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Éste es mi espacio para poder rememorar esos hechos que no le puedo contar a cualquiera porque, simplemente, no me creería. Una pequeña bitácora de mi vida de puta.

Pero, ¿qué había antes?

Para situarme correctamente en el inicio de mis desmanes primero debo mirar un poco más atrás.
He tenido varias parejas antes de encontrar a mi marido. Ahora al pensarlo, no me parece casual que tuvieran el mismo patrón, hombres que vivían su sexualidad como algo privado en lo que yo apenas participaba.

Siempre me han gustado los relatos. Recuerdo de jovencita buscar el Interviu a escondidas para poder leer las historias a solas. Nunca se lo comenté a nadie, más bien me daba vergüenza confesar que me excitaba sobremanera la lectura picante.
A escondidas leía todos los cuentos eróticos que caían en mis manos; de alguno aún recuerdo el argumento y me ha dado pie a sabrosos polvos. Porque no se lo decía a mi pareja pero muchas veces mi mente estaba en otro lugar cuando hacíamos el amor. Yo estaba fantaseando con los argumentos que sacaba de mis lecturas y luego transformaba según mi imaginación me conducía.

No debo ser la única que veía el canal plus codificado el viernes por la noche, día que ponían la porno  o que, tiempo después, se masturbara en la cama viendo un cutre-canal regional con una cutre-película que introducía en mi fantasía un nuevo hilo conductor.

Muchas veces, en años, procuré compartir mis calenturas o introducir en el juego de pareja una lectura o una película. Y me encontré con una hipócrita respuesta, con una supuesta falta de necesidad de argumentos ya que “todo lo que necesito lo tengo delante”.
Pues yo no, yo no entendía el sexo así.

Por mucho que intentara refrenar lo que pasaba por mi mente, sintíendome culpable por esa evasión de la realidad, yo no era capaz.
Pero cuando descubrí que esa cortapisa no era más que una barrera, que la ducha es un sitio perfecto para que cierta población masculina se desahogue sin dar explicaciones, empecé a sentirme menos bicho raro.
Además siempre he sido tímida y me ha dado mucho corte hablar de estos temas con mis amistades, así que he ido dando pasitos para descubrir, no sólo mi sexualidad sino para descubrirme a mí misma.

Del día en que lo conocí sólo recuerdo con nitidez sus ojos. Destilaban una picardía que me provocaba. No, no caí rendida en sus brazos, ni me entregué a una pasión loca. Fue un largo camino de apertura, algo así como quitarle las capas a una cebolla hasta desnudarla por completo. Esta vez quería la aceptación plena de mi persona, incluyendo mi imaginación calenturienta.

26-11-2008 (Texto recuperado de mi blog censurado por Blogger)

Sueños durante la siesta

De dónde nace una puta como yo

No recuerdo cuándo comenzó mi fantasía. Fue muy progresivo. Yo era una mujer normal, casada con el hombre de mi vida, con un trabajo vocacional,… Siempre me ha gustado el sexo y, por aquel entonces empezamos a fantasear con meter en nuestra cama a un tercero. Mi marido me susurraba al oído cómo se aproximaría el otro y me arrebataría el placer y yo me moría de gusto ensoñando.

Él lo arregló todo. Un amigo suyo, bien parecido y un poco golfo vendría a cenar a casa. Pero no hubo cena, vamos, ni se habló de probar bocado. Yo me puse todo lo guapa que pude con la mínima ropa posible. Llegaron. Mi marido me sentó en las rodillas del otro. Temblaba como una hoja, se me entrecortaba la respiración, estaba muerta de vergüenza pero no hacía el menor ademán de moverme del sitio.

Eran cuatro las manos que comenzaron a desnudarme, muy despacio, besando cada parte que iban descubriendo. Yo no daba crédito a lo que estaba pasándome. ¡Resulta que mi cuerpo reaccionaba más rápida e intensamente que nunca! Estaba totalmente rendida al placer.
Me entregé a un hombre que no era el mío y, acto seguido, me recibió mi marido. El placer fue absolutamente indescriptible.
Con todo lo que había pasado tuvimos imágenes para recrearnos durante una buena temporada.
Si en aquel momento alguien me hubiera asegurado que unos años después dedicaría mi tiempo libre a la vida alegre, me hubiera reído a carcajadas.

Realmente no me había planteado ir a más, a lo mejor repetir lo del trío, pero quedarme ahí. Lo de aquella noche no entraba en mis planes.

