Carol

Es curioso, después de mencionarla el otro día, me he encontrado con una mujer tan parecida a ella que no daba crédito. Su mismo cuerpo delgadito, su misma altura, poco pecho, pelo rubio, ojos azules y una nariz con personalidad. Desde entonces no paro de rememorar nuestros encuentros.

Aquella primera noche todo ocurrió como si estuviera meticulosamente planeado pero jamás habíamos hablado de nada de ésto.

No estaba segura de hasta dónde ibamos a llegar cuando les dejé solos en la cocina y me fui al salón para poner música. Al regresar me abrazaron ambos y nos fundimos los tres en un baile de cuerpos.

No había besado nunca a una mujer.
Sí, alguna vez había deseado un cuerpo femenino. No olvidaré la imagen de una amiga mía en ropa interior, en su casa, hablándome despreocupada. Yo me quedé hipnotizada mirándola, no podía apartar mi vista de sus curvas y por eso, para que no se diera cuenta, salí del cuarto y continué hablando con ella desde la puerta. A partir de entonces, cada vez que nos vemos y no lleva sujetador procuro echar un vistazo disimulado a su escote.

Me gustaron los besos de Carol. Eran sensuales y un tanto lánguidos. Ella cerraba los ojos y jadeaba. Fuimos subiendo las escaleras de su casa hasta llegar a su habitación.
Debimos tardar milenios en desnudarnos, besábamos cada parte de nuestro cuerpo que quedaba al descubierto.
Cuando me quise dar cuenta me encontré encima de ella, frotando mi cuerpo contra el suyo, lamiéndola, besándola con una pasión que yo desconocía en mí. Ella respondía dejándose hacer y sin parar de gemir.

El punto culminante para mí fue cuando la tumbé sobre mi cuerpo para ofrecer el suyo a mi marido. No sentí celos sino una donación total de mi persona a través del cuerpo de mi amiga.
Pero algo no funcionó, estoy segura de que no eramos nosotros; Carol, al cabo de un poco le rechazó, decía que se había bloqueado.
Esa noche nos quedamos a dormir en el cuarto de al lado y ni que decir tiene que fue una velada tórrida en la que repetíamos las escemas de hacía unas horas y nos moríamos de gusto.

Mi amiga y yo nos veíamos a menudo porque eramos colegas y ambas estábamos haciendo el mismo curso de especialización. Era una relación con muchos altibajos, había días en los que ella quería a toda costa que estuviéramos las dos solas y otros en los que llamaba a mi marido para intentar verle a él. Jugaba a darme celos.

En Navidad fuimos a un concierto en el Real. En el descanso las dos fuimos al servicio. Nos cerramos en puertas contiguas. Yo terminé antes que ella, empujé su puerta y me colé dentro. Apreté su cuerpo contra el mío y la apreté contra la pared. Mi pierna estaba metida entre las suyas y la subía y bajaba, sin dejar de frotarme y besarle los pechos. No la dejé hasta que nos corrimos. No tuve que decirle a mi marido lo que había ocurrido dentro, sólo por la cara se nos adivinaba.

Cuando encontró pareja parte de sus problemas derivaron de querer reproducir una relación como la que yo estaba viviendo con mi marido. Era forzado y creo recordar que las dos primeras le fueron mal. Luego encontró un novio celoso y nunca le confesó más que había tenido algún escarceo conmigo.

Desde entonces la he deseado muchas veces pero no se ha vuelto a repetir.

(5-12-2008, Texto recuperado de mi Blog censurado por Blogger)

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.