{"id":1003,"date":"2016-06-15T13:58:16","date_gmt":"2016-06-15T09:58:16","guid":{"rendered":"http:\/\/mariag.org\/?p=1003"},"modified":"2016-06-25T14:00:03","modified_gmt":"2016-06-25T10:00:03","slug":"tu-mas-profunda-piel-julio-cortazar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/mariag.org\/?p=1003","title":{"rendered":"Tu m\u00e1s profunda piel, Julio Cortazar"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: #0000ff;\">Cada memoria enamorada guarda magdalenas y la m\u00eda &#8211; s\u00e1belo, all\u00ed donde est\u00e9s- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la r\u00e1faga de tu m\u00e1s profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equ\u00edvoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que alg\u00fan momento, es alg\u00fan gesto inadvertido, asciende con su l\u00e1tigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espada contra el banco velamen de las s\u00e1banas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\">No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hac\u00eda de tu rostro una m\u00e1scara de joven fara\u00f3n nubio. Creo que siempre estuvo entendido que s\u00f3lo nos dar\u00edamos el pacer y las fiestas livianas de alcohol y las calles vac\u00edas de la medianoche. De ti tengo m\u00e1s que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta m\u00e1s precioso fue esa cama donde lentas, imperiosas geograf\u00edas iban naciendo de nuestro viaje, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. \u00a1Oh viajera de ti misma, m\u00e1quina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distra\u00eddo y e perfume del tao en mis dedos te atrae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta ant\u00edlope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un ef\u00edmero encuentro.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\">Yo aprend\u00eda contigo lenguajes paralelos: el de esa geograf\u00eda de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confund\u00eda. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo precioso que lo abarca todo en un instante que es como un v\u00f3rtice, s\u00e9 que dijiste \u00abMe da pena\u00bb, y yo no comprend\u00ed porque nada cre\u00ed que pudiera apenarte en esa ma\u00f1ana de caricias que nos volv\u00eda ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presi\u00f3n liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desliz\u00e1ndose hasta otra vez ovillarse y repetir las ca\u00eddas desde los alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines de mitad del salto. Entonces aprend\u00ed que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la verg\u00fcenza, y que no te decid\u00edas a mi nueva sed que ya tanto hab\u00edas saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el ment\u00f3n en la garganta para no dejarme en la boca m\u00e1s que el negro nido de tu pelo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\">Dijiste \u00abMe da pena, sabes\u00bb, y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos p\u00e9talos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un \u00faltimo deseo con el correr de las manos por las m\u00e1s dulces colinas, sintiendo como poco a poco ced\u00edas y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo om\u00f3plato ten\u00eda algo de ala de \u00e1ngel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu verg\u00fcenza antes de que otro acorde, el \u00faltimo, nos alzara en una misma estremecida r\u00e9plica. S\u00e9 que cerr\u00e9 los ojos, que lam\u00ed la sal de tu piel, que descend\u00ed volc\u00e1ndote hasta sentir tus ri\u00f1ones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en alg\u00fan momento llegu\u00e9 a perderme en el pasaje hurtado y\u00a0 prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan all\u00e1, desde tu pa\u00eds de arriba y lejos, murmuraba tu pena una \u00faltima defensa abandonada.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\">Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, s\u00e9 que una boca busc\u00f3 la oculta boca estremecida, el labio \u00fanico ci\u00f1\u00e9ndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi m\u00e1s extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sent\u00ed es ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instant\u00e1neo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las m\u00e1s densas, implacables m\u00e1quinas del fuego. No era sabor ni olor, tu m\u00e1s escondido pa\u00eds se daba como imagen y contacto, y s\u00f3lo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderec\u00e9 sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tej\u00eda las \u00faltimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una s\u00faplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. M\u00e1s tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu m\u00e1s profunda piel desde tanto horizonte diferente, despu\u00e9s de fabulosas m\u00e1quinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos, se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu \u00faltima pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne m\u00e1s secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todav\u00eda creo estar viviendo.<br \/>\n<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada memoria enamorada guarda magdalenas y la m\u00eda &#8211; s\u00e1belo, all\u00ed donde est\u00e9s- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la r\u00e1faga de tu m\u00e1s profunda piel. 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