Otro pedacito de mí

Me gusta tu cuerpo

“Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo

es una cosa tan pero tan nueva

los músculos mejores y más nervios

me gusta tu cuerpo

y lo que hace.

Sus cómos la columna vertebral y me gusta sentir todos tus huesos

y el temblor y la firme suavidad

que yo habré una y otra y una vez, de besar,

y me gusta besarte esto y aquello

me gusta acariciar con lentitud

y sentir la descarga de tu piel eléctrica y lo que sea que viene sobre la carne abierta…

y ojos como grandes migas enamoradas
y quizá hasta me guste el estremecimiento
tuyo debajo de mí tan tan nueva. ”

 

E.  Cumming

Tu más profunda piel, Julio Cortazar

Cada memoria enamorada guarda magdalenas y la mía – sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que algún momento, es algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espada contra el banco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el pacer y las fiestas livianas de alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más precioso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestro viaje, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y e perfume del tao en mis dedos te atrae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geografía de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo precioso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste “Me da pena”, y yo no comprendí porque nada creí que pudiera apenarte en esa mañana de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y deslizándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caídas desde los alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines de mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste “Me da pena, sabes”, y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y  prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí es ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No era sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos, se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

Mi Sol y mi Luna

Y no puede ser de otra manera. Todos los días cuando abro los ojos doy gracias a Dios por habérmelo entregado. A veces me preguntan desde cuándo es así o cuánto tiempo llevamos casados; entonces hago memoria y sólo hallo una respuesta: desde siempre. 

Claro que hubo un inicio, un camino recorrido lleno de primeras inseguridades. Entonces nos dimos la mano y nos entregamos pedacitos de nosotros, navegamos hacia lo más oscuro de nuestro yo y fuimos rescatando esos episodios que nos han conformado. Ahora mis recuerdos se confunden con los suyos. Y siento que siempre ha estado ahí, porque ha ido despacito poniéndome tiritas en las magulladuras de la vida y besando cada uno de mis dolores.

Él no tolera o transige, esta situación también le pertenece. Sin él yo no me entendería a mí misma como MaríaG. Y es el puerto donde regreso todas las noches y la mano que me sostiene cuando flaqueo y mi compinche de juegos.

Me llaman los que leen mi anuncio, se interesan por una mujer que trabaja con su marido. Algunos sólo preguntan por él por simple curiosidad. Otros prefieren obviarlo.
Hay muchos a los que su mera existencia les produce un morbo indescriptible, no tienen intención de conocerle pero saber que van a cuernear a un tipo, les pone.

Y en esa misma línea a algunos lo que les gusta es hacerlo en sus barbas, estrecharme entre sus brazos y contemplar el placer de una mujer arrebatado a su hombre.
Y el marido no contempla indiferente, no es su pluma lo que están usando. El marido tiembla de celos y, de manera incomprensible, se muere de excitación. Es una tortura a la que él no puede renunciar y yo tampoco.
No faltan los que lo tienen por compañero de caza, los dos machos conquistándome al unísono. Me gusta ser disputada por dos hombres y también que ambos me tomen a la vez.
En ese fragor, puede ocurrir (ni él mismo lo espera), que una mano se le escape al chico y acaricie un cuerpo masculino. Esa imagen me excita sobremanera, dos hombres que no cuestionan su virilidad encuentran placer acariciándose. Y yo, entre ambos, sin desperdiciar un solo instante.

También las mujeres y las parejas gustan de nosotros. Entonces la que me muerdo las uñas de celos soy yo. En esos momentos me doy más cuenta de que es mío, cuando le veo en brazos de otra algo dentro de mí pugna por gritar que no es suyo, quiero pegarle para que se retire, morderla y que lo suelte; y, al mismo tiempo disfruto entregándole como regalo a esa desconocida.
Todo ese coctel de emociones me lleva, una vez solos, de nuevo a sus brazos para recuperar lo que nos pertenece.

 

Publicado el 26 de Julio de 2009, Texto recuperado de mi blog censurado

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Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

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