenso y placentero y debo agradecer a los palmesanos las horas de placer que me han brindado.  Y también a mi amante y a mi marido por consentirme todo este vicio.

3 comentarios para “Playa, sol, ensaimada y palmesanos: Turismo en Palma de Mallorca”

  • Carlosnv:

    Hacía tiempo que no degustaba uno de tus relatos trepidantes, aunque estoy seguro de que te has dejado cosas en el tientero. Me encanta la entrada. un poco en tercera persona, en plan de observadora. Ese «distacco» que te permite apreciar el insólito y civilizado trío, con ese «oye, préstame a tu mujer que me la llevo a follar a Palma» que no transcribes pero que debió de ser dicho (palabras más, palabras menos) y tu condición que alivia parcialmente los celos: «si pero, a trabajar también».
    No deja de asombrarme lo puta que eres..!
    Un besito y hasta muy pronto

  • El marido de ella:

    Doy fe de la veracidad del relato, al menos por la cuenta que me trae y la parte que me toca.

    Lo que ocurrió en aquella habitación sólo lo saben ellas. Mi chica está encantada y nuestro apetito sexual ha crecido brutalmente, follamos en cada esquina.

    Maria, en cuanto vengamos a Madrid te llamamos.

    Gracias por hacer posible esta fantasía, sin ti no hubiera salido bien… seguro.

  • Tu mujer me lo puso fácil. Desde que abrí la puerta se entregó a mí, temblorosa y excitada. Fue una verdadera delicia. Lo que desearía ahora es compartirla contigo.

    Besos

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.