La idea de ir a un club: Primero como clienta

Tenemos unos amigos muy puteros y nos hemos ido con ellos a club. El primer día que se nos ocurrió quedamos todos allí directamente, llegaríamos a diferentes tiempos según saliéramos de nuestros respectivos trabajos.

Tenía muchas ganas de ir, quería empapar mi retina de aquellos espacios que son reservados sólo para ellos, quería contemplar la belleza de sus cuerpos ligeros de ropa. ¡Había fantaseado con esas imágenes tantas veces!

Iba un pelín nerviosa pero sobre todo tenía unas ganas tremendas de que llegara la hora. Así que conseguí salir antes, aparqué y me dirigí a la entrada. En la puerta un tipo como un armario me impidió la entrada. De primeras me pidieron mi DNI y no tuve ningún problema en enseñárselo. Luego me dijeron que no podía pasar, dirigiéndose a mí de una manera muy brusca. Estaba defraudada y me sentía mirada mal por aquel tipo y por otro gorila que salió después. se me estaban quitando las ganas de entrar.

Tardó poco en llegar mi marido y entonces me volví a plantar delante de la puerta. Volvieron a pedirme mi documentación y esta vez parecían más suaves. Según ellos, la prevención hacia mi persona procedía de que una vez la mujer de uno de los que allí estaban tomando algo entró y les debió montar un zipizape descomunal.

Se abrieron las puertas para mí y comenzamos a bajar las escaleras. Allí estaban, decenas de ojos se había vuelto hacia nosotros. A partir de ese momento y hasta que salí de allí no dejé de sentir sus miradas. 

Todas aquellas mujeres danzaban a nuestro alrededor, nos miraban, se aproximaban, hablaban con mis amigos, les ponían alguna mano de más encima e intentaban trabar conversación. Claro está que las miradas que me dirigían a mí eran de otra índole, curiosas, suspicaces, recelosas. No, no me miraban como una posible clienta sino como una posible competidora y gozaban de exhibirse más descaradas si cabe en mi presencia. Yo estaba embriagada por ver tanto cuerpo ligero de ropa a mi alrededor, tanta mujer hermosa moviéndose en una danza sinfín.

Tardé un rato en poder reaccionar. Debía elegir una candidata y no sería tarea fácil. Tuve que vencer mi timidez para lanzarme al ruedo. Me di media vuelta en la barra, me dedicaría a observarlas un rato, a comentar sus cuerpos con los del género masculino y, sobre todo con él, el que compartiría conmigo el manjar seleccionado. Las había morenas, rubias, negras y más blanquitas, de diferentes orígenes salvo nacionales; eso sí todas altísimas, con esas plataformas imposibles que hacen que su andar se desvirtúe. No puedo evitar que la imagen que surja en mi cabeza cuando pienso en un andar sensual sea la de Marylin en una escena de “El príncipe y la corista” en la que ella abandona la estancia con un impresionante vestido blanco y un bamboleo que quita el sueño.

Hice algunos intentos, en todos los casos, les parecía muy bien subir con los dos, pero al momento de decir que no quería un show, sino real, indefectiblemente me miraban como si fuera marciana; parecían decir “¡¡yo soy puta pero decente!!¡¡ yo no hago cochinadas!!”.
Me fijé en una mujer que rondaría los treinta, morena, menuda que parecía intentar mimetizarse con la decoración. Lo que más me llamó la atención de su figura fue una cicatriz que recorría todo su vientre longitudinalmente y que ella tapaba poniendo constantemente sus manos cruzadas delante. De repente esa marca empezó a darme morbo y a desearla frente a las nenitas perfectas.
Me acerqué, ya no recuerdo de qué país de Sudamérica procedía. Era muy dulce en el hablar. Primero no me contestó y dio una vuelta al local. No era la más llamativa pero me parecía una candidata perfecta. En su ausencia continué las pesquisas, la tarea de hablar con ellas, juguetear un poco con mis manos, ¡Uf! ardua labor.
Regresó. Una vez acordado todo, me cogió de la mano y nos dirigimos a unas escaleras interiores. Yo desconocía el protocolo y todo me resultaba novedoso. Llegamos donde estaban las sábanas, esperamos en la puerta y entonces surgió la segunda situación de película:¡El gerente se nos acercó para decirme que no podía trabajar allí! “Disculpe pero yo no estoy alojada en el hotel, vengo con mi marido como cliente” pues nada, que no lo entendía y venga a repetirme que no podía trabajar sin estar alojada. Hasta que no intervino mi hombre no entró en razón aquel tipo que se había permitido levantarme la voz y ser bastante desagradable. Parece que no es muy habitual es estos sitios presencia femenina fuera de las señoritas.
Cruzarme con otras chicas que llevaban cogidos a sus clientes, todas con un neceser en las manos, las señoras de bata blanca sentadas en cada piso, la habitación, todo era irreal.
Una vez en la habitación nos invitó a lavarnos. A mi vino a ayudarme para darme bien de jabón en el bidé, me resultaba cómico que me frotara como si quisiera sacarme brillo a pesar de que yo, como es natural, fuera recién duchadita y oliendo a rosas. Su rutina.

Recuerdo aquella hora, me impresionó como, al poco de besarnos, cambió de actitud y se entregó al placer. Los dos nos abandonamos y entrelazamos nuestros cuerpos con el de ella que pasó a ser un catalizador para nuestra pasión.
La recorrí entera, lamí cada centímetro de su piel y me estremecí con sus caricias, con sus labios carnosos buscando los míos. Y le compartimos como colofón amatorio, necesitábamos sentirnos llenas y robarnos el semental, nuestros instintos más animales salían a la luz.
Y terminamos jadeantes, recostados uno al lado del otro sin dejar de besarnos un instante.

Publicado 10-06-2009, texto recuperado de mi blog censurado

Un comentario para “La idea de ir a un club: Primero como clienta”

  • Angel:

    Hola Maria. Navegando por internet he llegado hasta tu blog y me he quedado realmente sorprendido. Cuando uno piensa en una mujer que cobra por mantener relaciones sexuales no se imagina esto. Escribes muy bien y tus historias son interesantes, lo cual te hace infinitamente más atractiva que cualquier puta del montón.

    Nunca me he planteado pagar por mantener relaciones sexuales, pero desde luego que si algún día lo hiciese pensaría en alguien así.

    Enhorabuena por el blog. Me subscribo para seguir la historia del club.

    Un saludo

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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