Los primeros pasos

El primer anuncio

No lo puse yo.

Habíamos comentado nuestro morbo con Rafa, por supuesto una noche en la que los tres estábamos muy ligeros de ropa. Ya estábamos decididos a poner un anuncio, queríamos conseguir un grupito de chicos, cuatro o cinco, para una mañana de esas. A nuestro amigo le encantó la idea y le íbamos informando de los avances. 

Fue una labor de horas delante del ordenador, respondiendo a correos, dando datos y al fin hablando por teléfono. Y llegó el día D y la hora H y allí no se presentó nadie. Lo cierto es que no nos lo esperábamos, seguro que más de uno se arrepintió a última hora o pensó que iba de coña. Pero, no, allí estábamos nosotros con los nervios agarrados al estómago y con un tremendo calentón. Rafa llegaría en 30 minutos y nosotros ¡sólo podíamos invitarle a un café! Le llamé y me dejó de piedra: “no te preocupes, tengo un plan B”.

Cuando le vimos llegaba sonriente, no podía imaginar qué rondaba su cabeza. Yo sólo podía abrir mis ojos de asombro al oir su estrategia. Resulta que, cuando vimos fracasada nuestra fantasía, se había metido en un ciber, entrado en no se qué foro y convocado a todos los que allí estaban en ese momento y quisieran sexo. La única condición es que debían de aportar entre todos para el pago del apartamento que se alquilaría, algo así como 20€ cada uno.
Impensable, si lo que yo había estado tejiendo cuidadosamente se había ido al traste, ésto era una idea descabellada. Pero subimos al apartamento por horas que teníamos reservado. Me parecía todo irreal, no era posible que me estuviera desnudando pensando que se presentaría alguien. No podía ser.

Pero fue. Llamaron a la puerta y entró el primero. Rafa hizo de maestro de ceremonias y cuando yo le vi entrar en la habitación me traía a un jovencito bien parecido y muy nervioso. No hacía falta que confesara que era inexperto, me daba más morbo si cabe que no supiera ni por dónde empezar. Empecé a besarle y a acariciarle, andaba muerta de ganas y deseaba que se me tirara encima cuanto antes. Tomé yo la iniciativa y me subí encima.
Entonces oí la puerta, ¡llegaba el segundo! Tardé segundos en correrme, casi lo mismo que aquel chaval. Y cuando me incorporé ya estaba en el cuarto el siguiente. Claro, la puerta había permanecido abierta y por ella se asomaban mi marido y Rafa. Éste también era un chaval agradable a la vista y al tacto, y me retorcía de placer entre sus brazos. 

Sonó de nuevo la puerta y otra vez y yo estaba embriagada por el sexo. Fueron pasando de uno en uno sin pausa, cuando coincidieron varios esperando, se quedaban en el saloncito, se desnudaban y miraban de vez en cuando hacia dentro a ver cómo íbamos. Y como colofón entraron mis guardianes y me palparon completa tal como si quisieran cerciorarse de que estaba entera. ¡Cómo lo gocé! Ahora todo mi cuerpo se deshacía de placer, tenía a mi hombre entre las piernas y nos contábamos al oído todo lo que acabábamos de vivir con la voz entrecortada por la excitación. Hasta que caímos exhaustos.

No podíamos contener la risa mientras nos vestíamos. Me acerqué al montoncito de billetes, estaban en un platito, junto a la entrada. Los sostuve en la mano, ¡¡llevaba media mañana haciendo de puta!! No sabía si enmarcarlos o mezclarlos con el resto, así que nos fuimos los tres a comer, invita la casa.

(Publicado el 13-04-2009, texto recuperado de mi blog censurado)

Este espacio lo he buscado para contaros cómo he llegado a ser puta, mis vivencias, mi intensa vida sexual. En fin, todo lo que no le puedo contar a cualquiera.

MariaG sexo natural, tu puta en Madrid