Así de bien nos lo montamos en Madrid

08/01/2018 1 Por MaríaG

Era ya un cliente conocido y le gustaba sobremanera morbear con sexo en grupo y con lugares públicos.

Me propuso poner un anuncio como si fuéramos pareja y quisiéramos darnos un homenaje de machos. El sitio elegido sería El Pardo, un dia de diario ya anochecido.

Han pasado como 5 años y no he olvidado esa noche.

Fuimos en dos coches, Pedro conducía el primero y mi marido nos seguía. Apagamos los faros y dejamos la cabina iluminada. Como una pareja de novios comenzamos a basarnos y sobarnos. De los coches de alrededor iban saliendo chicos y se aproximaban a los cristales.  Bajó la ventanilla, las manos iban buscando con ansia mi piel. La ropa se fue abriendo y retirándose de mí hasta quedar por completo desnuda.

Y salí del coche o al menos lo intenté, pues todas las manos se abalanzaron sobre mí y a penas podía separarme de la puerta. Les facilité el acceso a mi cuerpo y me di media vuelta para que les fuera más sencillo. Me esperaban aquellas manos con las vergas enhiestas, inquietas por colarse en mí, por penetrarme, por turnarse con el resto de machos en un baile sin límites.

Y yo les iba dando paso y disfrutando de cada golpe de riñón, de cada embestida del macho. Entre todos se abrió paso un mulato bien parecido que ofreció su coche para que adoptara diversas posturas en aquel arte amatorio multitudinario. Y los hombres siguieron gozando y turnándose, disfrutando de mi cuerpo y llenándolo todo de placer.

No sé si fue una hora o la noche completa, yo estaba transportada a otro planeta. Todos fueros satisfaciéndose en mí, varias rondas hasta que estuvieron servidos.

Al día siguiente recibí una llamada. Y lo que me contó me sorprendió. Aquel caballero estaba a 700 km  por temas laborales, cuando alguien le dijo «qué bien os lo montáis en Madrid», leyó el anuncio que le mostraron, llamó para confirmar asistencia y condujo pisando a tope para llegar. Y esa misma noche regresó sin saber muy bien cómo cuadrar todo aquello. Lo que vivió le impactó tanto  que pensó que yo debía de ser una profesional y buscó hasta encontrar una meretriz con un mechón blanco. Nació entonces el germen de una hermosa relación.

 

 

Besos

 

L