Y Dios creó a la mujer

17/07/2017 2 Por MaríaG

Siempre los he esperado con nervios. 20, 30 hombres, quizá más y yo delante de ellos, desnuda, ofrecida.

Cuando se da la señal se aproximan por todos los flancos media docena de hombres de inquietos falos se ciernen sobre tí. Entonces disfruto de postrarme, cual adoradora pagana, y catar con esmero cada uno de los que me son ofrecidos. No es un trámite, no es un acto de espera para lo siguiente,es pleno y tremendo y gozoso.

Sus manos buscan, recorren y yo me abro para no negarles nada, para que esa frase tan común en sus oídos de “quita!” o bien “ahora no”, que esa frase de desprecio femenino salga de sus mentes por unas horas. Y alguno, valiente, se tira al ruedo y toma como macho por derecho, y me hace sentir de nuevo, plenamente mujer.

Y a partir de ese instante uno tras otro, mano a mano, en una verbena de gemidos y éxtasis, de gozo y placer.

Pero el otro día por el rabillo del ojo podía ver a otra mujer de hermosas carnes, Kelly, que repartía placer a cuantos se aproximaban a ella. Y entonces ocurrió lo inesperado, una tercera mujer entró en escena, una mujer que conozco y deseo desde que la supe como puta y ya no tuve descanso hasta unirme con ambas.

Entonces ya sólo existían ellas, sólo sus labios carnosos, sólo sus sexos como heridas abiertas, me llamaban. No sé si fue primero su boca o antes su pecho, no sé cuántas manos aparté para hacerlas mías. Me tomaban libremente mientras yo gozaba de esos cuerpos deliciosos.

Y le perdí a Anna si tenía ella ganas, pues las mías venian desde hace años. Y al decirme que sí, pedí a los dos hombres de mis costados que me elevaran, que me pusieran a la altura de sus hombros; ella esperaba con el rostro en alto y la boca abierta. Y así, sin dejar de tocarme, justo en el punto de disparo de un orgasmo, empezó a fluir una lluvia dorada y cálida, mojando, fecundando, inundando. Conservó parte en su boca y nos fundimos en un beso, en el beso de dos hembras entregadas a su naturaleza.

 

 

Besos