Las miro, ¡son tan hermosas!

La primera vez que me fijé en ellas me sobresalté al darme cuenta de lo que estaba pasando.

Había visto cientos de mujeres desnudas hasta ese momento y jamás mi mirada había sido ésa. El cuerpo de mi amiga me turbó y no he podido volver a mirarla igual.
Es como los reflejos condicionados que describía Paulov en sus experimentos, desde ese instante su presencia hace saltar un mecanismo en mí por el que el deseo lo invade todo. Y recuerdo múltiples escenas posteriores en las que ella, ignorante de lo que ocurría en mí, conseguía alterarme sobremanera. La noche que dormimos juntas no pude pegar ojo, estaba sólo pendiente de cada uno de sus movimientos, procurando que una pierna contactara distraídamente, percibía su olor, podía detectar el calor que su cuerpo desprendía. Aún no entiendo como fui capaz de mantener mis manos quietas.

Durante años pensé que aquello era puntual.

Pero sólo había sido el principio.

Ahora las miro. Me gusta observarlas, desvestirlas con la mirada, ir imaginando cómo serán sus cuerpos y cómo reaccionarán bajo mis manos. ¡son tan hermosas!

La peor época es el verano. Nunca imaginé la cantidad de mujeres que permiten que vea su ropa interior, basta con estar atenta. Son descocadas, cada vez más. Alguno diría que lo hacen sin pensar pero no me lo creo. Sienten las miradas penetrantes que les dirigimos y se saben deseadas, probablemente de manera inconsciente y entonces, en vez de taparse, se descubren más.

No gano para sobresaltos. El otro día casi me hipnotiza un movimiento rítmico de unas rotundas posaderas. Llevaba un pantalón blanco ceñido que las botas y la chaquetilla sólo tapaban parcialmente; no podía apartar la mirada de ella y si no llego a estar acompañada, hubiera seguido detrás de aquel metrónomo. Esos pantalones ceñidos, tanto que parecen la piel misma, muestran lo que pretenden ocultar y me torturan.

Los tirantes son un invento pernicioso pues tienen la costumbre de ir resbalando por los hombros, aflojarse para apenas velar aquello que la prenda que sujetan esconde. Y así las féminas me hacen sufrir, mostrando sus hombros, los escotes, el cuello. Imposible acostumbrarme a ver esos recovecos, aparece enseguida la imagen de mis labios besándolos, de su cuerpo estremecido y voto por que regrese la moda de los cuellos cisne.

Y no sé sí prefiero, que se pongan medias o que se las quiten. Esos pantaloncitos, en verano, permiten aireación a sus muslos y a lo que ya no es muslo. Por el contrario la media los pone a resguardo y, sin embargo, también muestran y reclaman.

Tampoco me deja tranquila el calzado, me habla de ella, de si sus pies son grandes o pequeños, incluso imagino su tacto. Y el día que aparecen con sandalias creo desmayarme y quiero sujetarlos entre mis manos y apretarlos suavemente, dejar resbalar mis labios por ellos. ¡Por qué se pintan las uñas? ¿Acaso no saben cómo me reclaman? Sí, lo saben, y yo me siento como animal sumiso buscando el fruto que llevarme a la boca.

Mueven sus dedos y enloquezco. Me miran y caigo a sus pies.

Publicado el 7 de Diciembre de 2009, recuperado de mi blog censurado

Un comentario para “Las miro, ¡son tan hermosas!”

Deja un comentario

600073770

ESASCHICAS.COM

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid