Las sombras del alma humana

Algo había visto hasta ese día en pelis pero desde luego no reflejaban la realidad.
Fantaseaba alguna vez, pensaba que podría sacarle el morbo a la situación. Así que cuando me llamaron para proponérmelo, lo medité un poco y, al final, consentí. No fui obligada, de hecho cuando me aproximé a la cita mi predisposición era estupenda, deseaba disfrutarlo. Se acercaba la hora de subir a la casa y yo me iba poniendo nerviosa, realmente no sabía qué me esperaba y, sobre todo, quién me recibiría. Su voz al teléfono era suave, incluso tartamudeaba un poco, eso me producía una cierta tranquilidad. Pero estaba muy confundida. 

Me abrió la puerta un tipo de apariencia normal, no especialmente atractivo y con unos quilitos de más. Era la vivienda familiar y se extendían por doquier las fotos de su amante esposa y sus hijos.
Los prolegómenos fueron un poco bruscos pero normalitos. Todo empezó a cambiar cuando subimos a la habitación. Los azotes fueron aumentando en frecuencia e intensidad, la piel empezaba a arderme. Le gustaba ver cómo me ahogaba con su miembro en mi boca, quería hacerme vomitar. Se complacía escupiéndome en la cara. Lo único que podía hacer era rezar para que aquello terminara cuanto antes.
Cuando le dije que no me gustaba nada me dijo con vocecilla de cordero que aquello era lo que a él le daba morbo. Disfrutaba vejando a las mujeres. Desagradable o repugnante no define lo que viví allí y no merece la pena que me extienda más en detalles.

Estuve largo rato bajo el chorro de agua tibia; todo aquello desaparecería de mi cuerpo con una ducha y saldría de allí con la cabeza bien alta. Pero ese ser abyecto, miserable y ruin viviría el resto de su vida con el alma retorcida y la conciencia sucia y eso no se limpia fácilmente.

 

Publicado 04-05-2009, texto recuperado de mi blog censurado

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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