Reflexiones antes del desayuno

Tú y yo somos tres

Está presente en la imaginación colectiva, todos hemos fantaseado alguna vez con situaciones desbordantes de morbo en que son dos las mujeres que juegan con un mismo hombre.

Y sin embargo, son muchos menos los hombres que buscan esta situación de lo que podría imaginar.  Y la razón principal me sorprende: Resulta que muchos dudan de poder llevar a buen puerto la situación, la tiranía de pensar que tienen que dejar a dos mujeres satisfechas.

De repente el juego a dado paso a una carga, si ya es difícil mantener contenta a una, imagina a dos.

Yo sólo veo una manera de encajar a tres en un lecho: partir de dos mujeres derretidas la una por la otra.

Permitirse besar despacio, sin prisas, acariciar cada escondrijo de su cuerpo, beberse cada poro, recorrer cada hoyuelo. Perderse en el roce de la piel, en la admiración de la belleza del cuerpo de otra mujer. Su olor con todos sus matices, su sabor.

Y en este baile, tan alejado de lo que se suele contemplar, el hombre puede gozar de la contemplación de la belleza; y, poco a poco, servir de nexo de unión entre ellas, prestar dos manos más para el placer.

Es desde este otro concepto desde el que un trío puede convertirse en un delirio.

Cada vez hay más porno en internet donde deleitarse en las mil maneras posibles de compartir un trío.

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Besos

 

 

La voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas

Es curioso cómo llegamos a deformar la realidad de las cosa. He vivido buena parte de mi existencia sin plantearme nada acerca de la infidelidad. Pero no me refiero a una canita al aire eventual, me refiero  a la infidelidad sostenida, mantenida y regular.

Me resulta especialmente llamativo cuando he sido incapaz de mantenerme fiel a ninguna de mis parejas. He llegado a compartimentar tanto mi vida que he mantenido dos relaciones estables paralelas, con la peculiaridad de ser una de ellas con una mujer. Siempre una parte de mí vivía en lo escondido.

En mí no surgía ningún roce, ni la necesidad de sincerarme con nadie. Simplemente era mi derecho o mi necesidad hecha derecho. Tenía ese punto de reserva por el cual nada puede ser duradero. Siempre con un plan alternativo pensado para cuando el actual se torciese. Porque eso había ocurrido hasta, pasado el esplendor, se establecía el aburrimiento y la puerta de las posibilidades quedaba entornada.

Así que no tengo otra conclusión posible más que jamás había amado y jamás me había sentido amada con un amor pleno, reconfortante y reparador. Ha pasado mucho tiempo hasta que he podido descansar con el alma entregada.

Ahora las cosas desvelan su rostro y puedo ponerle nombre a todo, incluso a mí misma.

Besos

 

 

Aquí se come a la carta

Ayer me llamó una pareja de paso por nuestro país. Me he quedado impactada. Hace años que me dedico a mirar de dónde proceden las entradas de mi blog, me gusta imaginar las procedencias de los que, quizá en algún momento, lleguen a compartir el lecho conmigo. Pero saber que ellos en concreto llevaban tanto fantaseando conmigo y que acababan de llegar y ya me estaban llamando… Lo que pasó después merece que lo cuente en otro momento y detenidamente.

Así que, aquellos que contactan conmigo han podido leer sobre mí y tienen ya su cliché de MariaG. Claro que esa idea puede distar mucho de lo que buscan o incluso de la realidad y puede ser que lo que se topen sea algo que les gusta incluso más.

Me imagino que si llamara a una mujer de la que he leído que es una leona en la cama, me tumbara esperando verla evolucionar y devorarme y no me encontrara eso, pues quedaría defraudado. Pero ahora si me meto en su pellejo, igual su comportamiento de leona no viene de serie sino que responde a una excitación previa, al juego que se establezca, al morbo. Y lo mismo puede ser una leona que una dulce gatita.

Pues eso, ni en serie, ni indiscriminadamente, ni patrones fijos. Aquí todos comemos a la carta.

¿Quién escribe por MariaG?

¿Quien escribe por MariaG?

Tengo prácticamente la misma imaginación que un pez. Debo disculparme por ello.

Sí, me disculpo porque, lamentablemente no sé hacer relatos de ciencia-ficción, ni tan siquiera de corte erótico-festivo.

Descubrí mi afición por la escritura en gerundio. Simplemente un día me puse a escribir, a contarme a mí misma aquello que había pasado, a plasmar las imágenes que corrían por mi mente y que poblaban mis recuerdos.

Me limité a dibujar con la pluma lo que ya se había dibujado en mi retina. Aquellos hechos que fuertemente me habían impactado y que pertenecían al ámbito más privado de mi persona: Al sexo.

Al día siguiente releí lo escrito de un tirón la noche anterior. Reconocí los hechos tal cual habían ocurrido, describiendo las sensaciones vividas por mí, pensamientos inconfesables, deseos carnales; describiendo lo que pasaba por mis dedos, lo que estremecía mi ser.

Y me gustó, me excitó y reconocí en aquello una vida propia ajena a mí.

