El trabajo no se toma a broma

Llegaron a mí por recomendación.

Cuando me propusieron la historia tuve todas las dudas del mundo. Son decenas las llamadas que recibo con ideas morbosas que jamás se pondrán en práctica y aquella parecía una más. Así que, hasta el último momento no terminé de confiar.

La idea era muy buena, yo le haría a su amigo una entrevista de trabajo «con final feliz».

Aquello prometía ser interesante.

Me paso el día fantaseando, imaginando mil y una situaciones morbosas y ésta ha sido durante años mi favorita. He imaginado entrevistas de todo tipo, estando yo detrás o delante de la mesa, con una o varias personas, cualquier combinación me ha parecido estupenda para solazarme. Y, por fin, se iba a dar esa situación. Perfecto

Por la mañana un desconocido le llamó, citándole para su entrevista. Se le dio suficiente información como para que resultara creíble y se le facilitó hora y dirección.

Mientras tanto, el cerebro de la operación me daba a mí el curriculo del caballero, el guión usado por el gancho telefónico y pegatinas para buzón, telefonillo y puerta con un nombre de una empresa del sector.

Todo estaba listo, faltaban treinta minutos. Me quité la chaqueta, casi era preferible que desde el principio apreciara el contraste de mi ropa interior con la camisa transparente negra. Una de las medias quedaba justo por el borde de la falda, algún movimiento me permitiría mostrársela. Unos papeles, mi ordenador, la agenda y llaman al timbre.

Un chico alto, treintañero, bien parecido. le acompaño y nos acomodamos en un sofá. Los primeros minutos son míos, le cuento cómo se va a desarrollar el proyecto y las perspectivas a medio plazo. Por el momento, todo sobre ruedas.

Ahora le toca a él. La pregunta sobre sus expectativas le pilla un poco por sorpresa. Estaba un poco nervioso y me complací subiendo el grado de tensión un punto más: puse mi pierna derecha sobre la otra, girando levemente el cuerpo. Era un movimiento totalmente estudiado para descubrir un poco más mis muslos y dejar ver la negra liga que ceñía mi pierna. El efecto fue inmediato, de repente retiró la vista y no supo dónde mirar.

Fue entonces cuando di el siguiente paso preguntándole por sl interés real por ese puesto. Desde luego que era un candidato muy válido y estaba convencida de que desarrollaría su trabajo a la perfección pero no era el único de ese perfil y debía haber algo que me hiciera decantarme por él. Entonces le dije que se vendiera: Qué me podía ofrecer, qué estaba dispuesto a hacer.
Era el momento crucial, había tirado el anzuelo, mi presa se debatía pero no terminaba de abandonarse. Entonces comentó si no sería una broma de sus amigos. Me puse en pie, muy seria preguntándole si acaso aquello le parecía una broma, era mi órdago final. Le agarré una mano y la puse en mi cadera, sin parar de argumentar.

Todos mis esfuerzos se vieron súbitamente recompensados y nos besamos apasionadamente, con furia desatada y, sin tiempo para más, tiramos allí mismo la ropa y caímos en el sofá abrazados. Me parecieron segundos, a lo mejor fueron minutos, el caso es que la intensidad de la situación pudo conmigo en un instante y poco después le tocó a él.

Puede que ésto se encuadre dentro de la sección de acoso laboral. ¡Uf! ¡Vaya experiencia!

 

Publicado el 23 de septiembre de 2009.Texto recuperado de mi blog censurado

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.