La última visita a un club

Su amiga Raisa me la estaba vendiendo desde hacía rato y yo mucho caso no le hacía pero mientras tanto comprobaba la calidad de sus carnes prietas. Pero cuando bajó me di cuenta que era la mujer más deseable que había visto en una temporada. Me llamó la atención su pelo, una perfecta melena negra y ondulada que contrastaba con el modelito: rejilla blanca cubriendo todo su cuerpo y un pantaloncito mínimo.
Estaba sentada en una silla, me acerqué y mientras le preguntaba si querría subir conmigo dejaba deslizar mis manos por sus largas piernas. Deseaba, sobre todo besarla pero ella no quería que la vieran el resto de colegas. Así que me contuve.

Subimos los cuatro y me hubiera encantado encontrarme una cama grande y amplia que nos permitiera meter mano a las dos chicas al mismo tiempo. Pero los hados no nos fueron propicios y cada uno se colocó en su camastro con su brasileña.

Era tímida y yo no quería violentarla así que la empecé a acariciar despacio mientras que, con delicadeza apartaba la ropa de su cuerpo. La senté en la cama primero y terminé reclinándola, acompañaba cada gesto con suaves besos y caricias elogiando su hermosura. Poco a poco empezó a responder a mis caricias y también sus manos empezaron a buscar mi cuerpo, mientras nuestras respiraciones se hacían cada vez más superficiales.
Tenía unos pechos pequeñitos y unos pezones reactivos, de esos que apenas los tocas notas como se estremece entera. Y seguí mi recorrido de besos por su vientre hasta perderme en su entrepierna. Me empapé de su olor y caté su sabor, era deliciosa, no quería despegar mi boca de su coñito. Así que me puse cómoda y dejé que ella me fuera indicando con sus movimientos cómo le gustaba. Sus caras eran indescriptible, se mordía los labios y se tapaba la cara con el brazo.
Sólo le costó un poco y su orgasmo fue derramándose en mis manos y en mi boca, inundándome.
Ahora era mi turno. Ella seguía tumbada así que no le di muchas opciones, me puse encima de ella, le sujeté una pierna doblada y hacia arriba y me monté sobre ella. El contacto era total y profundo. Al cabo de un poco yo necesitaba su boca, quería volver a besarla. Y me deslicé sobre su piel hasta colocarme encima de ella, así ya la tenía a mi alcance!
No tardé mucho en seguir su ejemplo y correrme, sin apartar un solo instante mis labios de los suyos.
Y nos quedamos unos minutitos recostadas en la cama y haciéndonos esos mimos que nos volvían locas.

Publicado el 4 de Agosto, texto recuperado de mi blog censurado

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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