Ella llevaba apenas unos meses separada. Acabábamos de ayudarla con la mudanza y celebrábamos la primera cena oficial en aquella su casa nueva. Algo capté en los ojos de Carol. Cuando mi marido salió a por la botella de vino le pregunté si quería algo con él y confirmó mis sospechas. Me fuí al salón, justo enfrente, para poner música, Carol quería bailar. Y puse algo lento y tardé un poco en regresar. Efectivamente bailaban abrazados.

La culpa la tuvo él. Me agarró de la cintura para envolvernos a las dos pero no calculó bien y me encontré besando apasionadamente a mi amiga. Fue nuestra amante durante unos años.

21 de Noviembre de 2008 (Recuperado de mi blog censurado por Blogger)

Coje el dinero y corre!

Desde el principio fue todo un tanto peculiar. Me costó entenderle al teléfono porque no hablaba bien español. De noche, para ir a un domicilio, un desconocido. Aún no entiendo cómo me convenció pero fui. 

Un barrio normal, una urbanización normal, un piso normal. Abrió la puerta un tipo joven y fornido, no me sorprendió él, sino que no estuviera solo; en el salón otro chico, muy guapo, por cierto, me saludó sonriente, dijeron que era su primo.

Pasamos a la habitación, rebuscó en su bolsillo y sacó un arrugadísimo billete de 500 que tiró encima de la cama. Claro que había visto más billetes morados pero nadie espera que una lleve cambio. Me dijo que luego arreglaríamos cuentas y que tenía otros tres como esos. Yo estaba nerviosa pero muy excitada, no me cabía duda de que aquello no iba a ser un servicio normal.

No me puso un dedo encima, sólo pidió que me quitara la ropa. Coqueta, me fui despojando de todo, lentamente y obediente me senté en la cama. Él permanecía con su ropa interior.

Entonces salió de la habitación dejando la puerta abierta. Se oían risas en el pasillo y volví a ver al primo que me miraba descarado. Mi cliente regresó como si nada, se desnudó y me ofreció coca. Le di las gracias pero rehusé a pesar de su insistencia.

Me agarró de la nuca y tirándome del pelo, con fuerza, me empujó la cabeza hacia su entrepierna y dijo “chupa”. ¡Qué cabrón! Lo noté en cuanto me la metí en la boca, el sabor amargo era inconfundible, se me durmió la lengua, el paladar y la garganta, una sensación muy desagradable.

En ese momento llamaron al telefonillo, se puso los calzones, volvió a salir y otra vez la puerta permaneció abierta.
Un tercer hombre se asomó, los tres hablaban delante de mí (yo no entendía nada, eran rusos) y se reían. Ya no me quedaba ninguna duda de lo que iba a pasar, estaba aceleradísima, no sabía si quería salir corriendo o deseaba que entraran de una vez.

Tres hombres en la puerta me miraban deseosos con una copa en la mano, algo borrachos y puestos.

Mi cliente volvió a entrar y a desnudarse pero sin molestarse en preservar nuestra intimidad y a cada poco alguno de sus primos pasaba por delante del cuarto, le decía cosas y no perdían detalle.

Cuando llamaron al telefonillo por segunda vez yo no daba crédito…

Sonó el telefonillo e inmediatamente gritos. Yo no entendía nada. De repente se abrió la puerta y me dijeron “¡vistete, corre!”.
Apenas era capaz de abrocharme el sujetador, las medias las metí en el bolso como pude. Mi cliente estaba alteradídimo, no atinó a ponerse nada más que unos pantalones y unas chanclas. 

No le importó que estuviera a medio vestir, me agarró del brazo para que saliera del cuarto. Yo daba saltitos intentando ponerme mis tacones y así me arrastró hasta el rellano del quinto piso. Le pregunté, aún temblorosa, que es lo que pasaba pero él me respondía en su lengua mientras corría hacia una puerta lateral.

Se salía al exterior, era la escalera de incendios. No consintió en contestar hasta que no estuvimos dos pisos más abajo. Sólo entonces, mientras yo terminaba de abotonarme la blusa, dijo que su mujer no tenía que haber llegado hasta más tarde, que estaba trabajando.
Ya sin tanta premura terminamos de bajar.

Algo así sólo ocurre en las películas.

Publicado el 12 de Octubre de 2008, texto recuperado de mi blog censurado

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.