Desde ese día, cuando todos duermen, en un momento de calma, cierro los ojos y revivo encuentros, horas de vicio, ratos lujuriosos, instantes prohibidos.

Lo sé, para muchos es impensable que una “cualquiera” como yo empuñe la estilográfica, igual que es impensable que haya podido leer más que una revista o que tenga un currículo profesional y académico interesante.

Nada importa, MariaG es lo que tú quieras que sea.

Puedo ser común, alguien con quien toparse a la vuelta de la esquina de cualquier ciudad. O puedo ser producto de la imaginación de un negro literario, cual princesa de las Mil y una Noches. ¿La autoría de mis relatos? Basta con conocerme, para intuir la verdad.

Pero la vanidad no importa y todo es importante.

 

El motivo inspirador de estas reflexiones ha sido comprobar que en la primera página de búsquedas de MariaG aparece un blog con el mismo título de esta entrada. En él se diserta sobre hipótesis acerca de la autoría  y veracidad de mis relatos. 

Desde que apareció el mismo, muchos han sido los clientes que vienen a mí por el morbo de los chascarrillos. Lo mismo ocurrió cuando se empleó un foro llamado anti spalumi para malmeter contra los que participábamos en el nacimiento de mi querido foro esaschicas.com

Más de un cliente me ha pedido que le susurre alguna más de mis fechorías, pero nadie que se lo escriba sobre la espalda.

                                                                     

Sólo me resta añadir una frase ilustrativa:  “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”.

Besos

Cuando el morbo es la ternura

Dado que últimamente me piden el “más difícil todavía”, lo más imaginativo, lo menos visto, he hecho una pequeña reflexión sobre el particular: 

Llamaron insistentemente al timbre.
Nunca abro si no espero a nadie, miré por el telefonillo y me resultó familiar su cara. No tenía mi teléfono, lo había perdido, pero recordaba dónde me había visto en otra ocasión.
Tenía sesenta y pico años y llevaba más de catorce años visitando a la misma chica. Ahora me comentaba pesaroso que ella ya no le recibía, sabía que ella sigue trabajando y ya no le abre la puerta. Pero él necesitaba esa cercanía, una relación estable (si así se puede denominar la que se establece con una profesional), con una mujer cariñosa, que le haga sentir deseado y querido como no lo siente habitualmente en su cama.

Aquel coronel retirado no deseaba sexo como tal. Nos tumbamos en la cama, me pidió que cerrara los ojos y fue recorriendo mi cuerpo con sus dedos, sin desvestirme. Hacía muy poco que se había quedado viudo y quería sentirse vivo de nuevo, sentir una presencia en su cama.

No ha sido el único nostálgico que ha necesitado el contacto de un cuerpo, el calor de una mujer. En todos los casos soy yo la que me estremezco, me emociono, vibro.

Son muchos los que entran por mi puerta asustados, temblorosos, después de días deseando un encuentro, o años sin conocer mujer. Puede que sea la primera visita a una señorita de compañía o el primer acceso a una chica en toda su vida. O, simplemente algo largamente anhelado.

Hay quien me trata como una reina, me agasaja y complace, regala mis oídos, me sonroja. Gustan del sexo calmo e intenso, disfrutan de la reivindicación del acercamiento que llamamos “misionero”, para así mirarse en los ojos de la que comparte su lecho.

Algunos hombres me desarman, gustan de acariciarme entera, besarme todo el cuerpo, buscarme. Ante ésto no puedo permanecer indiferente, mi cuerpo reacciona y mi mente vuela a parajes placenteros y calmos. Hacen que me retuerza de placer. Me conquistan sin necesidad de buscar las sensaciones límite, me deleitan con su ternura y eso es precisamente lo que le da morbo al encuentro.

Y no soy la única que experimento fuertes sensaciones con besos apasionados. Otras profesionales me confiesan sus gustos, sus impresiones. Los pezones de una, las rodillas de la otra, la nuca de la tercera. Y en oriente he encontrado el súmmum, las mujeres públicas contratan hombres elegantes, educados que las cortejan, las llevan a buenos restaurantes, a bailar y las acompañan cortesmente.

La ternura, más que el morbo extremo, puede ser, en algunas ocasiones lo que nos deleite. Hasta que el contraste y la ocasión vuelvan a llevarnos al filo del límite… ¡o no!

Julio Cortázar “Historias de Cronopios y de Famas”

HISTORIA VERÍDICA

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios
de la Providencia son inescrutables y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Julio Cortázar “Historias de Cronopios y de Famas”

La trama de la vida

“Todo ha de ser captado, comprendido, sentido, todo ha de ser descubierto y reconocido entre las trémulas resonancias del recuerdo; ningún suceso vivido, por insignificante que parezca, ha de ser tenido en poco, un ínfimo lance, el episodio más pequeño, se ha de desarrollar cual si fuese todo un destino, y el destino mismo ha de ser como un tejido amplio y maravilloso en cuya trama cada hilo es guiado con infinita ternura por una mano cariñosa, y colocado a la vera de otro hilo, para ser sostenido por otros mil.”

Rainer María RILKE

Texto publicado el 23 de Noviembre de 2009, recuperado de mi blog censurado

 

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid