Servicio express en el aeropuerto

Rara vez hago caso a mensajes como aquel: “Quiero que me ofrezcas algo morboso, divertido. Tengo poco tiempo, estaré en el aeropuerto, lo dejo en tus manos.” El firmante era un cliente bien conocido.

Un par de años atrás recibí la visita de un italiano. Rubio, alto, moreno cobrizo, de ojos azules y cuerpo escultural, vamos, recién salido de un sueño.

Resulta que estaba tranquilamente en su oficina, buscaba un tipo de té, escribió mariage en internet y allí salí yo. No pudo resistir la curiosidad, me llamó y al poco estaba delante de mí.

Con la respiración alterada me atrajo hacia sí y comenzó a besarme como si fuera la última mujer de la Tierra. Como una pareja de enamorados en un tórrido encuentro, fuimos arrojando al suelo las ropas mientras no permitíamos que nuestros labios se separaran.

Intenso, salvaje, inolvidable. No podía retirar mis manos de su cuerpo, era un placer tocarle, palpar sus músculos, seguirlos con los dedos. Me excitaba su perfección, pero no sólo eso.

Quizá lo que más me excitaba era su forma de mirarme, el deseo insaciable que destilaban sus poros, las pupilas dilatadas, los ollares distendidos cual semental presto a la monta.

Todo perfecto. Me acompasé a su ritmo, a su placer y dejé a mi lengua que vagara libremente por su cuerpo hasta llegar a su miembro turgente. Sólo unas pocas lengüetadas, no quería que se me terminara el juguete demasiado rápido.

Ansiosa, ni un minuto más de demora podría aguantar, me subí encima de él, la emboqué y lentamente me fui acomodando hasta sentirla por completo dentro de mi cuerpo.

Con movimientos cadenciosos, con el toque de firmeza justo, fui precipitando nuestro orgasmo, dejando que se aproximara lentamente. Y con los ojos cerrados, los labios húmedos y pegados a los suyos, fui transportada a otro mudo, a otra dimensión.

Difícil de olvidar y rememorado por mí en el resto de ocasiones en que nos habíamos visto.

Fui con el coche al aeropuerto. Las opciones eran varias pero lo que más le sedujo fue que le llevara a un parque cercano y luego ya veríamos.

Cuando le tuve en el coche supe que no quería esperar ni un segundo más. Arranqué y saliendo de la T4 tomé el primer desvío hacia zona civilizada. Oficinas serían pero su parking presentaba grandes claros. Simplemente paré el coche en alguna plaza y le pedí que se bajara del coche y se montar detrás.

No se lo esperaba, la imagen que tenía era la de un parquecito con sus árboles y aquello difería bastante. Pero tenía una gran ventaja, no se veía ni un alma alrededor y mis cristales estaban tintados.

Nos lo quitamos todo y procedimos como adolescentes en celo. El espacio era limitado, posibilidades de cambios de postura no teníamos, pero no lo echamos en falta.

La respiración agitada era la misma que recordaba, el temblor de su boca, el estremecimiento ante mis caricias. Ansiosa al ver desnuda su virilidad, acerqué los labios, saqué la lengua, besé, succioné, masturbé con mi boca.

Una sutil mano en mi entrepierna y una invitación a que satisficiera sus ansias de calor. En un instante me vi sentada sobre él, moviéndome para darme placer, acariciaba sus pezones, le besaba.

Procuraba centrarme en cada movimiento, sentirle en profundidad, notar cómo iba entrando despacio, resbalando por las paredes, haciendo que me empapara aún más.

Movimientos circulares, respingos de placer, agitación en fin que nos llevó más rápido de lo que pensábamos, a derramar su simiente, a llenar mi cuerpo del líquido nutricio, tibio, húmedo.

Y aún un minuto más para recoger las pequeñas contracciones que, como réplicas de un seísmo, aún me recorrían. Terminamos de vestirnos fuera del coche. El camino de regreso al aeropuerto fue bastante más relajado e incluso más corto. Se bajó con una sonrisa perfecta.

Y yo pensaba que con amigas así, uno puede recorrer todo el mundo.

5 comentarios para “Servicio express en el aeropuerto”

  • Ivan:

    Es mi fantasía!¿Pero realmente exixtes?
    Viajo todo el año, me paso las semanas en los aeropuertos de medio mundo y tengo muchas fantasías sobre mujeres bellas que me acosen.
    Espero encontrarte un día

  • No es la primera aventura en los aeropuertos, un día os contaré alguna más. Te invito a jugar conmigo: Un día qur tengas tiempo entre dos vuelos, en Barajas, iré a la terminal y te esperaré por allí un rato. Si me reconoces, tendras tu premio ¿te gusta el plan?

    Besos

  • carlosnv:

    ¿Puedo jugar yo…?
    Si, si…Ya sé…Conmigo no se vale…
    ¡ Nunca creí que llegaría el día en el cual me arrepentiría de conocerte !

  • Ivan:

    Aún existes María?yo estoy en el aeropuerto y me quedan 3 horas de espera

  • Ivan:

    María el martes 7 tengo 5 horas de espera en Barajas, aún sigues por alli

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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